La Vir­gen de la Cue­va San­ta

La Opinión - Mundo Infantil - - La Opinión -

Es­to su­ce­dió por el ca­mino que con­du­ce del ac­ce­so a la ve­re­da Oroz­co has­ta ba­jar a la ha­cien­da La Mer­gi. Cuen­tan que un arriero en­tre­gó la car­ga que lle­va­ba, de­jan­do allí tam­bién su mu­la y de re­gre­so os­cu­re­ció; en­ton­ces se sen­tó a un la­do de una gran pie­dra y allí se dur­mió.

A las on­ce de la no­che vio cer­ca de la pie­dra una lu­ce­ci­ta y al ra­to es­cu­chó can­tar a los ga­llos. Se de­tu­vo a ob­ser­var muy sor­pren­di­do esa par­ti­cu­lar luz y en ella vio la ima­gen de la San­tí­si­ma Vir­gen. Allí se arro­di­lló y oró con fe sin­ce­ra.

El arriero aun im­pac­ta­do por esa luz y la ima­gen de la San­tí­si­ma Vir­gen, ba­jó nue­va­men­te a la ha­cien­da y le co­mu­ni­có a to­dos lo que ha­bía su­ce­di­do.

Cuan­do fue­ron al lu­gar vie­ron so­bre la pie­dra la ima­gen de la San­tí­si­ma Vir­gen que que­dó plas­ma­da en la ro­ca. Des­de ese día y en es­pe­cial por la tem­po­ra­da de Se­ma­na San­ta asis­ten al lu­gar mu­chas per­so­nas que con fe acu­den allí a cum­plir sus pro­me­sas y a pe­dir la in­ter­ce­sión de la ma­dre san­tí­si­ma.

Di­cen los lu­ga­re­ños que aque­llas per­so­nas que lle­gan al lu­gar y per­ci­ben la ima­gen de la Vir­gen sin di­fi­cul­tad, es­tán en gra­cia de Dios. Al­gu­nos no la pue­den ver en ese ca­so se di­ce que tie­nen una fe dé­bil. Re­la­to pro­pio de la ve­re­da Oroz­co.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia

© PressReader. All rights reserved.