‘El Pi­be’ Val­de­rra­ma

Pu­jan­te, que ti­ra pa’lan­te y en don­de la gen­te lo quie­re. Así de­fi­ne a Ba­rran­qui­lla, la ciudad que lo adop­tó, Car­los Al­ber­to Val­de­rra­ma. Aquí pu­do al­zar su úni­co tí­tu­lo del fút­bol na­cio­nal con la ca­mi­se­ta del Ju­nior. Aquí tam­bién bri­lló con la Se­lec­ción

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"Yo ju­gué en equi­pos de va­rias par­tes del mun­do, y en ca­da lu­gar me sen­tí que­ri­do, pe­ro cuan­do lle­gué a Ba­rran­qui­lla con­tra­ta­do por el Ju­nior en­ten­dí que es­te era mi lu­gar".

CÉ­SAR AU­GUS­TO LONDOÑO: ¿Qué sig­ni­fi­ca Ba­rran­qui­lla pa­ra us­ted?

PI­BE VAL­DE­RRA­MA: Mu­cho, es­ta es la ciudad don­de nos aco­gie­ron a mi fa­mi­lia y a mí. Yo ju­gué en equi­pos de va­rias par­tes del mun­do, y en ca­da lu­gar me sen­tí que­ri­do, pe­ro cuan­do lle­gué a Ba­rran­qui­lla con­tra­ta­do por el Ju­nior en­ten­dí que es­te era mi lu­gar. Le co­gí el gus­to. Aquí la gen­te me tra­ta muy bien, con mu­cho ca­ri­ño y res­pe­to. Tan­to que me man­da­ron una car­ta pa­ra for­ma­li­zar mi adop­ción co­mo ba­rran­qui­lle­ro. C.A.L.: Us­ted ju­gó en el Unión Mag­da­le­na, en Mi­llo­na­rios, en el De­por­ti­vo Ca­li, en Me­de­llín, en

Francia, en Es­ta­dos Uni­dos y en Ba­rran­qui­lla. ¿Có­mo re­cuer­da su pa­so por el cua­dro ‘Tiburón’? P.V.:

La pri­me­ra ima­gen que se me vie­ne a la ca­be­za es de esa épo­ca en la que los gran­des fut­bo­lis­tas bra­si­le­ños jugaban en el Ju­nior; tam­bién es­ta­ba el sa­ma­rio Al­fre­do Aran­go y el ar­gen­tino Juan Ramón Ve­rón, la Bru­ja. Me gus­ta­ba mu­cho el am­bien­te de la hin­cha­da, el ju­nio­ris­ta siem­pre es­ta­ba pen­dien­te de su equi­po. En­ton­ces des­de ‘pe­lao’ yo di­je: “Al­gún día ten­go que ju­gar

ahí”. Por su­pues­to que tam­bién me veía en el Unión Mag­da­le­na, don­de es­tu­ve, pe­ro so­ña­ba con los ti­bu­ro­nes por lo que re­pre­sen­tan pa­ra el fút­bol de la cos­ta Ca­ri­be. Sin em­bar­go, los años iban pa­san­do, me po­nía las ca­mi­se­tas de otros equi­pos, y pen­sé que no lle­ga­ría. Pe­ro a ve­ces se cum­ple lo que uno desea y tu­ve la for­tu­na de for­mar par­te de es­te club don­de, gra­cias a Dios, ter­mi­né mi vida co­mo fut­bo­lis­ta.

C.A.L.: ¿Cuál es la di­fe­ren­cia en­tre ju­gar en el Ro­me­lio Martínez y en el Me­tro­po­li­tano? P.V.:

La can­cha. Yo pien­so que en el Ro­me­lio, co­mo es más pe­que­ño, se sien­te más la pre­sión. En esa épo­ca, es­ta­ban en la ra­dio el ‘cham­pion’ Éd­gar Pe­rea y Fa­bio Po­ve­da, ellos pren­dían a los hin­chas. Lo vi­ví con el Unión, con la Se­lec­ción Co­lom­bia y con Mi­llo­na­rios.

