El pri­mer Bo­le­ro

La Opinión - Imágenes - - Música - Eloy A Gon­zá­lez (Cu­ba)

Pa­ra mi pa­dre, Eloy Gon­zá­lez Nú­ñez; com­po­si­tor y aman­te del Bo­le­ro. A sus 94 años allá en la Pa­tria le­ja­na.

El Bo­le­ro es un gé­ne­ro mu­si­cal. Así lo co­no­ce­mos so­bre to­do los cu­ba­nos y me­xi­ca­nos, tal vez los que más he­mos dis­fru­ta­do de es­te gé­ne­ro. Es por eso que hoy qui­sie­ra com­par­tir con us­te­des el ori­gen del Bo­le­ro y de es­ta for­ma co­men­zar una se­rie de no­tas so­bre te­mas don­de nues­tros paí­ses, -Cu­ba y Mé­xi­co-, se en­cuen­tran; don­de hay un pun­to de con­tac­to que no pue­de elu­dir­se. El Bo­le­ro es uno de esos pun­tos de in­me­dia­ción en­tre los cu­ba­nos y los me­xi­ca­nos.

So­bre el ori­gen del Bo­le­ro exis­ten di­ver­sas teo­rías, la ma­yo­ría se­ña­la a Eu­ro­pa co­mo la cu­na del gé­ne­ro. Así, el Bo­le­ro ven­dría de Es­pa­ña, sien­do ini­cial­men­te una dan­za de mo­vi­mien­to li­ge­ro. Po­si­ble­men­te se tra­ta­ra de una ma­ni­fes­ta­ción mu­si­cal gi­ta­na, pues su nom­bre pue­de ori­gi­nar­se de la ex­pre­sión “Vo­le­ro’, -de vo­lar -, y las dan­zas gitanas a ve­ces im­pli­can mo­vi­mien­tos agu­dos y rá­pi­dos que apa­ren­tan el vue­lo de aves.

La opi­nión ge­ne­ra­li­za­da es que el Bo­le­ro es un rit­mo pro­ce­den­te de Es­pa­ña que lle­gó a al­can­zar una am­plia di­fu­sión en el res­to de los paí­ses his­pa­noa­me­ri­ca­nos, so­bre to­do aque­llos de la cuen­ca del Ca­ri­be. Su ori­gen es­tá en los com­pa­ses de la con­tra­dan­za del si­glo XVIII. Los en­ten­di­dos ase­gu­ran que, a par­tir de 1830, el gé­ne­ro ya te­nía al­gu­nas ca­rac­te­rís­ti­cas del dan­zón y de la ha­ba­ne­ra (que apa­re­cie­ron a lo lar­go del si­glo XIX en el folclore cu­bano). El pri­mer dan­zón se in­ter­pre­ta en el Li­ceo de Ma­tan­zas, Cu­ba, el 1 de enero de 1879 y el pri­mer Bo­le­ro en el 1883 en San­tia­go de Cu­ba.

Es la ha­ba­ne­ra, co­mo gé­ne­ro mu­si­cal pre­cur­sor, la que más con­tri­bu­yó a la evo­lu­ción del Bo­le­ro en cuan­to a sus a ni­da­des rít­mi­cas. En 1893 ya se re­por­ta la exis­ten­cia de los pri­me­ros in­tér­pre­tes que com­po­nían obras del gé­ne­ro, tal co­mo lo co­no­ce­mos ac­tual­men­te. De es­tos can­to­res se des­ta­can: Jo­sé ‘Pe­pe’ Sán­chez y Ni­co­lás Ca­ma­cho (és­te úl­ti­mo no de­jó com­po­si­cio­nes) fue­ron los pri­me­ros, es­pe­cial­men­te Sán­chez, en es­truc­tu­rar el Bo­le­ro en cuan­to a com­po­si­ción.

Don Jo­sé Vi­viano Sán­chez, más co­no­ci­do co­mo Jo­sé ‘Pe­pe’ Sán­chez fue el pri­mer com­po­si­tor de un Bo­le­ro: Tris­te­zas. Se acep­ta que es­te fue el pri­mer Bo­le­ro, com­pues­to en San­tia­go de Cu­ba en el 1883,- aun­que al­gu­nos di eren la fe­cha-, lo im­por­tan­te es que esa pie­za dio ori­gen for­mal al gé­ne­ro y con el acom­pa­ña­mien­to mu­si­cal que de­no­mi­na­mos “clá­si­co” (las gui­ta­rras y la per­cu­sión). Así el Bo­le­ro evo­lu­cio­nó de mú­si­ca de can­ti­nas y pe­ñas a mú­si­ca de se­re­na­tas. El to­que ro­mán­ti­co le per­mi­tió adap­tar­se a to­das las cla­ses y el avan­ce tec­no­ló­gi­co (en es­te ca­so, la ra­dio) le per­mi­tió uni­ver­sa­li­zar­se y lue­go otro pro­di­gio de la cien­cia (la gra­ba­ción y el dis­co de ace­ta­to y vi­ni­lo) le per­mi­tió per­pe­tuar­se en el tiem­po. (Da­niel Te­rán-So­lano)

