Las emo­cio­nes

La cu­rio­si­dad de la en­vi­dia y la ira

La Opinión - Mundo Infantil - - Educar en Valores -

Co­no­cí, ha­ce ya mu­cho tiem­po, a dos fa­mi­lias muy pa­re­ci­das y, a la vez, to­tal­men­te dis­tin­tas. Vi­vían la una jun­to a la otra. Eran ve­ci­nos de to­da la vi­da. Te­nían hi­jos y mas­co­ta, un gran co­che y mu­chas otras co­sas. En una ca­sa vi­vía el se­ñor En­vi­dia y la se­ño­ra Ira. En la otra vi­vían el se­ñor Cal­ma y la se­ño­ra Ale­gría.

Un día Cal­ma y Ale­gría in­vi­ta­ron a sus ve­ci­nos a to­mar un ca­fé. En­se­gui­da, En­vi­dia e Ira acep­ta­ron la pro­pues­ta. Te­nían mu­cha cu­rio­si­dad por sa­ber qué era lo que te­nían sus ve­ci­nos que les ha­cían sen­tir­se tan ale­gres y cal­ma­dos to­dos los días.

Al en­trar en la ca­sa, Ira y En­vi­dia se que­da­ron sin pa­la­bras. Na­da de lo que ha­bían ima­gi­na­do so­bre sus ve­ci­nos era cier­to. Lo que vie­ron en ese ho­gar no se acer­ca­ba a lo que creían que se iban a en­con­trar ¿Có­mo con­se­guían ser tan fe­li­ces?

La tar­de fue muy agra­da­ble en com­pa­ñía de Cal­ma y Ale­gría; ellos ha­cían que to­do pa­re­cie­ra tan bo­ni­to y sen­ci­llo… Cuan­do re­gre­sa­ron a su ho­gar, Ira y En­vi­dia ha­bían re­ci­bi­do una gran lec­ción.

¿Us­te­des se pre­gun­ta­rán por­qué se sor­pren­die­ron tan­to Ira y En­vi­dia? Pues por­que to­do lo que vie­ron en el ho­gar de Ale­gría y Cal­ma era una co­pia exac­ta de su pro­pia vi­da. Y, con el pa­so del tiem­po, Ira y En­vi­dia, de­ci­die­ron cam­biar sus nom­bres pa­ra po­der dis­fru­tar de la vi­da.

“Co­mo se­res hu­ma­nos, to­dos que­re­mos ser fe­li­ces y es­tar li­bres de la des­gra­cia, to­dos he­mos apren­di­do que la lla­ve de la fe­li­ci­dad es la paz in­ter­na. Los ma­yo­res obs­tácu­los pa­ra la paz in­ter­na son las emo­cio­nes per­tur­ba­do­ras co­mo el odio, ape­go, mie­do y sus­pi­ca­cia”. Da­lai La­ma

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