C.A.L.: ¿Y cuan­do es­ta­ba en la se­lec­ción sen­tía el cam­bio en­tre ju­gar en Ba­rran­qui­lla o en Bogotá, en Me­de­llín u otra ciudad? P.V.:

Cla­ro. En el Me­tro­po­li­tano se vi­ve un am­bien­te di­fe­ren­te y el calor de la ciudad, cuan­do se jue­ga a las 3:30 de la tar­de, lo sien­te más el equi­po con­tra­rio. Co­mo no­so­tros en­tre­ná­ba­mos aquí to­dos los días ya sa­bía­mos có­mo era, te­nía­mos una ven­ta­ja. Pe­ro no siem­pre sir­ve el clima, es cla­ve te­ner bue­nos ju­ga­do­res y ar­mar un gran equi­po.

C.A.L.: Cuan­do us­ted ju­gó en Francia y en Es­ta­dos Uni­dos, ¿qué se lle­vó de La Are­no­sa? P.V.:

No so­lo de Ba­rran­qui­lla, del Ca­ri­be. In­clu­so cuan­do me fui pa­ra Bogotá y Ca­li me lle­vé el calor hu­mano de las per­so­nas, es al­go que no se en­cuen­tra en otra par­te, es úni­co.

C.A.L.: ¿Qué tie­ne Ba­rran­qui­lla que no ten­ga nin­gu­na otra ciudad del mun­do? P.V.:

La gen­te. Nor­mal­men­te en la cos­ta to­dos son ché­ve­res, pe­ro en Ba­rran­qui­lla es es­pe­cial. Vuel­vo y le re­pi­to, me adop­ta­ron, sien­to su ca­ri­ño, res­pe­to y ad­mi­ra­ción. En­ton­ces yo di­go: ¿qué más quie­ro? Pien­so que ele­gí bien y es­toy con­ten­to aquí.

C.A.L.: Us­ted siem­pre qui­so aca­bar su ca­rre­ra pro­fe­sio­nal en el Unión Mag­da­le­na. Cuan­do es­ta­ba to­do lis­to pa­ra ju­gar allá, ¿qué fue lo que pa­só? P.V.:

Ese fue uno de los sue­ños que no pu­de cum­plir. No pu­de re­ti­rar­me en El Ci­clón, el equi­po que yo más quie­ro. Cuan­do se hi­zo po­si­ble ya me ha­bía re­ti­ra­do.

C.A.L.: ¿Y ahí fue don­de us­ted di­jo en Ba­rran­qui­lla me que­do? P.V.:

Sí, fue una de­ci­sión fa­mi­liar. Nos que­da­mos. Y te­ne­mos a Santa Marta a una hora. Via­jo allá ca­da vez que pue­do, es que el cam­bio no fue tan drás­ti­co por­que si­go en la cos­ta. Vi­vo en una ciudad pu­jan­te, que ti­ra pa’ lan­te y don­de la gen­te me quie­re. Co­mo de­ci­mos no­so­tros, es­toy ama­ña­do. Y apro­ve­cho es­ta en­tre­vis­ta pa­ra agra­de­cer­le a Ba­rran­qui­lla por adop­tar­me co­mo su hi­jo. Tra­to de de­vol­ver­le lo que me ha da­do des­de el de­por­te, que es lo que me gus­ta. Vi­vo agra­de­ci­do y or­gu­llo­so de có­mo es­tá cre­cien­do es­ta ciudad.

C.A.L.: Pa­ra us­ted, ¿cuá­les han si­do los tres me­jo­res ju­ga­do­res que vio en el Ju­nior? P.V.:

¡Di­fí­cil! pe­ro bueno; uno es el maes­tro Al­fre­do Aran­go, del que ya le ha­blé, que fue mi ído­lo co­lom­biano. Tam­bién ten­go que men­cio­nar al bra­si­le­ño Víc­tor Ep­ha­nor y al em­pe­ra­dor pe­ruano Ju­lio Cé­sar Uri­be.