Jo­sé ‘Pe­pe’ Sán­chez na­ció un 19 de mar­zo del 1856 allá en San­tia­go de Cu­ba, ha­ce ya 151 años, y a pe­sar de no ha­ber te­ni­do la po­si­bi­li­dad de ac­ce­der a la más ele­men­tal for­ma­ción mu­si­cal, su obra lle­gó a ser am­plia­men­te re­co­no­ci­da. Su pro­fe­sión era la de sas­tre, pe­ro su vo­ca­ción era de can­tan­te y gui­ta­rris­ta co­mo lo de­mues­tra su con­sis­ten­te crea­ción mu­si­cal. Su Bo­le­ro Tris­te­zas, es re­co­no­ci­do por to­dos co­mo el que mar­ca las pau­tas del gé­ne­ro.

Fue un ex­ce­len­te in­ter­pre­te y for­mó par­te de lo se co­no­ce co­mo el Quin­te­to del Bo­le­ro jun­to a mú­si­cos co­mo Pe­pe Fi­ga­ro­la, Ber­na­bé Fe­rrer, Emiliano Blez y Luís Felipe Por­te. La muer­te de es­te des­ta­ca­do mú­si­co cu­bano ocu­rre el 3 de enero de 1918.

Se ha di­cho que el Bo­le­ro, es una pe­que­ña no­ve­la. Pien­so que pe­que­ña es en tan­to que con­si­de­re­mos su ex­ten­sión, aun­que al­gu­nas le­tras en­cie­rran to­da una his­to­ria en po­cas pa­la­bras. A pe­sar del des­cen­so en la po­pu­la­ri­dad en los años 60 y 70 del pa­sa­do si­glo, el Bo­le­ro si­gue sien­do una de las ex­pre­sio­nes cul­tu­ra­les más in­flu­yen­tes de La­tino Amé­ri­ca. Mú­si­ca de la se­duc­ción y del de­seo, de la cer­ca­nía y de la au­sen­cia, en la que se com­bi­nan el amor idea­li­za­do y la pa­sión eró­ti­ca “exa­cer­ba­da” que se les atri­bu­ye fre­cuen­te­men­te a los paí­ses del tró­pi­co. (Poe).

Pa­ra los aman­tes del Bo­le­ro y los cu­rio­sos, aquí les de­jo la le­tra de lo que es con­si­de­ra­do la pri­me­ra crea­ción mu­si­cal de es­te gé­ne­ro. Se tra­ta de una com­po­si­ción que com­pren­día dos pe­río­dos mu­si­ca­les de 16 com­pa­ses ca­da uno, se­pa­ra­dos por un pa­sa­je ins­tru­men­tal que se eje­cu­ta­ba me­ló­di­ca­men­te en la gui­ta­rra, al que le lla­ma­ban pa­sa­ca­lle. Di­ce así:

TRIS­TE­ZAS

Tris­te­zas me dan tus pe­nas mu­jer, pro­fun­do do­lor; no du­des de mí. No hay prue­ba de amor que de­je en­tre­ver Cuán­to su­fro y pa­dez­co por ti. La suer­te es ad­ver­sa con­mi­go, no de­ja en­san­char mi pa­sión, un be­so me dis­te un día lo guar­do en el co­ra­zón.

Es­te fue el pri­mer Bo­le­ro. El jue­go del Amor y del do­lor que se ha­cen pa­la­bras en­tre­la­za­das con no­tas mu­si­ca­les, es­tá pre­sen­te. El com­pás ca­den­cio­so in­vi­ta a la se­duc­ción y la cer­ca­nía. La pa­sión bro­ta en de­li­ca­das no­tas, só­lo fal­ta la le­ve­dad del be­so; ese es per­te­nen­cia de los aman­tes, del mo­men­to y del de­seo.

Jo­sé ‘Pe­pe’ Sán­chez

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