Co­mu­ni­ca­ción de tú a tú

Gente Caribe - - Índice - POR Pa­dre Al­ber­to Li­ne­ro @Pli­ne­ro www.el­ma­nes­ta­vi­vo.com www. jai.com.co

En­con­trar­nos con un ami­go e in­da­gar por su tra­ba­jo, por su fa­mi­lia, por sus di­ver­sio­nes es una de las ex­pe­rien­cias más agra­da­bles de la vi­da co­ti­dia­na. El mi­rar­se a los ojos y com­par­tir to­dos los te­mas que for­man par­te de su pro­yec­to exis­ten­cial, des­de lo más fun­da­men­ta­les has­ta los más tri­via­les, en torno a una me­sa mien­tras se toma ca­fé es una de esas vi­ven­cias que nos re­con­for­ta y nos ha­ce cre­cer co­mo se­res hu­ma­nos. Sin em­bar­go las nue­vas tec­no­lo­gías han ge­ne­ra­do cam­bios en las for­mas de re­la­cio­nar­nos, y ya no es tan co­mún en­con­trar­se a un ca­fé sino que bas­ta con es­tar co­nec­ta­do a tra­vés del ce­lu­lar.

En una in­ves­ti­ga­ción de la de se­gu­ri­dad in­for­má­ti­ca Kas­persky Lab el 75% de las per­so­nas en Amé­ri­ca La­ti­na ad­mi­te usar su dis­po­si­ti­vo pa­ra fin­gir es­tar ocu­pa­das. Lo ha­cen cuan­do no quie­ren ha­blar con otra per­so­na. Es­to en el len­gua­je mo­derno se lla­ma phub­bing, un neo­lo­gis­mo que ex­pre­sa la ac­ti­tud de una per­so­na que se con­cen­tra en el te­lé­fono in­te­li­gen­te y evi­ta es­ta­ble­cer re­la­cio­nes pre­sen­cia­les con los que es­tán a su al­re­de­dor. Lo cual mues­tra que hoy son otras las prác­ti­cas de co­mu­ni­ca­ción que se tie­nen pre­sen­te en las re­la­cio­nes in­ter­per­so­na­les. Se bus­ca más es­tar co­nec­ta­do que te­ner un ver­da­de­ro en­cuen­tro con los otros.

Vi­vi­mos me­dia­dos por el te­lé­fono. Pa­re­cie­ra que to­do es­tá de­ter­mi­na­do por los te­lé­fo­nos in­te­li­gen­tes y la co­ne­xión que ellos nos po­si­bi­li­tan. Lo cual se­gu­ro abre mu­chas po­si­bi­li­da­des y nos per­mi­te op­cio­nes que an­tes no so­ñá­ba­mos y que, se­gu­ro, nos ha­cen la vi­da más con­for­ta­ble. Pe­ro el ries­go es per­der a las per­so­nas en su contexto, no lo­grar bue­nos pro­ce­sos de co­mu­ni­ca­ción cuan­do nos que­da­mos sin in­ter­pre­tar a las per­so­nas des­de su tono, sus mi­ra­das que son fun­da­men­ta­les pa­ra cap­tar al­go más que la in­for­ma­ción y real­men­te com­pren­der al su­je­to que es­tá de­trás de ese me­dio.

Es­to es po­de­mos ter­mi­nar co­nec­ta­dos pe­ro sin co­mu­ni­ca­ción. Sa­bien­do los da­tos pro­pios de la in­for­ma­ción pe­ro sin sen­tir a la otra per­so­na en su reali­dad con­cre­ta. Sin per­de­ros de al­gu­na in­for­ma­ción pe­ro, a la vez, per­dien­do a la per­so­na en su esen­cia. Cer­ca­nos a tra­vés de lo que di­cen pe­ro le­ja­nos en lo que sien­ten y son.

Se ha­ce ne­ce­sa­rio que to­me­mos me­di­das y que sea­mos ca­pa­ces de ha­cer ejer­ci­cios por in­de­pen­di­zar­nos del ce­lu­lar por al­gu­nos mo­men­tos, que vol­va­mos a las in­ter­ac­cio­nes pre­sen­cia­les en las que el olor, el co­lor, los ges­tos, los to­nos de las per­so­nas nos re­ve­lan mu­cho más que un men­sa­je, nos re­ve­lan su pro­pio ser. No sé si eres ca­paz de ha­cer un ayuno de tu ce­lu­lar y vol­ver a la ca­ver­na­ria co­mu­ni­ca­ción del tú a tú, del es­tar an­te el que ha­bla y po­der­lo abra­zar y sen­tir.

In­sis­to no se tra­ta de opo­ner­nos al avan­ce de la tec­no­lo­gía sino en­ten­der que las di­ná­mi­cas an­tro­po­ló­gi­cas tam­bién son por con­tac­tos más di­rec­tos en los que se cons­tru­yen en­cuen­tros que rea­li­zan. Es el mo­men­to de go­zar la in­for­ma­ción y el con­tac­to por los te­lé­fo­nos pe­ro tam­bién en­con­trar­nos con las per­so­nas. Te re­to a in­de­pen­di­zar­te por mo­men­tos del Ce­lu­lar. GC.

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