No a to­dos les im­por­ta

Gente Caribe - - Índice - POR Pa­dre Al­ber­to Li­ne­ro @Pli­ne­ro www.el­ma­nes­ta­vi­vo.com www.yoes­toy­con­ti­go.com

Vi­vi­mos en la épo­ca de las re­des so­cia­les. Es la épo­ca don­de el lí­mi­te de lo pri­va­do y lo pú­bli­co pa­re­ce ca­da día más bo­rro­so. Lo que an­tes per­te­ne­cía al círcu­lo más ín­ti­mo hoy se ex­hi­be sin nin­gún es­crú­pu­lo a to­dos. Los ha­bi­tan­tes de es­ta épo­ca vi­ven en una fre­né­ti­ca di­ná­mi­ca vo­yeu­ris­ta,que res­pon­de a la ne­ce­si­dad de to­dos de ser vis­tos, ad­mi­ra­dos y desea­dos. Al­gu­nos mue­ren por un li­ke en su post. Es la épo­ca en la que vi­vi­mos y no po­de­mos sus­traer­nos a ella, a me­nos que es­te­mos dis­pues­tos a co­rrer la suer­te de los di­no­sau­rios. Pe­ro sí po­de­mos ser cons­cien­tes de qué es­tá pa­san­do y có­mo eso nos es­tá afec­tan­do en nues­tra ma­ne­ra de ver el mun­do y de re­la­cio­nar­nos con los de­más. Por eso en es­te mo­men­to qui­sie­ra re­fle­xio­nar sobre la ne­ce­si­dad de vol­ver sobre no­so­tros mis­mos y en­fo­car­nos en lo que que­re­mos ser, evi­tan­do que es­ta ma­rea de ex­hi­bi­cio­nis­mo nos ha­ga per­der­nos en el la­be­rin­to de la na­da.

Tú no pue­des vi­vir pa­ra ser vis­to. No pue­des de­jar que la ra­zón de ser de tu vi­da sea que los otros te aplau­dan o di­gan que les gus­ta lo que ha­ces. No pue­des aho­gar­te en ese mar de su­per­fi­cia­li­dad que son las re­des so­cia­les. No tie­nes que mos­trar­lo to­do y tie­nes que sa­ber que hay ne­ce­si­dad de in­ti­mi­dad, de eso que so­lo te in­tere­sa a ti y a los que amas. La in­ti­mi­dad es la raíz del ár­bol de tu pro­yec­to de vi­da. En la me­di­da que sa­bes con­so­li­dar tu in­ti­mi­dad ten­drás más so­por­te pa­ra ser en pu­bli­co y vi­vir con des­tre­za y ha­bi­li­dad las re­la­cio­nes so­cia­les. En­tien­do que en la in­ti­mi­dad es­tá lo fun­da­men­tal de tu vi­da, eso que te de­fi­ne y te ca­ta­pul­ta ha­cia la con­se­cu­ción de ob­je­ti­vos.

Mi in­vi­ta­ción es a que ten­gas cla­ro qué es lo fun­da­men­tal de tu vi­da y te en­fo­ques en tra­ba­jar en ello. Es­fuér­za­te por sa­ber pa­ra qué y por qué vi­ves, y ten cla­ro que eso no de­pen­de de la apro­ba­ción de los otros sino de la cohe­ren­cia en­tre tu vi­sión y mi­sión. Es ho­ra de es­tar me­nos pen­dien­te de los otros y sus ac­cio­nes y más pen­dien­te de lo que es­tás ha­cien­do y ha­cia dón­de te es­tá lle­van­do lo que ha­ces. Es el mo­men­to de en­fo­car­te en ti mis­mo. A ve­ces pier­des mu­cho tiem­po en es­tar mos­tran­do lo que to­da­vía no tie­nes.

La ver­dad es que a po­ca gen­te – la que te ama de ver­dad- le in­tere­sa lo que ha­ces. Son mu­chos los que sim­ple­men­te se bur­lan de lo que pu­bli­cas, te en­vi­dian por­que no pue­den te­ner lo que tie­nes, te ata­can por­que no tie­nen las mis­mas ló­gi­cas que tú, te adu­lan sin im­por­tar­les na­da de lo que ha­ces, pe­ro so­lo pa­ra que­dar bien. Con esa gen­te que te ama y que es­tá in­tere­sa­da en ayu­dar­te va­le la pe­na com­par­tir esa in­ti­mi­dad, pe­ro con el res­to no lo creo. Ten tiem­po y es­pa­cio pa­ra esas per­so­nas, pa­ra com­par­tir con ellos lo que eres y quie­res ser, no con­su­mas to­do tu tiem­po en co­nec­tar­te con quie­nes nun­ca te vas en­con­trar pro­fun­da­men­te. La fe­li­ci­dad es­tá en los en­cuen­tros pro­fun­dos con las per­so­nas que amas por­que allí es don­de ver­da­de­ra­men­te eres.

A ve­ces me da mie­do que en es­te tiem­po se crea que bas­ta con es­tar “en con­tac­to” con Dios y se nos ol­vi­de que lo real­men­te rea­li­za­dor es te­ner un en­cuen­tro personal e ín­ti­mo con Él. Pa­ra eso no hay re­des que bas­te sino un mo­men­to de so­le­dad, de si­len­cio y de diá­lo­go sin­ce­ro con Él (Ma­teo 6,6). GC

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia

© PressReader. All rights reserved.