El Pais de Cali

Populorum Progressio

- MEDARDO ARIAS SATIZÁBAL

Escuché con suma atención el discurso del presidente electo, Gustavo Petro, de manera objetiva y comprendí el lío grande en que está por cuenta de un manojo de promesa sal que el país y el mundo estarán atentos, pendientes de su cumplimien­to.

Es la primera vez, en 212 años de vida republican­a que el pueblo colombiano elige a un mandatario con el propósito de redimir asuntos por tantos años pendientes, como la educación, la salud, el techo, la alimentaci­ón, el cuidado ambiental. A todo Petro ha dicho que sí, además de compromete­rse con una agenda continenta­l que invita también a Estados Unidos al cuidado de la selva amazónica.

En aras de la seriedad, si Petro quiere ser el socialdemó­crata que pretende -me acojo a su discurso de victoria- debe empezar a limarlas asperezas de un sueño socialista hirsuto, el que le resta simpatía y causa incertidum­bre en la otra Colombia que lo ve como un continuado­r de Chá vez, deFid el, de Ortega. Ese temor no es gratuito,pues delante del mundo está la ruina a la que han sido llevadas estas naciones, del a mano de un autoritari­smo responsabl­edel cierre de periódicos, canales de T V, radio, cárcel para opositores y disidentes.

Ni el mismo P et ro cree que ya es el mandatario de los colombiano­s, y esto quizá le enseñe la majestad de nuestra democracia. Sus opositores políticos han reconocido su triunfo y le desean buen tiempo.

Pero, como a notaba antes, debe poner a 30 metros a los ‘estrategas’, a los mamertos adultos aún intoxicado­s con la dictadura del proletaria­do, con el Manifiesto del Partido Comunista o el Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado. Estos no le hacen ningún bien a Colombia, ni benefician a la economía los marxistas ortodoxos que desean cancelar la extracción petrolera, en un momento en que Colombia necesita más de estas divisas. Ni siquiera las naciones más prósperas piensan hoy en prescindir del petróleo y el carbón, cuando Rusia amenaza con cerrar del todo su tubería energética.

Petro debe despojarse también de la impostura que le dictan hoy las comunidade­s negras e indígenas, mirar sus realidades sin el discurso impositivo -a veces violento- de quienes, como es el caso de los indígenas, poseen grandes extensione­s de tierra fértil en el Cauca, muchas improducti­vas. El asunto afro y de nuestros primitivos habitantes, requiere sí una política de inversión, pero sin esta puesta en escena que excluye a los mestizos, como si Colombia pertenecie­ra solo a estas dos minorías. Alejar a los violentos que alzan bastones con banderas de color rojo y verde, a los negros que se disfrazan de africanos para pedir derechos en tierra colombiana; a propósito, once mujeres haitianas acaban de morir en el Paso de La Mona, cerca a Puerto Rico. Naufragaro­n en busca de una mejor vida en Estados Unidos. Estos ruandeses de Puerto Rellena que se llaman así mismos ‘santeros ’- la santería es una religión seria; “con los santos no se juega, y si se juega, ten cuidado…”- no han enviado una sola nota de solidarida­d con sus hermanas de Haití.

Entonces, Petro, por favor, no más babalaos falsos llamando al odio racial, no más poetisas eróticas de quinto atril cantándole a la Madre Tierra. No permita tampoco conductas vindicativ­as. Un ‘poetica’ ya senil, de su primera línea lírica, me envió una amenaza. A estos poetas retardatar­ios mándelos a viajar, para que vean el mundo y se alimenten mejor.

Esto se lo digo porque Jaime Bateman Cayón, a quien usted conoció, está en la familia de mi abuela. Me llamó la atención eso que él llamó El Gran Sancocho Nacional, el que usted invocóen su discurso, permeado por frases como “amaos los unos a los otros…”. ¿Es esto sincero? Amanecerá y veremos.

 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia