Una bo­da en va­rios ‘clics’

Fucsia Novias - - CONTENIDO -

De­ci­dir quié­nes serán los en­car­ga­dos de acom­pa­ñar a la pa­re­ja en el pa­so ha­cia una nue­va vi­da re­quie­re com­pro­mi­so.

Pe­ro, ¿cuál es su fun­ción? Se lo con­ta­mos.

Ade­ta­lles de una a di­fí­cil de­ci­sión s ten­drán ta­reas es y du­ran­te el ma­tri­mo­nio. Las ma­dri­nas y los pa­dri­nos de bo­da no son un in­vi­ta­do más, se trans­for­man en fi­gu­ras cla­ves pa­ra po­ner la ce­le­bra­ción en mar­cha y son hon­ra­dos con un tí­tu­lo que re­ve­la la cer­ca­nía con los no­vios.

¿CÓ­MO ES­CO­GER A LOS INDICADOS?

Ge­ne­ral­men­te se pre­fie­re que las ma­dri­nas y los pa­dri­nos sean ami­gos o fa­mi­lia­res de se­gun­do o ter­cer gra­do de con­san­gui­ni­dad con los que exis­ta mu­cha con­fian­za, ten­gan la ma­du­rez pa­ra asu­mir sus res­pon­sa­bi­li­da­des y les emo­cio­ne ser par­te de la ce­re­mo­nia re­li­gio­sa o sim­bó­li­ca con la lec­tu­ra de al­gún tex­to o pa­sa­je bí­bli­co. La can­ti­dad es irre­le­van­te, pe­ro se re­co­mien­da que sea un nú­me­ro par en­tre hom­bres y mu­je­res, y que den­tro de ese gru­po ha­ya dos que ofi­cien co­mo testigos, pa­ra fir­mar el ac­ta ma­tri­mo­nial.

Los pa­dri­nos de ve­la­ción se con­si­de­ran los más importantes, por­que son ellos los en­car­ga­dos de ve­lar por el ma­tri­mo­nio de los re­cién ca­sa­dos y se es­pe­ra que es­tén siem­pre pa­ra apo­yar­los es­pi­ri­tual­men­te en la cons­truc­ción de esa nue­va fa­mi­lia, ba­jo los pi­la­res del amor y el res­pe­to.

Pa­ra la Igle­sia Ca­tó­li­ca es ideal que se es­co­ja un ma­tri­mo­nio con una re­la­ción estable que sir­va co­mo guía y pun­to de re­fe­ren­cia. Sin em­bar­go, en la ac­tua­li­dad hay pa­re­jas que op­tan por un hom­bre y una mu­jer muy cer­ca­nos a ellos (her­ma­nos/me­jo­res ami­gos), que no ne­ce­sa­ria­men­te es­tán ca­sa­dos pe­ro sí bau­ti­za­dos y con­fir­ma­dos. Ellos se en­car­gan de ase­gu­rar que el ma­tri­mo­nio ha si­do por de­ci­sión li­bre de los no­vios y se com­pro­me­ten a que los hi­jos de los fu­tu­ros es­po­sos sean ca­tó­li­cos y va­yan a mi­sa. En Es­ta­dos Uni­dos las la­bo­res de la ma­dri­na y el pa­drino de bo­da son más cla­ras y se cum­plen a ca­ba­li­dad. En Co­lom­bia, en cam­bio, exis­te una mez­cla de cos­tum­bres que ha

oca­sio­na­do que la wed­ding plan­ner asu­ma mu­chas de esas res­pon­sa­bi­li­da­des co­mo su­yas.

El pro­to­co­lo in­di­ca que el pa­drino y la ma­dri­na de bo­da son los delegados en la or­ga­ni­za­ción de las fies­tas de des­pe­di­da de sol­te­ros y de­ben coor­di­nar los in­vi­ta­dos, las ac­ti­vi­da­des, el trans­por­te y los pa­gos ne­ce­sa­rios con los de­más asis­ten­tes pa­ra que los no­vios es­tén cu­bier­tos. Ade­más, les co­rres­pon­de asis­tir a to­dos los even­tos pre­vios al ma­tri­mo­nio, co­mo son la fies­ta de com­pro­mi­so, las en­tre­gas de re­ga­los y el en­sa­yo, en ca­so de que es­té pro­gra­ma­do.

A raíz de que en los úl­ti­mos años se ha adop­ta­do la cos­tum­bre de in­cluir a las da­mas de ho­nor den­tro de la ce­re­mo­nia, es co­mún que la ma­dri­na ha­ga par­te de es­te gru­po y sea mu­cho más cer­ca­na que el res­to. Ella y el pa­drino son los puen­tes de co­mu­ni­ca­ción con los de­más y se con­vier­ten en los me­jo­res con­se­je­ros de los no­vios. En­tre sus ta­reas tam­bién es­tá ayu­dar­los en el pro­ce­so de se­lec­ción del ves­ti­do y del tra­je.

El día de la bo­da les com­pe­te man­te­ner la cal­ma, lle­gar pun­tua­les y co­mu­ni­car­le a la wed­ding plan­ner cual­quier ne­ce­si­dad de úl­ti­ma ho­ra. Al en­trar con los no­vios de­ben es­tar aten­tos al mi­nu­to a mi­nu­to, res­pon­sa­bi­li­zar­se de en­tre­gar los ani­llos y las arras (las 13 mo­ne­das que sim­bo­li­zan abun­dan­cia y pros­pe­ri­dad) al sa­cer­do­te, ubi­car­se a am­bos la­dos de los no­vios y, al­gu­nos, de­be­rán leer una ora­ción o un tex­to es­ti­pu­la­do.

En la fies­ta, les con­cier­ne rea­li­zar un brin­dis, de­di­car unas pa­la­bras me­nos for­ma­les y en­trar en la pis­ta de bai­le des­pués de ver el pri­mer bai­le de ca­sa­dos.

Si en es­te pun­to ya tie­ne cla­ro a quié­nes es­co­ger, re­cuer­de no­ti­fi­car­les la no­ti­cia de ma­ne­ra es­pe­cial. Es un gran ho­nor ser el ele­gi­do.

Ge­ne­ral­men­te se pre­fie­re que las ma­dri­nas y los pa­dri­nos sean ami­gos o fa­mi­lia­res de se­gun­do o ter­cer gra­do de con­san­gui­ni­dad con los que exis­ta mu­cha con­fian­za.

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