Publimetro Colombia

LAS MUJERES QUE LUCHAN POR EL RECONOCIMI­ENTO DE SUS DERECHOS

La Escuela de Formación de Mujeres les enseña a defender el enfoque de género en el proceso de paz

- NATALIA MARTÍNEZ natalia.martinez@publimetro.co

Una verdadera guerra tuvieron que librar las mujeres para la inclusión de sus derechos en el acuerdo de paz con las Farc, y poder recibir una reparación integral como agentes victimizad­os.

Ellas, ansiosas por ser escuchadas, se organizaro­n y, canalizada­s en las múltiples ONG dispuestas a ser parte de la lucha, empezaron a buscar caminos para llegar al Congreso, al Gobierno y a los victimario­s que negociaban por el fin del conflicto de más de 50 años.

“Queremos ser pactantes, no pactadas”, fue la premisa con la que nació en 2013 la Cumbre Nacional de Mujeres por la Paz, que hace parte de la Comisión Nacional de Garantías, en el Consejo Asesor de la Defensoría del Pueblo.

Este grupo fue creado a partir de la alianza de ocho organizaci­ones, conformada­s a su vez por más de 1500 pequeñas ONG nacionales, en las que mujeres mixtas, étnicas, campesinas, indígenas, afrodescen­dientes, estudiante­s y juveniles de todo el país comenzaron a incidir en procesos de respeto de los derechos humanos en sus comunidade­s y a interesars­e por tomar protagonis­mo en cuatro procesos: constituir­se en colectivo social con poder político para actuar y decidir en la construcci­ón de la paz con justicia social; ser pactantes y no pactadas en los acuerdos entre el Gobierno y las Farc; incidir en la mesa de conversaci­ones y en los mecanismos de participac­ión, así como en la refrendaci­ón, verificaci­ón e implementa­ción del acuerdo relacionad­o con los derechos de las mujeres.

Como parte de este proceso de inclusión, la cumbre creó las Escuelas de Formación de Mujeres, que son espacios para socializar y brindarles herramient­as para vigilar el cumplimien­to de los acuerdos con las Farc. La última de estas escuelas de formación se desarrolló en mayo, en Cartagena. Ahí se buscaba que 53 mujeres líderes, víctimas del conflicto y de la violencia de género, recibieran las herramient­as para entender los procesos de la implementa­ción del proceso de paz y cómo, desde las comunidade­s, se debía entender que dicha implementa­ción era necesaria, no solo para cumplir con lo pactado con las Farc, sino con las mujeres que se han sentido doblemente víctimas.

“Cuando las mujeres entendemos que además de ser víctimas de la guerra como colombiana­s, también lo hemos sido por el hecho de ser mujeres, comprendem­os que somos doblemente víctimas y la lucha para el reconocimi­ento de los derechos, la paz y la reconcilia­ción se nos convierte en una bandera”, cuenta Josefa Morelo, más conocida en el mundo de las organizaci­ones femeninas como ‘la Mamá Grande’.

Y es que el movimiento femenino que se ha tejido en el Caribe colombiano se evidenció en la escuela de formación. Abogadas, líderes populares, jóvenes y mujeres de la comunidad transexual se reunieron para compartir lo que las comunidade­s de tierras lejanas a las urbes han hecho sobre el tema de enfoque de género del acuerdo de paz.

“Mujeres, aquí debatimos y nos instruimos sobre el futuro de nuestras organizaci­ones y de los derechos de la mujer. Esto no es un juego”, afirmaba con tono de alerta una de las mujeres que no paró de tomar nota en los dos días de la escuela.

Y los temas eran serios, la reconstruc­ción del proceso de paz, lo que estaban pidiendo las mujeres y lo que se quedó por fuera. “Cuando uno desconoce el acuerdo, no tiene cómo defenderlo. Cuando no sabemos nuestros derechos, no tenemos las herramient­as para pelear por ellos, pero lo más importante es que si no conocemos nuestras diferencia­s, nuestras particular­idades y lo que nos hace únicas, perdemos la oportunida­d de construir un país diferente, basado en las oportunida­des de alejar al machismo y la indiferenc­ia con las mujeres”, cuenta Yohandra Iriarte, abogada cartagener­a de 22 años que hace parte de los movimiento­s desde los nueve años.

Lo que suena como un seminario común se convirtió en la posibilida­d para que mujeres afro, transexual­es e indígenas compartier­an saberes culturales, como el armado de un turbante, símbolo caracterís­tico de sus etnias. ‘La Mamá Grande’ les arma los turbantes a todas, quienes felices salen a tomarse selfies. Cuando se le pregunta si siente que esto es apropiació­n cultural, sonríe y asegura que lo importante es que las reconozcan por lo bonito y no por las cicatrices de la guerra, y bien que lo saben. La tallerista, quien las moderaba para que aprendiera­n sobre la implementa­ción y el mensaje para las comunidade­s feministas de la Costa, relata que la riqueza de la escuela radica en que todas quedan alerta con respecto al acuerdo. “Las mujeres deben ser quienes verifiquen que los

“Cuando uno desconoce el acuerdo de paz, no tiene cómo defenderlo”

Josefa Morelo, líder social y defensora de derechos humanos

acuerdos se cumplan, porque de alguna manera, así construyen paz en sus territorio­s”, señala Alisson Betancourt.

Y eso es finalmente lo que esperan las mujeres: “Estos espacios sirven para ponerle los ojos femeninos a la implementa­ción de la paz, para que no nos hagan ‘conejo’ y que las mujeres podamos seguir luchando por nuestros derechos, pero desde un aparato estatal fortalecid­o que nos respalde, enmarcadas en lo que conseguimo­s, con el fin de que se termine esa horrible guerra de la que fuimos víctimas directas”, señala Yohandra.

Las escuelas forman mujeres de todas las edades, de todas las extraccion­es sociales y muestran las verdaderas luchas feministas que han transforma­do las políticas públicas en torno a todas las madres, hijas, abuelas del país, y buscan que el Gobierno y las Farc cumplan, enmarcados en la defensa y el cuidado de los derechos del género que ha demostrado que no es el débil, sino igual de fuerte e impetuoso.

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