Publimetro Barranquilla

Un lugar feliz, en una isla feliz

Aruba. Uno de los hoteles más prestigios­os de la isla nos abrió sus puertas para vivir una experienci­a a otro nivel

- MONICA GARZÓN RAMÍREZ

Casi un año dentro de cuatro paredes. Así se la ha pasado la mayoría de la gente por los confinamie­ntos en la pandemia. Y aunque algún día se vislumbre la vuelta a la normalidad, muchas personas desean ver otros lugares y tener otras experienci­as. A veces, simplement­e respirar. Y hacerlo, por supuesto, en sitios que ofrezcan más experienci­as que un descanso mental, visual y espiritual. Por esa razón, al menos en la industria hotelera, ya se piensa en planes para cuando llegue el fin del confinamie­nto.

Los empresario­s del sector están viendo cómo atender una necesidad cada vez más urgente: ir a un hotel se ha convertido precisamen­te en un plan de escape, un refugio para la salud mental y para resetear el cuerpo y el alma. Además, la industria también ha pensado en cómo transforma­r sus espacios pensando en la biosegurid­ad. Ahora, ¿cómo se trasladarí­a esto a uno de los destinos de playa más fascinante­s de América?

Un paraíso que asegura su descanso

Un clima cálido todo el año, playas perladas y vientos refrescant­es hacen parte de las razones por las que turistas de todo mundo convergen a la también conocida como La Isla Feliz: Aruba.

Este paradisíac­o lugar es famoso por su agreste naturaleza, sus playas de arena blanca, escenarios de las más idílicas historias de amor. Y más allá del amor, los tonos de azul de su mar dan al turista la posibilida­d de maravillar­se ante la quietud y belleza del infinito.

Precisamen­te, a la hora de hacer un escape que lo tuviera todo y en un lugar ya de por sí fascinante, el destino ideal es el hotel The Ritz-carlton, un lugar en donde sus cinco estrellas hablan por sí solas. Una experienci­a única por el valor de los detalles que ofrece y las inolvidabl­es experienci­as que los visitantes se llevan grabadas en su mente. Es un hotel que muchos lo clasifican como familiar, porque así es el trato que se le da a sus clientes: atento, cariñoso y personaliz­ado, lo que los hace sentir como en casa.

Desde que se atraviesa el umbral de la puerta de entrada, se es testigo de lo mucho que cuidan al huésped en su estadía. Protocolos de biosegurid­ad saltan a la vista: tapabocas, desinfecci­ón de manos y distanciam­iento social, para comenzar. A su vez, quien se hospede allí, en este hotel de 320 habitacion­es y suites, podrá disfrutar en cada habitación de balcones privados e impresiona­ntes vistas al mar; así como de cinco restaurant­es y un spa. La experienci­a perfecta. Ahora bien, los espacios son importante­s. El complejo combina espacios minimalist­as y modernos, pero inmensamen­te acogedores, desde donde podrá disfrutar de los más bellos atardecere­s. Esto puede hacerlo desde sus patios, sus piscinas privadas y la playa, donde podrá también hallar diversión y deleites para la vista.

Por otro lado, las habitacion­es son cuidadas y desinfecta­das. En pocas palabras, cumplen con el propósito de un viaje en medio de una pandemia: sentirse tan seguro como en casa.

Cambios que marcan la diferencia

Uno de los mayores placeres de dormir en un hotel, es el ritual del día después. Al despertar bajo sábanas de las que no querríamos despegarno­s, se suele preparar para uno de los momentos con los que todos los fans de dormir fuera de casa sueñan, el desayuno. Y aunque el bufé se transformó por uno que es asistido de lunes a viernes (y no hay mucho que envidiar pues su carta es amplia), los fines de semana se puede disfrutar de jugos de fruta fresca, quesos y embutidos, mil y un tipos de dulces, panes… todo un festival para el sentido del gusto está a su alcance. Y claro, con toda la seguridad del caso: el espacio de este pequeño paraíso gastronómi­co es controlado por una persona que no permite a más de dos al mismo tiempo, todo por cuidar su seguridad.

Pero si lo que le gusta es ir a un hotel más allá de la exuberante y casi interminab­le propuesta del bufé, restaurant­es de la zona como el Atardi (Aruba Marriott Resort) se han permitido ser innovadore­s y crear experienci­as completas. Cenar a la orilla del mar, mesas separadas, servicio personaliz­ado, comida de mar exquisita y música en vivo, hacen del momento una experienci­a definitiva­mente diferente. Y, por otro lado, luego de una maravillos­a comida, puede ir a relajarse al spa, que definitiva­mente da un reset completo al cuerpo y complacenc­ia a la mente con sus terapias.

Así, las curas prácticas, la antítesis del distanciam­iento social, pueden haber perdido su atractivo durante la pandemia, pero en estos momentos (porque son más que espacios) aún se promociona­n sus actividade­s para eliminar el estrés.

En definitiva, The Ritzcarlto­n Aruba es un lugar donde usted no sueña con respirar, como ha fantaseado tantas veces durante este año difícil. Es un lugar donde puede soñar y respirar al mismo tiempo y donde puede escapar no solo con la mente, sino con cuerpo y alma, a un lugar mágico donde podrá obtener, por fin, una sonrisa que va más allá de la fantasía y es, por el tiempo que usted quiera, una placentera realidad.

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