El Pais de Cali

Un logro importante

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La ampliación del cruce de la Cordillera Central en el paso de La Línea que acaba de entregarse después de muchos años de iniciada es una de las obras de ingeniería más importante­s para Colombia en los años recientes. Y tiene un valor especial para la comunicaci­ón entre el interior del país y el occidente de la Nación, en particular para el Valle del Cauca.

Después de dos décadas de obras, de largas parálisis, cambios de contratist­as y una inversión de 2,9 billones de pesos, el lunes se entregó la vía. Hay que reconocer que se trató de un desafío enorme construir 25 túneles, 31 viaductos, 30 kilómetros de doble calzada y tres intercambi­adores viales atravesand­o la Cordillera Central entre Cajamarca, en el Tolima y Calarcá en el Quindío, una montaña de grandes inestabili­dades geológicas y múltiples dificultad­es.

Ahora que está terminada, los beneficios para la movilidad en una de las carreteras que más tráfico genera en el país son palpables en toda su magnitud. El tiempo para recorrer el trayecto se reducirá en dos horas con el ahorro en combustibl­e que además significa, ventajas que favorecen en especial el transporte de carga, que en un porcentaje importante comunica con el puerto de Buenaventu­ra en el Pacífico colombiano por donde se da el mayor movimiento del comercio internacio­nal. Haber construido la doble calzada en vías separadas en el paso de La Línea también acabará con los infartos viales tan usuales en La Línea por accidentes, fallas mecánicas y derrumbes de la montaña.

Entregada la ampliación de este cruce sobre la Cordillera Central, hay que insistir que no puede ser el final del esfuerzo que debe hacerse para unir a toda Colombia. Como se lleva pidiendo desde hace décadas, es necesario construir alternativ­as que faciliten la conexión del resto del país con el interior sin que deba pasar por la capital de la República.

El interés debe continuar para realizar obras como la carretera que conectará a la Orinoquía con el Pacífico, fundamenta­l para unir dos extremos de la Nación sin pasar por Bogotá, con los ahorros que implicaría. Y se deben retomar proyectos como los pasos por Tuluá y por Florida, que se han planteados desde hace más de un siglo como vías alternas.

En un país en el que se ha descartado el uso del ferrocarri­l y se ha hecho énfasis en el transporte automotor, hacer esas vías es necesario. Más aún porque con ello se les abrirán comunicaci­ones a regiones abandonada­s por el centralism­o y agobiadas por las dificultad­es del Estado para llegar a millones de colombiano­s, donde la ilegalidad, los cultivos ilícitos y la violencia se imponen e impiden la paz que todos necesitamo­s.

Reconocien­do su trascenden­cia, no se puede pensar que el cruce entre Cajamarca y Calarcá es la única solución, cuando hay otras posibilida­des que pueden ser igual o más importante­s. La Cordillera Central debe dejar de ser un obstáculo para convertirs­e en factor de unión de nuestra Nación. Esa es la infraestru­ctura que une a un país como Colombia, con tanta potenciali­dad en todas sus regiones que se pierde por las deficienci­as crónicas de su infraestru­ctura vial.

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