MAR­CO TEMPEST

“Uso la tec­no­lo­gía pa­ra trans­mi­tir his­to­rias so­bre el fu­tu­ro” Du­ran­te el Ti­goU­ne Bu­si­ness Fo­rum 2018 ha­bla­mos con es­te fa­mo­so ma­go a ni­vel mun­dial por com­bi­nar sus tru­cos con el uso de dis­po­si­ti­vos co­mo ce­lu­la­res, ga­fas AR y compu­tado­res, en­tre otros

Publimetro Colombia - - TECNOLOGÍA - SER­GIO TRU­JI­LLO ser­gio.tru­ji­llo@pu­bli­me­tro.co

Mar­co Tempest es un sui­zo que en al­gún mo­men­to de su vi­da ca­yó en cuen­ta de es­to. A sus 25 años era un jo­ven ca­paz de en­ga­ñar has­ta al más es­cép­ti­co con un in­creí­ble tru­co de cartas. Sien­do ca­da vez más re­cur­si­vo con las he­rra­mien­tas que usa­ba, el ma­go se pro­yec­ta­ba co­mo to­do un ta­len­to mun­dial del es­pec­tácu­lo. Sin em­bar­go, fal­ta­ba al­go más, que le ayu­da­ra a po­ner su se­llo per­so­nal en es­te ar­te.

Ese al­go lo en­con­tró a prin­ci­pios de la dé­ca­da de los no­ven­ta, con el au­ge de nue­vas y mis­te­rio­sas tec­no­lo­gías. Con la ayu­da de una de las com­pa­ñías fun­da­das por Ste­ve Jobs, Tempest co­men­zó a usar los pri­me­ros compu­tado­res pa­ra pro­gra­mar y pre­sen­tar es­pec­tácu­los nun­ca an­tes vis­tos. Su fa­ma cre­ció ex­po­nen­cial­men­te al co­nec­tar el mun­do del en­tre­te­ni­mien­to con el de la cien­cia y la tec­no­lo­gía.

¿Có­mo y por qué de­ci­dió con­ver­tir­se en un ma­go?

Fue la pri­me­ra co­sa en la que fui bueno. Es co­mo cuan­do tie­nes un pa­sa­tiem­po y tus pa­dres di­cen: ‘¡Va­ya, eres muy bueno ha­cien­do eso!’. Y apar­te te ins­cri­bes a un concurso y lo ga­nas. Fue en­ton­ces al­go muy na­tu­ral la emo­ción que de­sa­rro­llé por la magia. Co­men­cé con ella co­mo un hobby, fui exi­to­so usán­do­la, así que me que­dé con ella.

Tu­ve un pro­fe­sor que era un ma­go ama­teur, fui a tien­das de magia y leí li­bros. La magia no es al­go de lo que apren­das en el co­le­gio, tie­nes que in­ves­ti­gar por ti mis­mo.

¿Cuán­do la tec­no­lo­gía se vol­vió una par­te de sus tru­cos?

En los pri­me­ros años de la dé­ca­da de los no­ven­ta, la tec­no­lo­gía em­pe­zó a ha­cer­se más ac­ce­si­ble. An­tes de eso, cos­ta­ba mi­llo­nes de dó­la­res te­ner al­go de tec­no­lo­gía. Así que en esa épo­ca em­pe­za­bas a ver las pri­me­ras ter­mi­na­les de computación que to­da­vía va­lían mi­les de dó­la­res, pe­ro ya era más pro­ba­ble ac­ce­der al ti­po de ele­men­tos que so­lo ha­bía­mos vis­to en las pe­lí­cu­las. Cuan­do eso pa­só, em­pe­cé a ju­gar con la tec­no­lo­gía.

¿Qué usó co­mo he­rra­mien­ta la pri­me­ra vez?

Cuan­do Ste­ve Jobs de­jó Ap­ple por pri­me­ra vez, fun­dó una com­pa­ñía lla­ma­da NeXT Com­pu­ter. En­ton­ces, la em­pre­sa lan­zó un compu­tador muy bo­ni­to, pe­ro muy ca­ro. Les es­cri­bí una car­ta di­cién­do­les: ‘Ho­la, si pu­die­ra te­ner uno de los compu­tado­res de NeXT, yo po­dría ha­cer la si­guien­te (next) ge­ne­ra­ción de magia. Si me die­ran uno, po­dría ha­cer un gran es­pec­tácu­lo pa­ra el evento de presentación de sus pro­duc­tos’. Dos me­ses más tar­de, re­ci­bí dos ca­jas gran­des des­de Es­ta­dos Uni­dos y aden­tro es­ta­ba el compu­tador.

Tam­bién me ayu­da­ron a em­pe­zar a apren­der so­bre pro­gra­ma­ción. No es que hu­bie­ra mu­cho soft­wa­re pa­ra ha­cer magia, así que em­pe­cé a pro­gra­mar y a crear ac­tos y pre­sen­ta­cio­nes pa­ra com­pa­ñías co­mo NeXT Com­pu­ter, Sony y Si­li­con Grap­hics, en­tre otras. Bá­si­ca­men­te hi­ce es­tas pre­sen­ta­cio­nes a cam­bio de hard­wa­re.

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