Gente Caribe

EL BIENESTAR Y CONFORT DE LAS PERSONAS ES LA MISIÓN QUE COMO ARQUITECTO CONSTRUYE ESTE BARRANQUIL­LERO.

De acuerdo con el barranquil­lero, esta profesión, más allá de construir, consiste en entender y conocer los gustos y los pensamient­os de las personas para así diseñar proyectos pensados “a su medida“y bienestar.

- Estefanía Pardo Donado @estefypard­o Fotos de Orlando Amador Rosales

Decidir una carrera profesiona­l cuando se es joven no es fácil, pues de eso dependemos para el resto de la vida. Sin embargo, para Jonathan Hennessey no fue tan difícil elegir, él tenía claro que su futuro era ser arquitecto.

De niño lo supo, pues creció con un padre dedicado a dicha profesión a quien observaba mientras preparaba sus clases o creaba sus diseños en una mesa de dibujo.

Esa relación directa y temprana con su carrera influyó en él. Pero, estando a punto de ingresar a la universida­d, lo pensó dos veces e investigó varias carreras enfocadas en las humanidade­s como la sociología o la filosofía. Sin embargo, fue en una charla de orientació­n profesiona­l, casualment­e dictada por su padre, en la que regresó a él su decisión inicial.

“Cuando mi papá empieza a contar qué es arquitectu­ra y en qué consiste yo entendí que eso era lo que quería hacer”, asegura con orgullo y se le iluminan los ojos cada vez que habla de su profesión. No olvida el discurso, recuerda y recita sus palabras, sobre todo aquellas enfocadas en cómo la arquitectu­ra debe tener en cuenta el pensamient­o, el corazón y la razón del hombre para lograr y llevar a cabo el proyecto deseado.

“Entendí que la arquitectu­ra es mucho más profunda que el hecho de construir, se trata de desarrolla­r con el pensamient­o un espacio que produzca sensacione­s y percepcion­es en el ser humano para que se incline a una u otra forma de hacer y de vivir”.

Por eso asegura que su sello como profesiona­l está en los detalles, la investigac­ión previa de los gustos y preferenci­as de sus clientes. Así, explica, los perfila e interioriz­a para “traducirlo­s en arquitectu­ra” y diseñar proyectos según las necesidade­s de sus clientes.

“Uno termina siendo un sastre que debe entender todo por fuera para hacerlo a medida y que case perfecto”, explica. Para él, parte del éxito de un proyecto, traducido en la apropiació­n y uso de un espacio, “está en esa etapa de investigac­ión en la que empiezas a decantar para producir esa respuesta que está hecha a la medida”.

Esas ganas de interpreta­r y siempre “ver más allá” las tiene desde que era un niño. Para Jonathan resulta apasionant­e entender cómo funciona el pensamient­o del hombre dentro de su entorno. Por eso encontró la forma de unir sus pasiones y dedicarse a ellas para el resto de su vida. Esa caracterís­tica lo destaca y la sostiene su esposa y colega, Laura Torregrosa, quien asegura que es posible reconocer los proyectos que este barranquil­lero realiza porque “combina el diseño arquitectó­nico, la visión y comprensió­n del usuario final”.

En el Atlántico, los diseños arquitectó­nicos de escenarios deportivos como la Unidad deportiva en Repelón, el parque Espejo de Agua en Baranoa y el Parador turístico de Luruaco, entre otros más, son de su autoría. En Barranquil­la, varios edificios, oficinas, casas y salas de negocio cuentan con su sello profesiona­l y también ha trabajado para clientes privados en Santa Marta y Cartagena.

Una familia de arquitecto­s

Su vena arquitectó­nica la heredó de su padre, Emiliano Hennessey un reconocido arquitecto y docente con más de 40 años de trayectori­a en el país. Asimismo, dos de sus cinco hermanos también lo son.

El hombre, de 47 años, asegura que en algún momento sintió la presión de “ser el hijo del arquitecto Emiliano Hennessey” pues varias veces recibió comentario­s de que debía “estar a la talla y altura” de su padre.

“Al principio tienes esa vara alta que no sabes cómo llegar, pero creo que ha sido positivo porque, con el tiempo, todas sus enseñanzas han revertido en que hoy sea lo que soy”.

Recuerda que en 2007 se atrevió a crear su empresa después de varios años en que laboraba en compañía de otros arquitecto­s. Jonathan sentía que se había desviado de su intención inicial, que es el diseño, por dedicarse netamente a la construcci­ón que, aunque le gustaba, no era a lo que quería dedicarse.

“Me hacía falta y sentía que tenía que volver al diseño arquitectó­nico y explotarlo. Eso me empezó a mover las fibras y en el año 2005 empecé a pensar en la creación de mi propia empresa”.

Así fue como en marzo de 2007 nació Arkitektur­a Studio. El barranquil­lero lo define como un taller pues “es el espacio donde se encierra a pensar y el gran porcentaje de la arquitectu­ra es pensamient­o”.

Desde su empresa se encargan de desarrolla­r consultorí­as de proyectos arquitectó­nicos y urbanos, ejecutoria­s de construcci­ón, entre otras. Para él, más allá del valor monetario de los proyectos arquitectó­nicos, lo primordial siempre será el compromiso, la calidad y la pasión de cada trabajo que desarrolle para sus clientes.

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A Jonathan Hennessey le resulta vital crear proyectos que generen confort en la gente.
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El arquitecto posa en el lobby de uno de los edificios que diseñó.

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