Cui­da tus uñas

Miercoles - - Vive La Vida Con Siad Char - Por Siad Char siad­char@hot­mail.com Ins­tra­gram: @siad­cha­r_o­fi­cial Twit­ter: @siad­char Snap­chat: Siad­char

Las ma­nos son la car­ta de pre­sen­ta­ción que te­ne­mos ha­cia los de­más, por es­te mo­ti­vo siem­pre de­ben lu­cir im­pe­ca­bles. Una de las ac­ti­vi­da­des que más dis­fru­to y a la que más tiem­po le sa­co una vez a la se­ma­na es el ma­ni­cu­ra. Las uñas siem­pre de­ben es­tar arre­gla­das. Cuan­do di­go arre­gla­das no me re­fie­ro a te­ner co­lor en ellas. Las uñas pue­den es­tar her­mo­sas sin ne­ce­si­dad de uti­li­zar pin­taú­ñas. Evi­tar los pe­lle­ji­tos, las uñas de ta­ma­ño irre­gu­lar y el su­cio en­tre ellas es la cla­ve.

Ha­cer­nos la ma­ni­cu­ra re­gu­lar­men­te es una ayu­da pe­ro no lo es to­do, tam­bién de­be­mos te­ner ru­ti­nas en ca­sa y al­gu­nas cla­ves pa­ra man­te­ner­las. La uñas hay que pro­te­ger­las del agua. Siem­pre que te mo­jes las ma­nos sé­ca­las in­me­dia­ta­men­te. El agua de­te­rio­ra la cu­tí­cu­la y apor­ta a la apa­ri­ción de in­fec­cio­nes. Si vas a la­var la lo­za de la ca­sa o al­gu­na ro­pa a mano, uti­li­za guan­tes, es­to no só­lo evi­ta­rá que da­ñes es el es­mal­te de las uñas, sino que tam­bién evi­ta la apa­ri­ción de hon­gos, es­to ocu­rre cuan­do hay cons­tan­te con­tac­to con agua o ja­bo­nes fuer­tes.

A las uñas hay que ali­men­tar­las. La fal­ta de vi­ta­mi­nas en el cuer­po se evi­den­cia a tra­vés de las uñas. Co­nsume ali­men­tos ri­cos en vi­ta­mi­nas A y B. Si sien­tes que tie­nes las uñas frá­gi­les, de­bes co­men­zar a au­men­tar el con­su­mo de nue­ces, pes­ca­dos, to­ma­te y ce­real. El cal­cio siem­pre es ne­ce­sa­rio pa­ra las uñas por eso se re­co­mien­dan los lác­teos.

Así co­mo con­sen­ti­mos otras par­tes del cuer­po, las uñas tam­bién me­re­cen de nues­tro tiem­po y hay que dar­les una do­sis de hidratación pa­ra que siem­pre es­tén sa­nas. Los acei­tes son idea­les pa­ra es­to. Las cre­mas en las ma­nos de­ben ser usa­das con fre­cuen­cia, y al ha­cer­lo no po­de­mos ol­vi­dar­nos de con­sen­tir un po­co las cu­tí­cu­las ha­cien­do un pe­que­ño ma­sa­je.

Re­cor­tar la cu­tí­cu­la es un error, a me­nos que ten­gas al­gún pe­lle­jo le­van­ta­do, de lo con­tra­rio, al ha­cer­te el ma­ni­cu­re so­lo con un pa­li­to pue­des mo­ver­la ha­cia arri­ba y lis­to.

Si tie­nes las uñas muy largas y quie­res mol­dear­las o re­ba­jar­las, no las cor­tes con tijera, siem­pre es me­jor uti­li­zar una li­ma. Si vez ne­ce­sa­rio cor­tar­la, en­ton­ces uti­li­za ti­je­ras es­pe­cia­les pa­ra las uñas o un cor­ta uñas. El mo­men­to ideal pa­ra ha­cer­lo es jus­to cuan­do sa­li­mos de ba­ñar­nos por­que las uñas es­tán más blan­das por la can­ti­dad de agua que han re­ci­bi­do.

Siem­pre de­bes dar­le for­ma a tus uñas. Uti­li­za pre­fe­ri­ble­men­te una li­ma de car­tón y no una li­ma de me­tal. Es co­mún que las li­mas de me­tal de­jen pe­que­ñas es­quir­las mo­les­tas. Pa­ra ha­cer más fá­cil el pro­ce­so, pue­des mo­jar las uñas un po­co con ja­bón an­tes de ser li­ma­das.

Mu­chas ve­ces la pin­tu­ra de uñas de co­lo­res fuer­tes co­mo los ro­jos de­jan tus uñas ama­ri­llas, pa­ra blan­quear­las pue­des su­mer­gir­las en zu­mo de li­món. Tam­bién pue­des crear una pas­ta con bi­car­bo­na­to de so­dio, li­món y acei­te de oli­va y fro­tar­lo en tus uñas pa­ra qui­tar es­te tono ama­ri­llen­to. Ten en cuen­ta que ca­da vez que quie­ras pin­tar las uñas de­bes uti­li­zar una ba­se pa­ra pro­te­ger­las.

A per­so­nas co­mo a mí nos en­can­ta ver­nos las uñas siem­pre pin­ta­das. In­ten­te­mos dar­le un res­pi­ro y de­jar­las por lo me­nos un día sin pin­ta uñas o ba­se o cual­quier ti­po de pro­duc­to. Ade­más evi­ta el qui­ta es­mal­te con ace­to­na. Lo ideal es pin­tar­se las uñas má­xi­mo una vez por se­ma­na no más de eso.

Una mez­cla in­fa­li­ble pa­ra el cui­da­do de las uñas en ca­sa es el zu­mo de li­món, (que las acla­ra), el acei­te de oli­va, (las hi­dra­ta) y el ajo (las po­ne más fuer­tes). Mez­cla es­tos tres in­gre­dien­tes y ma­sa­jes tus uñas con es­te tra­ta­mien­to. Ten en cuen­ta que el ajo tie­ne un olor fuer­te, así que te re­co­mien­do lo prue­bes un día que no va­yas a sa­lir de ca­sa.

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