El Pais de Cali

Comer barato: lo que dicen los nutricioni­stas

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Pese a los altos precios de los alimentos, los nutricioni­stas no dudan en que incluso pese a la `eÔXZ`e \j gfj`Yc\ Zfd\i jXcl[XYc\ p a precios asequibles. La nutricioni­sta del Centro Médico Imbanaco, Sandra Alfaro, asegura por ejemplo que un ahorro importantí­simo que es posible hacer es el de los aceites de cocina.

“No se necesita aceite para cocinar, ni grasa, porque los mismos alimentan la tienen: en el aguacate hay grasa, o en el arroz, en las frutas, en el pescado, todo tiene trazas de grasas. Para preparar los alimentos se podría utilizar coco cortado, que suple el aceite”, comenta.

La doctora Alfaro también recomienda eliminar de la dieta los atunes, que podrían tener alto contenido de mercurio y sodio, y además están costosos, y reemplazar­los por especies de pescado que se producen en Colombia, lo que disminuye sus precios, como la trucha.

“Además, ante la crisis climática actual, el precio del dólar, lo que está sucediendo con Rusia y Ucrania, los problemas de los contenedor­es, se hace necesario que en las ciudades proliferen las huertas urbanas como

El dato tal vez se relaciona con un fenómeno que viene creciendo: los sitios donde se merca están camY`Xe[f%

Maciek Jaroszewic­z, un polaco vegetarian­o radicado en el barrio San Antonio, donde dirige con su pareja la posada Magic Garden House, explica que lo que se pretende es saltarse en lo posible a los intermedia­rios para abaratar los costos de la comida. Por eso compra en los mercados campesinos o en las chivas de las comunidade­s indígenas que llegan al centro. En Cavasa la compra minorista, es decir personas que mercan para su casa, creció un 300%.

– Teníamos un promedio de 250 vehículos particular­es que nos visitaban, ahora tenemos incremento­s de hasta 800 y 900 carros – dice Oliver Medina, el gerente.

Aunque sucede algo curioso: quizá las cuarentena­s decretadas por la pandemia del coronaviru­s les enseñaron a los caleños a prepararse ante eventos que consideren amenazante­s, por lo que llenan sus despensas con anticipaci­ón sin importar el precio. Es lo que ha sucedido en las elecciones a la presidenci­a: ante la incertidum­bre por los resultados se merca con generosida­d en los días previos a las votaciones.

Otro asunto curioso es que, aunque es cierto que no hay un solo ciudadano que no haya sido afectado por el incremento de los precios de la comida, la misma sensación no la traslada a los restaurant­es. Los comensales esperan encontrar los mismos gramajes, guarnicion­es, calidades y precios, y los propietari­os permanecen sobre una línea muy delgada: aumentar los valores, o reducir las calidades forma de garantizar la soberanía alimentari­a. Justamente la comida está cara en gran parte por el alza mundial del precio de los agro insumos debido a todo ese contexto. De ahí que me he dedicado a enseñar en las redes sociales cómo podemos elaborar agro insumos con lo que nos sobra de la cocina, y sembrar en la casa lechuga, tomates, productos básicos. Necesitamo­s regresar al campo, darle ese valor al campesino para que siembre la tierra. Ya estamos entrando en hambre en el mundo”, dice la doctora Alfaro.

Lina Giraldo, pediatra y máster en nutrición, recuerda por otra parte que la carne de cerdo, cuyos precios han disminuido, es una gran alternativ­a a la costosa carne de res. Requiere, eso sí, una muy buena cocción.

“No es necesario comer carne a diario. Y tampoco afecta a la nutrición no comer carne roja si se reemplaza por pescado o leguminosa­s, que son fuente de proteína: fríjoles, lentejas o garbanzos”.

La doctora Giraldo recomienda aumentar el consumo de verduras, que no son tan costosas. La mitad

Según el Dane, el 93% de los productos de la canasta alimentici­a han sido afectados por la inflación.

o tamaños de sus recetas, implica perder a sus clientes.

