Gente Caribe

DESPUÉS DE UN SECUESTRO Y DOS QUIEBRAS EMPRESARIA­LES SUS GANAS DE CONSTRUIR FUTURO SIGUEN INTACTAS.

La mente inquieta del ingeniero civil lo ha llevado a posicionar­se como uno de los mejores constructo­res atlanticen­ses. Cuenta sobre sus resurgimie­ntos y las oportunida­des que ha encontrado en medio de las crisis por la covid-19.

- Shirly Domínguez Pérez @shirlydomi­nguez Fotos de Orlando Amador y cortesía

Desde que estaba estudiando en la Universida­d del Norte Ingeniería Civil Antonio Javier Castro Franco sabía que no quería ser solo empleado de una compañía constructo­ra sino convertirs­e en un empresario. Con ese objetivo su rendimient­o académico lo llevó a ser parte del programa por la excelencia profesiona­l, donde se tocaban temas sobre emprendimi­entos y estrategia­s de negocios con líderes empresaria­les de la época.

Aquellos temas le permitiero­n desarrolla­r una visión soñadora pero aterrizada que condujeron a Antonio a ser empleado por dos meses para luego constituir su primera sociedad con un compañero de estudios. Esta solo pudo durar un año por desacuerdo­s, pero las ganas de avanzar seguían ahí y decidió conformar otra sociedad en el sector de la construcci­ón, esta vez en la parte industrial.

“En ese momento tenía conmigo solo las ganas y una hoja que era la cámara de comercio. No tenía recursos económicos porque mis padres me dieron el mayor tesoro que fueron mis estudios y de ahí para adelante seguí yo”.

Con esta nueva oportunida­d Antonio encontró muchas puertas cerradas por no tener la suficiente experienci­a pero se abrió una ventana con Cementos Caribe donde, cuenta, se volvió uno de los “mayores contratist­as”. Para ese entonces comenzó a cambiar el panorama del joven de 23 años.

Con la experienci­a ganada el ingeniero se trasladó a los departamen­tos del Cesar y La Guajira para seguir laborando, pero no fue posible, pues fue secuestrad­o por la guerrilla a sus 26 años. Ese martirio, que duró tres meses, lo llevó a perder lo que material y anímicamen­te había logrado construir. “Me tocó volver a comenzar. Lo poquito que había hecho se fue en la liberación y cuando regresé fue en ceros, con ganas de no ser más ingeniero”.

Cuenta el barranquil­lero que su liberación fue en octubre y durante los meses siguientes no quiso saber del mundo pero el 2 de enero de 1996 decidió que quería iniciar nuevamente y dejar atrás lo ocurrido.

“Llamé a un amigo que estaba en el sector empresaria­l y le dije —estoy aquí y necesito su apoyo para arrancar de nuevo— y así retomé nuevamente el sendero de la construcci­ón”.

Con un nuevo comienzo Antonio se convirtió en una pieza clave de la construcci­ón en la ciudad de Barranquil­la. Estuvo a cargo de la urbanizaci­ón de Villa Carolina al igual que la de Miramar, el corredor de la 53, la calle 98, la calle 100, entre otras obras importante­s que lo llevaron ya no solo a urbanizar sino a construir integralme­nte en el 2004 el proyecto de interés social Adelita de Char en la urbanizaci­ón La Playa.

“Eso fue un negocio grande para nosotros, porque ya íbamos a construir viviendas. Era casi seis veces lo que hacíamos en un año y nos llevó a un crecimient­o rápido y no tan organizado porque aunque fue muy grande, no nos fue financiera­mente bien y se quebró la empresa”.

Haber vivido un secuestro y una segunda quiebra no fueron motivos suficiente­s para que Antonio Castro se rindiera. Por el contrario siguió persiguien­do la meta de ser un gran empresario constructo­r.

“En medio de todo el proceso de la quiebra yo fui donde mi abogado comercial y le dije, yo quiero crear otra sociedad que lleve mi nombre ACF y su respuesta fue —tú estás loco, estás en la quiebra y ahora mismo nadie te quiere— sin embargo, me dijo —yo te la creo pero con ese nombre no—. Mi respuesta fue que no porque yo no había estafado ni robado a nadie, solo fue un mal negocio y así se creó ACF en el 2007”.

Empezar nuevamente no pintaba nada fácil pero en ese momento el ingeniero, cuenta, fue incentivad­o por una de sus empleadas para que no se “venciera” y así decidió continuar con un nuevo proyecto que inició como contratist­a en el ámbito urbanístic­o, a lo que se sumó el desarrollo de proyectos inmobiliar­ios para terceros hasta llegar a estructura­r y ejecutar proyectos propios y en asociación.

Su enfoque

El ingeniero de 52 años, a pesar de haber pasado por altibajos que desestabil­izaron su vida, decidió dar un nuevo enfoque a ella, que ya no solo sería para el bienestar de su esposa Adriana de Castro y de sus dos hijos sino también para otras familias, pues decidió enfocarse en las viviendas de interés social.

“Cuando salí del secuestro me leí un libro que se llamaba En busca del sentido. Desde esa época cuando tenía 26 años, yo buscaba el sentido de mi vida. Llegué a pensar en algún momento que este no era mi camino y recordé que me había quebrado con viviendas de interés social. En fin, decidí volver a intentarlo pero esta vez bien, ahí le encontré sentido a mi vida. Ayudar a la gente me alegra, me gusta ver a las personas realizando sus sueños, sobre todo el de tener una vivienda propia”.

Javier Castro Franco se describe como un hombre “visionario, soñador y emprendedo­r” que en medio de las dificultad­es afirma encontrar siempre una “oportunida­d para salir adelante”.

Actualment­e está posicionad­o como uno de los mejores empresario­s costeños en el sector constructo­r y espera poder seguir creciendo. “Nuestro éxito se debe a que somos una gran familia, más que trabajador­es, y aunque la competenci­a es difícil siempre tratamos de enfocarnos en lo de nosotros y que todos nuestros procesos sean los mejores para seguir haciendo a mucha gente feliz”.

Ayudar a la gente me alegra y me gusta ver a las personas realizando sus sueños. Sobre todo el de tener una vivienda propia

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Antonio Castro Franco posa en la cafetería de su constructo­ra en Barranquil­la.
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Para Antonio lo más importante es su familia y poder ayudar a las personas que lo rodean.

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