Semana (Colombia) - Especial : 2019-12-01

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Ciudad viva Enrique. Ahiman –nombre artístico que eligió– fue hilando su reputación durante años, y su pasión por la música lo alejó de las garras de las bandas criminales hasta que, por fin, la violencia amainó. En 2007 empezó a ‘parchar’ con amigos y amigas que compartían el gusto por el rap. De ahí salió el colectivo Quinta con Quinta, convertido hoy en una fundación cuyo objetivo es reunir a los jóvenes de la ciudad alrededor del para alejarlos de la delincuenc­ia y formarlos en la paz. de la fundación. Al final, se celebra un festival de tres días donde caben el teatro, el grafiti, el y el rap. Este año se esperan 1.800 personas. La fundación se ha vuelto mucho más que rap. Por ejemplo, la escuela itinerante llegó en 2016 hasta el corregimie­nto de Juan Frío, en la frontera con Venezuela, y allí donde el horror del paramilita­rismo sigue reciente, ‘Del Norte Bravos Hijos’ empezó a construir memoria histórica con los jóvenes, entre pasos de breakdance breakdance. “Dos años después iniciamos un círculo de sororidad con las mujeres. A través del tejido y audiovisua­les empezamos a hablar con ellas de memoria. Esa memoria individual de las chicas, pero también una colectiva de lo que había sucedido y sigue sucediendo en Juan Frío”, hip hop relata Valentina Zapata Quiceno, una de las coordinado­ras de Quinta con Quinta. Cada sábado en la tarde, las mujeres y niñas del corregimie­nto se sientan en un espacio que fue propiedad de los paramilita­res, a tejer. Entre tanto, conectan sus experienci­as dolorosas como mujeres de la frontera y como víctimas del conflicto. El arte se convierte en algo fundamenta­l en la sociedad, tanto como la medicina. “Parchar era lo que no permitía la violencia: no puedes estar en la esquina después de tal hora, no puedes estar en los parques… La violencia genera el desencuent­ro, porque una sociedad desarticul­ada es más fácil de vulnerar en todos sus derechos. Y el arte lo que hace es encontrar a las personas, y es nuestra apuesta hoy día”, “Ha sido un pretexto para sanar mi alma de tantas cosas que me tocó guardar”, “Por la necesidad no había caso de llorar, de lamentarme por mí misma, había cosas más urgentes. Esto me ha permitido sanarme y asimilar las cosas”, dice una de las mujeres de la sororidad. concluye. Los nómadas de ‘Del Norte Bravos Hijos’ siguen recorriend­o esas calles de la comuna Atalaya –pasando por la Quinta con Quinta– donde el rap salvó a Ahiman –hoy director de la fundación– de cargar heroína de una esquina a otra por 100.000 pesos. La escuela ha llegado desde Cúcuta hasta municipios como Gramalote, Puerto Santander y Tibú, pero, sin importar el lugar, el rapero tiene clara su misión: reflexiona Ahiman. Luego de varios años de hacer festivales anuales, Ahiman y sus compañeros concibiero­n la idea de lograr un impacto más amplio. Así, en 2016, la Fundación Quinta con Quinta puso en marcha la escuela itinerante ‘Del Norte Bravos Hijos’. “En un proceso de cinco a seis meses les enseñamos a jóvenes sobre ‘hip hop’. Pero no solo aprenden el arte, sino qué van a construir con ese arte. Los acompañamo­s en temáticas como derechos humanos, sentido de pertenenci­a, arraigo territoria­l y memoria en la región”, “Creo que nada existe en la realidad que no exista primero en la imaginació­n. Y si no somos ni siquiera capaces de imaginar un país distinto, pues va a ser imposible que podamos construirl­o. El arte se convierte en algo fundamenta­l en la sociedad, tanto como la medicina”, En 2016 la Fundación Quinta con Quinta puso en marcha la escuela itinerante ‘Del Norte Bravos Hijos’. detalla Paola Cañizares, coordinado­ra de comunicaci­ón concluye. 109