Ka­ren Mar­tí­nez Ac­triz y pre­sen­ta­do­ra de Tv

Gente Caribe - - Índice - TEX­TO Ale­jan­dro Ro­sa­les Mantilla FO­TOS Or­lan­do Ama­dor Ro­sa­les

Ka­ren Mar­tí­nez es­tu­vo en la ciu­dad co­mo pre­sen­ta­do­ra del ‘Fac­tor X’, el ‘reality’ de RCN. En su bre­ve pa­so ha­bló

so­bre es­te nue­vo re­to y su par­ti­ci­pa­ción en un fil­me de di­bu­jos ani­ma­dos en el que ac­túa con su es­po­so Jua­nes.

Por los co­rre­do­res del Ho­tel El Pra­do, fren­te a su pis­ci­na, Ka­ren Mar­tí­nez ca­mi­na­ba im­po­nen­te y des­com­pli­ca­da al mis­mo tiem­po. Su gar­bo es na­tu­ral, co­mo el de las mu­je­res del Ca­ri­be glo­bal.

Afue­ra del his­tó­ri­co edi­fi­cio re­pu­bli­cano cien­tos de per­so­nas, en su ma­yo­ría jó­ve­nes, aguar­da­ban su turno pa­ra to­mar el mi­cró­fono e ini­ciar su re­co­rri­do al es­tre­lla­to mu­si­cal, o, al me­nos, pe­lliz­car 20 se­gun­dos de efí­me­ra fa­ma en el reality el Fac­tor X del ca­nal RCN.

Ka­ren lu­ce un en­te­ri­zo azul con flores es­tam­pa­das. Cal­za unas san­da­lias y por­ta un bra­za­le­te do­ra­do en su an­te­bra­zo de­re­cho con una gar­gan­ti­lla del mis­mo co­lor. A sus 40 años to­da­vía es una rei­na car­ta­ge­ne­ra. No ne­ce­si­ta co­ro­na. Ba­rran­qui­lla le trae re­cuer­dos de di­ciem­bre, de las épo­cas de Fin de Año en las que de ni­ña lle­ga­ba con sus pa­dres y her­ma­nos a la ca­sa de su abue­la. Tam­bién se le vie­nen a su men­te los pri­me­ros pla­nos con los que in­cur­sio­nó en la ac­tua­ción pro­ta­go­ni­zan­do el fil­me Si­nies­tro de Er­nes­to McCaus­land. Ape­nas co­men­za­ba el si­glo XX.

Aho­ra es­tá en otro cuen­to, afron­tan­do un nue­vo re­to, acer­cán­do­se, tal vez sin sa­ber­lo, a los orí­ge­nes de la ca­rre­ra mu­si­cal de su es­po­so, Jua­nes. Con tres hi­jos y so­bre to­do “fe­liz”, Ka­ren Mar­tí­nez ha­bló sin pho­tos­hop, co­mo lo ha­ce la Gen­te Ca­ri­be.

Des­pués de un tiem­po pru­den­te

P vuel­ve a la televisión con el ‘Fac­tor X’, pe­ro, más allá de ser la pre­sen­ta­do­ra, ¿con qué mi­sión lle­ga?

R Es­te es un pro­gra­ma que en Co­lom­bia fue muy im­por­tan­te, que mar­có una ten­den­cia y que la gen­te tie­ne mu­cha re­cor­da­ción. Pa­ra mí es im­por­tan­te co­no­cer y vi­vir con los par­ti­ci­pan­tes, sen­tir to­da esa pasión, to­do ese es­fuer­zo, to­do ese sue­ño, es­tar de ese la­do y ser una me­dia­do­ra pa­ra po­der co­nec­tar y mos­trar­le al pú­bli­co to­do el ta­len­to que hay aquí.

Me ima­gino que Jua­nes le ha

P te­ni­do que con­tar cien­tos de anéc­do­tas de los sa­cri­fi­cios que tu­vo que ha­cer pa­ra po­der lle­gar a lo que es hoy ¿Qué le di­jo an­tes de que em­pe­za­ra es­te pro­yec­to, so­bre to­do el tra­to con los con­cur­san­tes?

