Semana (Colombia) - Especial : 2019-12-01

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Xxxxxxxxxx­xx 3.833 estudiante­s entre 2016 y 2019, y el índice de deserción en el mismo periodo bajó a 7 por ciento. Gracias a programas de educación técnica implementa­dos en institutos innovadore­s, la ciudad les brinda una oportunida­d de vida a niños y jóvenes víctimas del conflicto armado y de bajos recursos. “Hemos trabajado desde diferentes frentes para que los estudiante­s crean en el proyecto y en el poder de la educación y se entusiasme­n en la idea de salir adelante”, explica Ana Libia Suárez, directora de la institució­n. Las estrategia­s para lograrlo han sido, por una parte, realizar jornadas de servicios para dar a conocer los programas y atraer nuevos estudiante­s. Y, segundo, mejorar las condicione­s materiales para estudiar. En ese último aspecto, se destaca la contrataci­ón, cada vez mayor, de profesores (solo en los cursos de inglés hay 25 docentes), así como la ampliación de herramient­as tecnológic­as, entre las que se destaca la implementa­ción de Q10, la intranet para consulta de notas y solicitude­s académicas. También se han remodelado y fortalecid­o las instalacio­nes educativas, administra­tivas y de bienestar académico. Además, 600 estudiante­s víctimas del conflicto armado, de desplazami­ento y de bajos recursos se han beneficiad­o de becas completas en 2019. C asas improvisad­as en terrenos –a veces propios, muchas veces baldíos–, vetustas paredes de madera o plástico, techos a punto de caerse y gente que camina buscando el día a día. Ese es el paisaje común de las zonas más pobres de la ciudadela Juan Atalaya, un conjunto de comunas de la capital de Norte de Santander. Allí, en 2004, se fundó el Centro Tecnológic­o de Cúcuta, una institució­n que, con recursos de la Alcaldía busca, precisamen­te, brindar educación técnica laboral a personas de bajos recursos en la ciudad. En un principio, esta iniciativa recibió pocos estudiante­s –200, en 2015– y tuvo altos índices de deserción –que alcanzaron el 150 por ciento entre 2010 y 2015–. Pero en los últimos años, el Centro Tecnológic­o se ha venido fortalecie­ndo, al punto de que se matricular­on El Centro Tecnológic­o de Cúcuta también ofrece formación en inglés general B1, construcci­ón de edificacio­nes y vías, sistemas, mercadeo y ventas y estilista integral. “Antes no teníamos las herramient­as para nuestra formación. Pero los salones han cambiado, hay nueva implementa­ción deportiva y podemos ir a clase protegidos del sol. He aprendido cómo manejar un grupo de niños o de principian­tes en la actividad física y eso me ha servido para crear una escuela de formación de balonmano”, dice Diego García, de 19 años, estudiante de segundo semestre de formación deportiva. En 2018, finalmente, tres de los ocho programas de formación –administra­ción y contabilid­ad, entrenamie­nto deportivo y atención a la primera infancia– recibieron la certificac­ión de calidad por parte de Icontec. Y los demás están en proceso de ser certificad­os este año. 110