Hi­par­co de Ni­cea

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Hi­par­co de Ni­cea (Ni­cea, c. 190 a. C.-c. 120 a. C.) fue un astrónomo, geó­gra­fo y ma­te­má­ti­co grie­go. En­tre sus apor­ta­cio­nes ca­be des­ta­car: el pri­mer ca­tá­lo­go de es­tre­llas; la di­vi­sión del día en 24 ho­ras de igual du­ra­ción (has­ta la in­ven­ción del re­loj me­cá­ni­co en el si­glo XIV las di­vi­sio­nes del día va­ria­ban con las es­ta­cio­nes); el des­cu­bri­mien­to de la pre­ce­sión de los equi­noc­cios; la dis­tin­ción en­tre año si­dé­reo y año tró­pi­co, ma­yor pre­ci­sión en la me­di­da de la dis­tan­cia Tie­rra-Lu­na y de la obli­cui­dad de la eclíp­ti­ca, in­ven­ción de la tri­go­no­me­tría (por lo cual es con­si­de­ra­do el pa­dre de la tri­go­no­me­tría) y de los con­cep­tos de lon­gi­tud y la­ti­tud geo­grá cas.

Ela­bo­ra­ción del pri­mer ca­tá­lo­go de es­tre­llas que con­te­nía la po­si­ción en coor­de­na­das eclíp­ti­cas de 850 es­tre­llas. In uyó en Hi­par­co la apa­ri­ción de una es­tre­lla no­va, No­va Scor­pii, en el año 134 a. C. y el pre­ten­der jar la po­si­ción del equinoccio de pri­ma­ve­ra so­bre el fon­do de es­tre­llas.

Con el pro­pó­si­to de ela­bo­rar di­cho ca­tá­lo­go, Hi­par­co in­ven­tó ins­tru­men­tos, es­pe­cial­men­te un teo­do­li­to, pa­ra in­di­car po­si­cio­nes y mag­ni­tu­des, de for­ma que fue­se fá­cil des­cu­brir si las es­tre­llas mo­rían o na­cían, si se mo­vían o si au­men­ta­ban o dis­mi­nuían de bri­llo. Ade­más, cla­si có las es­tre­llas se­gún su in­ten­si­dad, en mag­ni­tu­des, se­gún su gra­do de bri­llo.

El ca­tá­lo­go de es­tre­llas de Hi­par­co se pue­de en­con­trar en el Al­ma­ges­to de Pto­lomeo, li­bros VII y VIII. Aun­que Pto­lomeo a rma­ba ser su ob­ser­va­dor, mu­chas evidencias apun­tan a Hi­par­co co­mo su ver­da­de­ro au­tor. El ca­tá­lo­go con­tie­ne las po­si­cio­nes de 850 es­tre­llas en 48 cons­te­la­cio­nes. Las po­si­cio­nes de las es­tre­llas se dan en coor­de­na­das eclíp­ti­cas uni­ver­sa­les.

PRE­CE­SIÓN DE LOS EQUI­NOC­CIOS

Hi­par­co es ge­ne­ral­men­te re­co­no­ci­do co­mo el des­cu­bri­dor de la pre­ce­sión de los equi­noc­cios en 127 a. C. Sus dos li­bros so­bre la pre­ce­sión, “acer­ca del des­pla­za­mien­to de los pun­tos de los sols­ti­cios y equi­noc­cios” y “la me­di­da del año”, son am­bos men­cio­na­dos en el Al­ma­ges­to de Pto­lomeo. De acuer­do a es­te úl­ti­mo, Hi­par­co mi­dió la po­si­ción de Spi­ca y Ré­gu­lo y otras es­tre­llas bri­llan­tes. Com­pa­ran­do sus me­di­das con los da­tos de sus pre­de­ce­so­res, Ti­mo­ca­res y Aris­ti­lo, con­clu­yó que Spi­ca se ha­bía mo­vi­do dos gra­dos con res­pec­to al equinoccio oto­ñal. Ade­más, com­pa­ró las me­di­das del año tró­pi­co (el tiem­po que le to­ma al sol re­gre­sar a un equinoccio) y el año si­de­ral (el tiem­po que le to­ma al sol re­gre­sar a una es­tre­lla de­ter­mi­na­da) y en­con­tró una pe­que­ña dis­cre­pan­cia. Hi­par­co con­clu­yó que los equi­noc­cios se mo­vían (pre­ce­sión) a tra­vés del zo­día­co, y que la ra­zón de es­ta pre­ce­sión no era me­nos que 1 gra­do en un si­glo.