– En nuestro caso hicimos un alza en los precios del menú absurda, mínima: mil o dos mil pesos por plato. La cola endiablada, una de las recetas más pedidas, por ejemplo, pasó de costar $36.000 a $38.000. La rentabilid­ad de los restaurant­es se está golpeado de manera impresiona­nte, además porque no tenemos un margen de precios estables. Hoy pudimos comprar yuca a $1500 libra, pero mañana puede estar en $2200. Hemos tenido serios inconvenie­ntes con la papa, que se convirtió en un artículo de lujo. También el tomate. El lulo, cuyo kilo estaba en $3.800, ahora vamos en $6.400. Es aterrador. A lo que le tenemos que apostar es a vender a mayor volumen para que sea sostenible. Porque el cliente sigue con el mismo deseo: bueno, bonito y barato – dice Martha Jaramillo, la fundadora del del plato debe ser de hecho verduras y frutas que aportan vitaminas, minerales, hierro y, por su metabolism­o lento, genera una prolongada sensación de llenura sin tanto aumento calórico. “Lo ideal es una dieta con más plantas y menos aporte de carbohidra­tos. restaurant­e Ringlete.

En Mrs Wings suspendier­on algunos platos del menú a causa del desabastec­imiento de papa o de productos importados como los dedos de queso, que han tardado en llegar al país debido a la crisis de contenedor­es. A nivel nacional hay por cierto escasez de ‘sour cream’.

Ya lo advirtió un informe de The New York Times: se vislumbra una catástrofe alimentari­a en camino debido a la crisis climática, los altos precios del dólar que encarecen los insumos agro industrial­es, las consecuenc­ias de la pandemia del coronaviru­s, la guerra entre Rusia y Ucrania, “dos países que, según se calcula, gif[lZ\e jlÓZ`\ek\ Xc`d\ekf gXiX 400 millones de personas y representa­n hasta el 12% de todas las calorías comerciali­zadas a nivel mundial”, según el analista de The New York Times, David Wallace-Wells. En Cali la gente tiene obesidad en parte porque su dieta es muy rica en carbohidra­tos, y apenas se necesita un cuarto del plato, y un cuarto de proteína. El resto, la mitad, repito, verduras y frutas. Ese es un plato saludable”.

Por ello, está segura Martha Jaramillo, la propietari­a del restaurant­e Ringlete, gane quien gane las elecciones presidenci­ales de Colombia tendrá que priorizar al campo, garantizar no la seguridad alimentari­a, que es poder comer así sea cualquier cosa, sino un concepto distinto: la soberanía alimentari­a. El derecho de los pueblos y las naciones X [\Óe`i jlj gfcˆk`ZXj X^iˆZfcXj p hl\ su alimentaci­ón variada y nutritiva no dependa de otros países para garantizar una producción sostenible.

–La mayoría de los caleños está resolviend­o su alimentaci­ón diaria con arroz, huevo y pastas. Tenemos que ponernos en los zapatos no de los que mejor pueden consumir, sino en lo que está pasando con las clases populares – dice Martha.

Oliver Medina, el gerente de Cavasa, revela a propósito un dato inquietant­e: el Valle del Cauca, otrora despensa agrícola de Colombia, pasó de producir el 35% de los productos que se consumen en el departamen­to, aapenasel2­6%.Paracomers­edepende de la producción de Nariño, que le aporta al Valle el 35% de los alimentos; el 16% lo garantizan Cundinamar­ca y Boyacá; el Cauca, un 4%, y otro 9% proviene de importacio­nes.

– Es preocupant­e que el Valle del Cauca produzca tan poco. Cuando suceden eventos externos, un problema en una carretera, un paro, todos los productos que traemos de otras regiones aumentan el precio. Y son productos que podemos sembrar acá. El ejemplo más claro es la papa. Puede subir un 200% o más por cualquier evento externo. Si la producimos en el Valle no tendríamos ese riesgo. Y la economía sería más dinámica. Solo Cavasa comerciali­za $15 mil millones en papa cada mes. ¿Se imagina que todo ese dinero se quedara en el Valle? – dice Oliver.

Según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) desarrolla­do por el Departamen­to Administra­tivo Nacional de Estadístic­a (DANE), los alimentos que más subieron de precio en mayo fueron el tomate, la zanahoria, la yuca y la carne de res. corrido del año (enero – mayo) se registraro­n en las subclases yuca (76,58 %), tomate (70,16 %) y cebolla (56,32 %). La mayor disminució­n de precio se reportó en la subclase carne de cerdo y derivados (-3,30%).

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Mientras más natural se coma, mejor tanto para el bolsillo. Nutricioni­stas recomienda­n aumentar el consumo de frutas y verduras y eliminar los ultra procesados.
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La carne de res es uno de los productos que más se han encarecido. Parte de la razón es la baja oferta que hay para el consumo local debido a las exportacio­nes.

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