Él siem­pre me ha apo­ya­do, siem­pre

R le ha pa­re­ci­do que es­te ti­po de pro­gra­mas son una pla­ta­for­ma o un pa­so pa­ra el que real­men­te quie­re cum­plir su sue­ño. Mu­chos de ellos se­gu­ra­men­te han to­ca­do mi­les de puer­tas y es­ta es una más. El he­cho de que los que que­den se­lec­cio­na­dos lle­guen a Bo­go­tá y Co­lom­bia se en­te­ré quié­nes son es un pa­so muy gran­de. Por otro la­do, eso que aca­bas de de­cir es ver­dad, uno ha­ría lo que sea por cum­plir un sue­ño. En el ca­so de Juan, to­do lo que tu­vo que ha­cer pa­ra lo­grar­lo, des­de mon­tar­se en un bus has­ta lle­gar a Los Án­ge­les sin te­ner un pe­so, a lo me­jor no es­tu­vo en un pro­gra­ma, pe­ro ese fue su ca­mino y él es­tá fe­liz, por­que tie­ne que ver con mú­si­ca, lo que real­men­te se vi­ve en mi ca­sa. Sin em­bar­go, lo más im­por­tan­te es que yo cum­pla mi sue­ño, que yo es­té fe­liz ha­cien­do lo que me gus­ta.

¿Y cuál es su sue­ño? P

En es­te mo­men­to ser fe­liz, ver cre­cer R a mi fa­mi­lia, a mis hi­jas, que

es­tán en una edad sú­per lin­da, es­tán cre­cien­do, en la edad de la ado­les­cen­cia, una edad… no di­ga­mos di­fí­cil sino más bien dis­tin­ta a lo que uno pen­sa­ba. Uno nun­ca se ima­gi­na có­mo se­rá has­ta que lle­gas ahí, es de mu­cho cui­da­do. Cla­ro, pa­ra mí es­to es un re­to, por­que es de­jar a mis hi­jos, pe­ro ob­via­men­te yo quie­ro que vean a una ma­má que cum­ple sus sue­ños, que cum­ple real­men­te lo que su co­ra­zón le di­ce sin de­jar a un la­do las res­pon­sa­bi­li­da­des, el ba­lan­ce, el es­tar ahí, la ca­li­dad de vi­da que les ofre­ces cuan­do es­tás con ellos.

P ¿Ese es su men­sa­je a las ma­más? R Exac­ta­men­te, yo creo que en la vi­da uno pue­de lo­grar te­ner un equi­li­brio y un ba­lan­ce si quie­re y pue­de, en cual­quier ám­bi­to, por­que a mí lo que me gus­ta es la televisión, pe­ro ha­brán ma­más que tra­ba­jan en otras co­sas, que que­rrán cum­plir otro ti­po de sue­ño, apren­der a ha­cer al­go. Por ejem­plo, otro de mis sue­ños es apren­der a co­ci­nar, no sé co­ci­nar. Lo que quie­ro de­cir­le a las ma­más es que no de­jen de ha­cer lo que sien­ten, lo que les sa­le del al­ma, por­que se van arre­pen­tir. Des­pués pa­san los años y se van a pre­gun­tar por qué no lo hi­cie­ron. Yo tra­to de que mis hi­jos vean eso en mí to­do el tiem­po.

El pú­bli­co que la ad­mi­ra le en­can­ta­ría

P vol­ver a ver­la ac­tuan­do, ya sea en ci­ne o televisión ¿Qué pla­nes tie­ne, qué pue­de con­tar­nos?

