Jet-Set

María José Vargas

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Huila

Lleva en una mano la bata blanca de estudiante de séptimo semestre de medicina, y en la otra su portafolio de reina y modelo. Los luce con orgullo a sus 20 años, pero esto fue hasta hace poco motivo de críticas y discrimina­ción, porque a muchas personas, entre ellos compañeros de universida­d, les parecieron incompatib­les las dos profesione­s.

El año pasado cuando fue virreina en el concurso Señorita Bogotá, le cayeron rayos y centellas: “El segundo lugar fue visto como un fracaso. Me dijeron que una reina no tenía la inteligenc­ia para estudiar Medicina y que tampoco era tan bonita como para ganarme un concurso de belleza.”

Estudiaba entre las 7:00 de la mañana y las 5:00 de la tarde en medio de la indiferenc­ia de compañeros y profesores. Alguna vez les dijo cómo se sentía, pero sus palabras no tuvieron eco. La soledad la llevó a la depresión, pero también la fortaleció y demostró que con pasión y fe en sí misma todo es posible.

“Hoy estoy preparada para asumir este reto con mayor madurez. Sé que mi esfuerzo se va a ver en los resultados, pero más allá de que gane o pierda, ya cumplí el sueño de representa­r mi tierra huilense”.

Es opita de pura cepa. Creció viendo trabajar a su mamá de sol a sol en una finca, para sacarlos adelante a ella y a su hermano mayor. Él es médico y juntos recorren municipios del Huila y hacen brigadas de salud gratuitas.

 ??  ?? Vivió hasta los 16 años en Neiva. Luego se trasladó a Bogotá para estudiar Medicina.
Ha roto prejuicios y demuestra que la belleza y la inteligenc­ia no son incompatib­les.
Quiere especializ­arse en Dermatolog­ía. En su cartera no puede faltar el bloqueador solar.
Como víctima de matoneo afirma: “Cuando alguien te dice que no eres capaz, no hay que pelear, sino demostrar con hechos que está equivocado”.
Desde hace cinco años es modelo profesiona­l. Mide 1,75 y lo que más le gusta de su cuerpo son las piernas: “Son herencia de mi mamá”.
Vivió hasta los 16 años en Neiva. Luego se trasladó a Bogotá para estudiar Medicina. Ha roto prejuicios y demuestra que la belleza y la inteligenc­ia no son incompatib­les. Quiere especializ­arse en Dermatolog­ía. En su cartera no puede faltar el bloqueador solar. Como víctima de matoneo afirma: “Cuando alguien te dice que no eres capaz, no hay que pelear, sino demostrar con hechos que está equivocado”. Desde hace cinco años es modelo profesiona­l. Mide 1,75 y lo que más le gusta de su cuerpo son las piernas: “Son herencia de mi mamá”.

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