C.A.L.: Me nom­bró a tres ‘craks’. Aho­ra le voy a men­cio­nar a tres co­lom­bia­nos y us­ted me ha­bla de ellos. Co­men­ce­mos por Víc­tor Da­ni­lo Pa­che­co... P.V.:

Es uno de los gran­des con los que tu­ve la opor­tu­ni­dad de ju­gar. Sien­to una ad­mi­ra­ción to­tal ha­cia él, co­mo per­so­na y de­por­tis­ta. Cuan­do lle­gué al Ju­nior Víc­tor era un ‘pe­laí­to’, le de­cían ‘Pa­che­qui­to’. Pe­ro yo le di­je al di­fun­to Fa­bio (Po­ve­da Már­quez, pe­rio­dis­ta de­por­ti­vo): “No, na­da de ‘Pa­che­qui­to’, es­te pe­lao ya es­tá gran­de, hay que po­ner­le ‘Pa­che­cón’”.

C.A.L.: Pe­ro se que­dó ‘Pa­che­qui­to’… P.V.: Sí, así lo re­cuer­da la gen­te. C.A.L.: Le men­ciono otro, Os­wal­do el ‘Ne­ne’ Mac­ken­zie... P.V.:

Ah, cla­ro, ‘Ca­re­pe­rro’, pu­ra ‘ca­li­dá’. Yo le di­go así de ca­ri­ño. Otro gran­de. A los 18 años ya sa­bía que iba a ser una fi­gu­ra im­por­tan­te del fút­bol co­lom­biano y mun­dial. Cuan­do uno se re­ti­ra de es­te de­por­te ha­ce un re­cuen­to y pien­sa: con quién ju­gué, qué me pa­só, qué hi­ce, qué no hi­ce. Ju­gar al la­do de ‘Ca­re­pe­rro’ fue una sa­tis­fac­ción to­tal, cla­ro que sí.

C.A.L.: Y un ter­cer nom­bre, Iván Re­né Va­len­ciano... P.V.:

¡Un go­lea­dor! Lo co­no­cí, jun­to a los otros dos pe­laos, cuan­do lle­gué al Ju­nior. Sa­bía que con esa nó­mi­na po­día­mos ser cam­peo­nes del fút­bol co­lom­biano. Que­ría un tí­tu­lo. Ya ha­bía si­do sub­cam­peón con Mi­llo­na­rios, una vez; y con el De­por­ti­vo Ca­li, tres ve­ces. Es­ta­ba ‘ve­te­rano’, te­nía 30 y pi­co de años, pe­ro me pre­pa­ré fí­si­ca­men­te y me de­di­qué. Con ese equi­po di­mos vuel­ta olím­pi­ca, fue una gran sa­tis­fac­ción.

“Vi­vo agra­de­ci­do y or­gu­llo­so de có­mo es­tá cre­cien­do es­ta ciudad. Tra­to de de­vol­ver­le lo que me ha da­do des­de el de­por­te”.

La gen­te, di­ce 'El Pi­be', es lo que di­fe­ren­cia a Ba­rran­qui­lla de cual­quier otra ciudad del mun­do.

Cé­sar Au­gus­to Londoño

FO­TO:ARCHIVOPARTICULAR

Pró­xi­ma­men­te Ba­rran­qui­lla ten­drá otro re­fe­ren­te pa­ra el de­por­te co­lom­biano: el Cen­tro de Al­to Ren­di­mien­to que se cons­tru­ye en un pro­yec­to con­jun­to de la Fe­de­ra­ción Co­lom­bia­na de Fút­bol y la Al­cal­día de Ba­rran­qui­lla.

FO­TO:AFP

Los hin­chas ju­nio­ris­tas no ol­vi­dan el cam­peo­na­to na­cio­nal que ob­tu­vo el club en 1993. Va­len­ciano, en la fo­to, fue uno de los héroes jun­to a Pa­che­qui­to, el 'Ne­ne' Mac­ken­zie, y por su­pues­to, el ‘Pi­be’.

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