La Opinión - Mundo Infantil : 2021-02-27

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esantander­eana 9 Juanfrío Leyenda de Villa del Rosario de San Antonio, al otro lado de la frontera. —Siga y se sienta —le dijo el señor Montes de Oca a Juan. —Gracias señor. —Tráiganle algo de beber al forastero, que viene muy acalorado. —Perdone, señor le agradezco que la bebida que me traigan esté calientica, —agregó Juan, quien a pesar de tener puesta su ruana y de encontrars­e en tierra caliente, permanecía frío. En el momento en que el visitante saboreaba una taza de café, pasó por el corredor la joven Sara, hija única del señor Montes de Oca. Era ella una bella mujer, que impactó de inmediato a Juan, quien pensó que la agraciada joven podía ser la solución para su problema de escalofrió. Juan el de la ruana, como lo empezaron a llamar, fue invitado a la mesa para compartir la cena junto a don Pedro, Sara su esposa y Sara la hija, y un grupo de obreros. Más tarde, también le ofrecieron hospedaje. Muy temprano, al día siguiente, se levantó Juan, con su mirada recorrió el contorno hasta que vio un lugar, como un mirador y fue hasta él y se encontró a don Pedro. —Muy buenos días señor. —Buenos días joven, ¿qué tal noche pasó? — Descansé bastante —respondió Juan. —Deseo comprar un buen lote de tierra en estos lugares para establecer­me acá. —Le vendo, en justo precio, aquella franja de terreno que lindaba con el río Táchira y tiene una pequeña casa. El interés por Sara y la búsqueda de una pronta solución a su situación, llevaron a Juan a decidir y concretar el negocio al instante. El nuevo propietari­o buscó obreros y arregló la casa, comenzó a adecuar el terreno para la siembra de hortalizas y en sus delirios veía a Sara paseándose por su propiedad como ama y señora. Los inmediatos colaborado­res de Juan, notaron que él permanecía muy frío, y los que tenían oportunida­d de entrar a la habitación donde dormía se sorprendía­n por lo fría que la sentían. Fue así como comenzaron a llamar a su patrón Juanfrío. Cierta noche, la joven Sara, no podía dormir, le inquietaba la gravedad de Juan y se sentía culpable. Desesperad­a salió hasta el mirador de la hacienda para disipar su pena. Al poco rato de estar allí sintió que caían pequeñas gotas de agua y una fuerte brisa acompañada de una espesa nube blanca venía en dirección a ella; le pareció sentirse arropada por la ruana blanca de Juan. La brisa arreció y la nube cubrió el mirador como queriendo arrebatarl­a del lugar. Muy asustada Sara, se agarró de una gran cruz de madera que estaba enterrada en el mirador y se desmayó. Cuando Sara despertó, estaba en la cama, su mamá le colocaba algunas cataplasma­s en la frente, pues la aquejaba también una intensa fiebre y la sorpresa fue grande cuando escuchó, que Juan había muerto. Comprendió entonces que la brisa y la nube de aquella noche no era otra cosa que el propio Juan que quería llevársela para cumplir su deseo y comenzó a llorar. Sara no se recuperó y a los pocos días también murió, como queriendo encontrars­e con Juanfrío en el más allá. A partir de aquel entonces, al sitio donde vivió Juan se le denominó Juanfrío y luego a todo el valle, y cuando los días amanecen nublados y fríos, los ribereños del Táchira dicen que llegó Juanfrío trayendo envuelta en su ruana a la hermosa Sara. ue te eío eoaar no, ir én e n ar Los comentario­s sobre el frío intenso de Juan, llegaron a oídos de Sara, quien a pesar de sentir afecto por él comenzó a esconderse cuando llegaba de visita a la hacienda. Ese desaire de Sara empeoró la salud de Juan y en muy poco tiempo entró en crisis, hasta tener que recluirse en su cama, pues cada día que pasaba el frío que sentía era más intenso. y a, rn ro oblación