¿Qué es pa­ra no­so­tros el agua?

La Opinión - Mundo Infantil - - Portada -

In­de­pen­dien­te­men­te de su com­po­si­ción quí­mi­ca, de la can­ti­dad de agua que te­ne­mos en nues­tro pla­ne­ta, y las can­ti­da­des que con­tie­ne de sa­la­da y de dul­ce, re­to­man­do un edi­to­rial de la re­vis­ta Si­ri­rí del co­le­gio Fa­ce, au­to­ría de Va­len­ti­na Ba­rón, hoy te ofre­ce­mos un as­pec­to amo­ro­so de lo que es­te pre­cia­do lí­qui­do sig­ni­fi­ca pa­ra el hom­bre.

“Cuan­do de­ci­mos agua, pen­sa­mos en ríos, char­cos, ma­res o la­gu­nas; otros ve­mos el va­so, la ja­rra y la bo­te­lla; hay quie­nes ven las nu­bes, la nie­ve, o el ar­co iris. Pe­ro po­cas ve­ces pen­sa­mos que el agua es la san­gre del pla­ne­ta, y que si al­gún día de­ja de fluir, la Tie­rra se se­ca y se mue­re. ¡Y eso se­ría muy tris­te!

Si en­ten­de­mos que el agua es: de co­lo­res cuan­do el sol la con­vier­te en ar­co iris, o geo­me­tría cuan­do el frío la con­vier­te en copos de nie­ve; es un ni­ño can­tan­do cuan­do sue­na el arro­yi­to, o es un gi­gan­te gri­tan­do cuan­do arre­cia la tor­men­ta…

El agua es me­di­ci­na cuan­do el se­dien­to se re­fres­ca; es un mi­la­gro in­creí­ble cuan­do llue­ve en el de­sier­to, y apa­re­cen flo­res don­de so­lo ha­bía are­na.

El agua es in­ge­nie­ra cuan­do sus go­tas pue­den per­fo­rar las pie­dras, y el pa­raí­so de los pe­ces, las al­gas, los co­ra­les y las si­re­nas. Es el hi­pó­dro­mo don­de el ca­ba­lli­to de mar prac­ti­ca sus ca­rre­ras; es el ser que se sa­be to­dos los ca­mi­nos y los lla­ma ríos.

El agua es la pe­lo­ta con la que la mon­ta­ña ha­ce ma­la­ba­res, ¡y no­so­tros ase­gu­ra­mos que son so­lo cas­ca­das! El agua es la ri­sa de las nu­bes, y la san­gre de los bos­ques.

El agua es la ri­que­za más valiosa que te­ne­mos los hom­bres; más que los dia­man­tes, el pe­tró­leo y los ya­tes; más que los avio­nes, las sor­ti­jas y los cen­tros co­mer­cia­les. ¡El agua es nues­tra vi­da!, la be­lle­za del pai­sa­je, el co­ra­zón de la na­tu­ra­le­za, la ma­dre del pla­ne­ta, que con so­lo to­car­lo y abra­zar­lo, ha­ce de él ma­ra­vi­llas. ¡Una go­ta de agua es fle­xi­ble.

Una go­ta de agua es po­de­ro­sa. Una go­ta de agua es más ne­ce­sa­ria que nun­ca!

Y lo más ma­ra­vi­llo­so es que ella siem­pre es­tá con­ten­ta, si­guien­do su lar­go ca­mino, re­gan­do a la de­re­cha y a la iz­quier­da las dos orillas del río, pa­ra lle­gar al an­cho mar, des­pués de su lar­go re­co­rri­do, can­sa­da ya de tan­to via­jar.

¡ De­be­mos cui­dar­la, por­que no po­dre­mos vi­vir sin ella…Nues­tro pla­ne­ta es pu­ra vi­da, vi­da pa­ra amar­la!”

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