DIS­TIN­CIÓN EN­TRE EL AÑO SI­DÉ­REO Y EL AÑO TRÓ­PI­CO

Des­pués de me­dir el va­lor de la pre­ce­sión de los equi­noc­cios, y có­mo con­se­cuen­cia de ello, Hi­par­co di­fe­ren­ció en­tre el año si­dé­reo y el año tró­pi­co y es­ta­ble­ció su du­ra­ción en 365d 6h 10m y 365d 5h 55m, res­pec­ti­va­men­te, con erro­res de 1 ho­ra y 6 mi­nu­tos 15 se­gun­dos, res­pec­ti­va­men­te. En­ten­dió que el que se de­bía adop­tar era el año tró­pi­co por ser el que es­tá en ar­mo­nía con las es­ta­cio­nes.

ME­JO­RA LA ME­DI­DA DE LA DIS­TAN­CIA A LA LU­NA

Con­si­guió una ex­ce­len­te apro­xi­ma­ción de la dis­tan­cia en­tre la Tie­rra y la Lu­na, ya in­ten­ta­da por Aris­tar­co de Sa­mos, usan­do eclip­ses lu­na­res to­ta­les de du­ra­ción má­xi­ma. Hi­par­co cal­cu­ló que es­ta dis­tan­cia era de trein­ta ve­ces el diá­me­tro te­rres­tre, cal­cu­la­do pre­via­men­te por Era­tós­te­nes. Es de­cir, unos 384.000 ki­ló­me­tros.

IN­VEN­CIÓN DE LA TRI­GO­NO­ME­TRÍA

Por otra par­te, Hi­par­co es el in­ven­tor de la Tri­go­no­me­tría, cu­yo ob­je­to con­sis­te en re­la­cio­nar las me­di­das an­gu­la­res con las li­nea­les. Las ne­ce­si­da­des de ese ti­po de cálcu­los son muy fre­cuen­tes en As­tro­no­mía.

Hi­par­co cons­tru­yó una ta­bla de cuer­das, que equi­va­lía a una mo­der­na ta­bla de se­nos. Con la ayu­da de di­cha ta­bla, pu­do fá­cil­men­te re­la­cio­nar los la­dos y los án­gu­los de to­do trián­gu­lo plano. Ahora bien, los trián­gu­los di­bu­ja­dos so­bre la su­per cie de la es­fe­ra ce­les­te no son pla­nos, sino es­fé­ri­cos, cons­ti­tu­yen­do la tri­go­no­me­tría es­fé­ri­ca.

Es­te invento, sin em­bar­go, se con­si­de­ra hoy mil años an­te­rior: se ha des­cu­bier­to una ta­bla tri­go­no­mé­tri­ca ba­bi­ló­ni­ca, la Plim­pton 322, que es mil años an­te­rior.

Me­jo­ra la me­di­da de la obli­cui­dad de la eclíp­ti­ca Me­jo­ra la ya rea­li­za­da obli­cui­dad de la Eclíp­ti­ca por Era­tós­te­nes.

PA­RA­LE­LOS Y ME­RI­DIA­NOS

En geo­gra­fía fue el pri­me­ro en di­vi­dir la Tie­rra en me­ri­dia­nos y pa­ra­le­los, ha­cien­do usua­les los con­cep­tos de lon­gi­tud y la­ti­tud de un lu­gar o es­pa­cio, e in­ten­tó pro­yec­tar el­men­te la Tie­rra es­fé­ri­ca en un ma­pa bi­di­men­sio­nal.

Hi­par­co de Ni­cea

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