La don­ce­lla de la nie­ve

Le­yen­da ru­sa de Na­vi­dad pa­ra ni­ños

La Opinión - Imágenes - - Cuento -

En una de las re­gio­nes más frías del con­ti­nen­te eu­ro­peo, no es Papá Noel, sino Ded Mo­roz y La Don­ce­lla de la Nie­ve, quie­nes se en­car­gan de lle­var los re­ga­los a los ni­ños. Ade­más, los ni­ños ru­sos no re­ci­ben sus re­ga­los el día de Na­vi­dad, sino el día de año nuevo.

Te con­ta­mos quié­nes son Ded Mo­roz y La Don­ce­lla de la Nie­ve y por qué son tan co­no­ci­dos en­tre los ni­ños ru­sos. Des­cu­bre jun­to a tus hi­jos es­ta pre­cio­sa le­yen­da ru­sa de Na­vi­dad.

La Don­ce­lla de la Nie­ve, una le­yen­da de Na­vi­dad ru­sa pa­ra leer a los ni­ños:

En al­gu­nas de las zo­nas más frías de Ru­sia, Papá Noel no lle­ga car­ga­do de re­ga­los, sino que es Ded Mo­roz, un an­ciano muy pa­re­ci­do a Papá Noel, quien re­par­te los pre­sen­tes en to­dos los ho­ga­res.

Ded Mo­roz era un an­ciano al­to, cor­pu­len­to y con una lar­guí­si­ma bar­ba blan­ca. Ade­más, era muy bon­da­do­so. ¡Le en­can­ta­ba con­tem­plar la son­ri­sa y la ca­ri­ta de fe­li­ci­dad de los ni­ños en Na­vi­dad! Un día se le ocu­rrió que ca­da nal de año, ca­da ni­ño, ade­más de re­ci­bir la lle­ga­da del año nuevo, tam­bién re­ci­bi­ría un re­ga­lo. Así, na­da más co­men­zar el año nuevo, po­dría dis­fru­tar jun­to a la fe­li­ci­dad de los más pe­que­ños. Pe­ro Ded Mo­roz era ya muy ma­yor y era mu­cho tra­ba­jo pa­ra él. Así que pi­dió ayu­da a su nie­ta, Sne­gú­roch­ka. Ella era una her­mo­sa ha­da, hi­ja del ha­da de la pri­ma­ve­ra y de Frost, se­ñor de la es­car­cha. Su pe­lo era blan­co y sua­ve co­mo la nie­ve, y sus ojos tan cla­ros y azu­les co­mo el cie­lo cuan­do no ha­bía nu­bes.

Un día, el an­ciano le pro­pu­so lo si­guien­te a su nie­ta:

- Sne­gú­roch­ka, se me ha ocu­rri­do una idea- Le di­jo a la jo­ven. - Di­me abue­lo, ¿de qué se tra­ta? - ¿Qué te pa­re­ce si por año nuevo de­ja­mos una sor­pre­sa a ca­da ni­ño? Pe­ro no pue­den ver­nos... ¡si no, no se­ría una sor­pre­sa!

-Uy, es mu­cho tra­ba­jo, abue­lo, pe­ro... ¡es una idea fan­tás­ti­ca! ¡Me gus­ta!

Así que ese año co­men­za­ron a po­ner en mar­cha su idea. Ded Mo­roz ves­tía de ro­jo. Le en­can­ta­ba lle­var una enor­me capa ro­ja que le ha­bía con­fec­cio­na­do su nie­ta. Ella, ves­tía de azul. Era su color fa­vo­ri­to. El an­ciano lle­va­ba mu­chos me­ses fa­bri­can­do un tri­neo de ma­de­ra, y al n lo te­nía pre­pa­ra­do. bus­có sus me­jo­res troi­cas (unos ca­ba­llos tí­pi­cos de Ru­sia) y em­pe­za­ron a re­co­rrer la zo­na pa­ra lle­var re­ga­los a los ni­ños.

Des­de en­ton­ces, el abue­lo del frío (co­mo co­men­za­ron a lla­mar a Ded Mo­roz) y la don­ce­lla de la nie­ve, re­par­ten ca­da año a to­dos los ni­ños de la zo­na ju­gue­tes y re­ga­los que les ha­cen, por un día, los ni­ños más fe­li­ces del pla­ne­ta.

Pre­gun­ta a tu hi­jo si en­ten­dió la le­yen­da de la Don­ce­lla de la nie­ve

Una bue­na for­ma de in­cen­ti­var la com­pren­sión lec­to­ra en tu hi­jo es ayu­dán­do­le a pen­sar so­bre lo que aca­ba de leer. ¿Qué te pa­re­ce si le ha­ces es­tas pre­gun­tas pa­ra com­pro­bar si es­cu­cho con aten­ción?:

- ¿Qué re­la­ción fa­mi­liar te­nía Ded Mo­roz y Sne­gú­roch­ka?

-¿Cuál era el apo­do de la nie­ta de Ded Mo­roz?

- ¿Con cuál otro nom­bre co­no­cían a la nie­ta de Ded Mo­roz?

- ¿En dón­de vi­ven Ded Mo­roz y Sne­gú­roch­ka?

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