Un ma­tri­mo­nio fe­liz

Gente Caribe - - Los Temas Del Padre - POR Pa­dre Al­ber­to Li­ne­ro @Pli­ne­ro www.el­ma­nes­ta­vi­vo.com www.yoes­toy­con­ti­go.com

El cli­ché es que­jar­nos del otro. He es­cu­cha­do a mu­chos es­po­sos que­ján­do­se de la can­ta­le­ta de sus es­po­sas y a mu­chas es­po­sas di­cien­do que sus es­po­sos no son de­ta­llis­tas y que son irres­pon­sa­bles; no fal­ta el que ha­ble del ma­tri­mo­nio como un in­fierno y lo des­cri­ba como una tor­tu­ra cons­tan­te. Creo que es­te es el re­sul­ta­do de un “pa­ra­dig­ma” equi­vo­ca­do de en­ten­der y eva­luar las re­la­cio­nes. Hay pa­re­jas que se pa­san la vi­da con la es­pe­ran­za que el otro sea como lo han ima­gi­na­do e idea­li­za­do o que se com­por­te de tal ma­ne­ra, que nin­gu­na de sus ac­cio­nes in­co­mo­den o fas­ti­dien. Es­toy con­ven- ci­do que na­die exis­te pa­ra agra­dar a otro y que la úni­ca po­si­bi­li­dad que los se­res tie­nen de ser fe­li­ces es ser au­tén­ti­cos. Por eso creo que to­da re­la­ción hu­ma­na, y más la re­la­ción de pa­re­ja, tie­ne que ba­sar­se en la acep­ta­ción de la reali­dad del otro. Es­to su­po­ne un buen gra­do de co­no­ci­mien­to de lo que el otro es.

¿Y si en vez de que­jar­te de lo de­fec­tos de la per­so­na que tie­nes al la­do tra­tas de com­pren­der su mun­do?, ¿sus ló­gi­cas?, ¿el por qué de sus reac­cio­nes y los va­lo­res que sus­ten­tan e im­pul­san su pro­yec­to de vi­da?. Que­jar­te de la per­so­na con la que com­par­tes la vi­da no so­lu­cio­na nin­gún pro­ble­ma, al con­tra­rio cre­ce y se vuel­ve cró­ni­co en un am­bien­te no­ci­vo pa­ra to­dos. Com­pren­der su ser y su que ha­cer te ayu­da­rá a sa­ber­te com­por­tar fren­te a sus for­mas y a la vez sa­ber ha­cer pro­pues­tas de so­lu­ción. Es­to im­pli­ca aten­ción, aper­tu­ra y aco­gi­da de la otra per­so­nas. Creo que es­ta es una de las ca­rac­te­rís­ti­cas del ver­da­de­ro amor, el otro te in­tere­sa y por eso es­tás dispuesto a en­con­trar­lo y a co­no­cer­lo sin pre­jui­cios.

Ade­más del co­no­ci­mien­to es ne­ce­sa­ria una gran ac­ti­tud de ne­go­cia­ción. No to­do es ne­go­cia­ble ni to­do es in­ne­go­cia­ble, en to­do se pue­de ce­der, pe­ro tam­bién di­fe­rir, to­dos tus in­tere­ses pue­den trans­for­mar­se. Mu­chos de los con­flic­tos de las re­la­cio­nes de pa­re­ja con los que me he en­con­tra­do en mi mi­nis­te­rio son cau­sa­dos por una nu­la ca­pa­ci­dad de ne­go­cia­ción y por dar­le a to­das las si­tua­cio­nes el mis­mo va­lor. Se pue­de ha­cer si­len­cio an­te un re­cla­mo, se pue­de acep­tar que la otra per­so­na tie­ne la ra­zón sin ser vul­ne­ra­ble o dé­bil, se pue­de cam­biar la po­si­ción fren­te a una reali­dad por la luz que la otra per­so­na ha arro­ja­do, se pue­de pe­dir per­dón sin per­der dig­ni­dad, se pue­de de­jar pa­sar una con­tes­ta­ción, una ac­ción por­que no se con­si­de­ra prio­ri­ta­ria. To­do eso se pue­de y se de­be po­ner en prác­ti­ca si se quie­re te­ner una bue­na re­la­ción de pa­re­ja.

Los se­res per­fec­tos no exis­ten. So­mos se­res hu­ma­nos con ca­pa­ci­da­des y po­si­bi­li­da­des pe­ro tam­bién con de­fi­cien­cia y li­mi­ta­cio­nes. El ma­tri­mo­nio, como re­la­ción, se da en ese te­rreno y la fe­li­ci­dad se cons­tru­ye des­de esa reali­dad. So­ñar con al­guien con quien nun­ca se tie­ne una dis­cu­sión, un dis­gus­to, un des­en­cuen­tro, un con­flic­to, es so­ñar con ca­bal­gar el uni­cor­nio azul. Vi­ve en fun­ción de la reali­dad y va­lo­ra to­do lo bueno que hay en esa per­so­na que ha de­ci­di­do amar­te y ha op­ta­do por es­tar con­ti­go pa­ra siem­pre, sos­tén con bue­nas ac­ti­tu­des la decisión de com­par­tir jun­tos un pro­yec­to de vi­da y lu­char por su­pe­rar to­da di­fi­cul­tad. Ese es el ca­mino de un ma­tri­mo­nio fe­liz. GC

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