Mon­se­ñor Víc­tor Ta­ma­yo

Obis­po Au­xi­liar Emé­ri­to de Ba­rran­qui­lla

Miercoles - - Un ‘break’ - Por Twit­ter: @ca­ri­to­var­gash Fotos Ca­ro­li­na Var­gas Hor­ma­za archivo EL HE­RAL­DO

Mon­se­ñor Víc­tor Ta­ma­yo Be­tan­court, Obis­po Au­xi­liar Emé­ri­to de Ba­rran­qui­lla, na­ció en Ano­rí, An­tio­quia, el 20 de julio de 1937. Sus pa­dres: Juan Ta­ma­yo y Mar­ga­ri­ta Be­tan­cour tu­vie­ron 12 hi­jos (de los cua­les hoy en día vi­ven so­lo cua­tro), sien­do él el penúltimo de ellos.

El 20 de di­ciem­bre de 1964, de ma­nos de S. E. R. Mons. Ger­mán Vi­lla Ga­vi­ria, en la Ca­pi­lla del Se­mi­na­rio Con­ci­liar de Ba­rran­qui­lla, re­ci­bió la or­de­na­ción sa­cer­do­tal y se vin­cu­ló en esa dió­ce­sis. Para el 30 de agos­to de 1982 su San­ti­dad Juan Pa­blo II lo nom­bró Pre­la­do de Ho­nor. El pa­dre Ta­ma­yo se to­mó Un break con no­so­tros para con­ver­sar un po­co so­bre su vi­da per­so­nal.

¿Dón­de na­ció?

Na­cí en una fin­ca cer­ca­na a Ano­rí, un pue­blo ubi­ca­do en el nor­te de An­tio­quia. Esa fin­ca era de mi pa­pá y ahí fue don­de la ma­yo­ría de los hi­jos na­ci­mos, así que soy mon­ta­ñe­ro (ri­sas), pe­ro nos bau­ti­za­ron en Ano­rí y por eso quedamos co­mo ciu­da­da­nos anori­cen­ses. Des­pués mi pa­pá ven­dió esa fin­ca y nos fui­mos a Ya­ru­mal, An­tio­quia y ahí fue don­de cre­ci­mos, es­tu­ve allí to­da la pri­ma­ría has­ta que el pá­rro­co de Ya­ru­mal lo nom­bra­ron obis­po de Ba­rran­qui­lla y de­ci­dí ve­nir­me con él, ya que éra­mos muy ami­gos y des­de ahí no me he ido. Ha­ce 62 años es­toy aquí en Ba­rran­qui­lla.

¿Có­mo des­cri­be a su fa­mi­lia?

Pien­so que las fa­mi­lias nu­me­ro­sas son muy uni­das, son to­das lle­nas de so­li­da­ri­dad por­que el uno he­re­da del otro. El úni­co que es­tre­na es el mayor pe­ro de ahí pa’ aba­jo lo que él va de­jan­do lo co­gen los otros (ri­sas). Así era la co­sa en mi fa­mi­lia.

¿En qué mo­men­to to­mó la de­ci­sión P de ser sa­cer­do­te?

Yo creo que eso fue por os­mo­sis. Mi ca­sa siem­pre es­ta­ba lle­na de cu­ras, allá in­clu­so dor­mían, era la ca­sa co­mo aco­ge­do­ra de los sa­cer­do­tes que es­ta­ban de trán­si­to por los pue­blos. Siem­pre ha­bía una pie­za para el sa­cer­do­te iti­ne­ran­te y tam­bién co­mían allí, así que me­jor di­cho to­da la vi­da des­de muy pe­que­ñi­to es­tu­ve ro­dea­do de sa­cer­do­tes.

¿An­tes de to­mar esa de­ci­sión P tu­vo al­gún ro­man­ce?

No hu­bo tiem­po (ri­sas). Des­de muy pe­que­ño arran­qué para el se­mi­na­rio, así que no tu­ve tiem­po.

¿Qué es lo que más le gus­ta P ha­cer?

Me gus­ta ser­vir­le a la gen­te y co­rrer ha­cia las personas que ne­ce­si­tan.

¿Co­mi­da y música fa­vo­ri­ta?

Co­mi­da la que me pon­gan(ri­sas) y mi música fa­vo­ri­ta es in­du­da­ble­men­te el bam­bu­co.

Un men­sa­je es­pe­cial para Se­ma­na P San­ta.

Lo im­por­tan­te es que vi­va­mos en fa­mi­lia, com­par­tien­do de una ma­ne­ra muy es­pe­cial y par­ti­ci­pan­do to­dos de la gra­cia que Dios nos da.

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