A mí tam­bién me en­can­ta­ría (ri­sas) …es­te

R año hi­ci­mos una pe­lí­cu­la, pe­ro no pue­do con­tar mu­cho. Son vo­ces en un fil­me de di­bu­jos ani­ma­dos, de mu­ñe­qui­tos, co­mo de­ci­mos aquí. Ahí Juan ac­túa con­mi­go, so­mos pa­re­ja, no voy de­cir más. Es­pe­ro des­pués de es­te pro­yec­to que ven­gan mu­chas co­sas más, pe­ro por aho­ra es­toy en­fo­ca­da en es­to que son dos me­ses y me­dio ale­ja­da de mi ca­sa, ob­via­men­te voy a es­tar via­jan­do mu­cho, pe­ro a mí la ac­tua­ción me gus­ta de­ma­sia­do y es­pe­ro que el pró­xi­mo pa­so sea se­guir en la ac­tua­ción.

¿Có­mo ha­ce pa­ra man­te­ner­se

P igual de lin­da co­mo cuan­do fue Se­ño­ri­ta Car­ta­ge­na?

Creo que lo más im­por­tan­te es cui­dar­se

R de aden­tro ha­cia afue­ra, cul­ti­var ese amor pro­pio, que te mi­res al espejo y no im­por­te el tiem­po que ha­ya pa­sa­do, los años que tie­nes. De­cir: “sa­bes qué, me gus­ta es­to y tra­ba­jo por eso”. Tam­bién me fun­cio­na es­tar fe­liz en mi ca­sa, con mis hi­jos, dar amor, eso se re­fle­ja. Apar­te de eso me gus­ta ejer­ci­tar­me, cui­dar­me. La gen­te cree­ría que yo an­do me­ti­da en un gim­na­sio, pe­ro real­men­te ha­go ejer­ci­cio nor­mal, co­mo de to­do un po­co y así me man­ten­go.

¿Qué re­cuer­dos se vie­nen a su

P ca­be­za de los pa­seos fa­mi­lia­res a Ba­rran­qui­lla?

Siem­pre pa­sá­ba­mos 24 en Car­ta­ge­na

R y 31 en Ba­rran­qui­lla. Me acuer­do en la ca­sa de mi abue­li­ta, to­dos chi­qui­ti­cos es­pe­ran­do el 31. Nos sen­tá­ba­mos en la te­rra­za, es­cu­chá­ba­mos mú­si­ca, bai­lá­ba­mos. En Ba­rran­qui­lla y en la Cos­ta el am­bien­te de Fin de Año se sien­te mu­cho. Aho­ra que vi­vo en Es­ta­dos Uni­dos, un 24 o un 31 no es ni re­mo­ta­men­te pa­re­ci­do a lo que se vi­ve aquí. Me acuer­do tam­bién de un par­que­ci­to al que mi abue­la me lle­va­ba siem­pre.

¿Cuán­do ven­drá con su fa­mi­lia

P a go­zar­se un Car­na­val?

Juan nun­ca le ati­na, él vi­ve via­jan­do,

R ten­dría que ser que coin­ci­die­ra un via­je de tra­ba­jo, pe­ro me en­can­ta­ría vol­ver a es­tar en un Car­na­val. ¿Es di­fí­cil ser es­po­sa de Jua­nes?

P

No, por­que yo co­no­cí al ser hu­mano

R y me ca­sé con el ser hu­mano, con Juan Es­te­ban. Él tie­ne una pro­fe­sión que es ser un ar­tis­ta muy re­co­no­ci­do, la gen­te se emo­cio­na mu­cho con lo que ha­ce y eso me ha­ce sen­tir fe­liz, or­gu­llo­sa. El he­cho de que ten­ga en mi ca­sa a la per­so­na, al hom­bre, al ami­go, al es­po­so, co­mo cual­quier otro, no es me­jor o peor, sim­ple­men­te es un ser hu­mano ma­ra­vi­llo­so, eso no se me ha­ce na­da di­fí­cil.

La car­ta­ge­ne­ra re­ci­bió a Gen­te Ca­ri­be en las ins­ta­la­cio­nes del Ho­tel El Pra­do.

Ka­ren Ce­ci­lia Mar­tí­nez In­sig­na­res ha si­do mo­de­lo, rei­na de be­lle­za y ac­triz. Con­fie­sa que la ac­tua­ción es la pro­fe­sión que más la apa­sio­na.

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