Semana (Colombia) - Especial : 2019-12-01

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Un nuevo norte E l río Pamplonita agonizaba. El 2 de junio de 2007, una explosión en el oleoducto Caño Limón-coveñas produjo un derrame de petróleo que contaminó sus aguas y afectó gravemente su ecosistema. La mancha de crudo bajó hasta Cúcuta –ciudad que recorre a lo largo de ocho kilómetros y de la que es la principal fuente hídrica–, dejando sin líquido vital a 450.000 personas durante 11 días, según un estudio de Fenalco. En ese entonces, un informe de la Universida­d Francisco de Paula Santander estimó que desapareci­ó el 73 por ciento de los peces del río. Si bien se iniciaron labores para recuperarl­o, en diciembre de 2011 otro derrame tiñó el río Pamplonita de negro. Por si fuera poco, un año antes, durante el invierno de 2010, una fuerte crecida socavó los márgenes del afluente, colapsando la banca de la Avenida del Río y poniendo en riesgo los edificios –y las personas– asentados a sus orillas. Ahora, la cara del río está cambiando. La intervenci­ón en el Pamplonita de la máxima autoridad medioambie­ntal del departamen­to de Norte de Santander, la Corporació­n Autónoma Regional de la Frontera Nororienta­l (Corponor), ha reordenado su cauce y ha empezado a recuperar la fauna y flora. Con ello se mitigó la socavación acelerada del suelo de ladera en los márgenes del río cuando pasa por Cúcuta. El río nace a 3.200 metros sobre el nivel del mar –en el municipio de Pamplona– y desemboca en el río Zulia al norte del departamen­to, en Puerto Santander. En su parte alta, fluye por un valle estrecho y profundo donde son constantes los deslizamie­ntos sobre su cauce. En época de lluvias, todo el material que cae es arrastrado hasta su parte baja, a su paso por la capital del departamen­to. Esto provoca un proceso de sedimentac­ión que ha dividido el canal principal. Todos estos factores –sumados a la desaparici­ón de los árboles a lo largo de la ronda hídrica– han generado un río inestable y riesgoso. Tras un estudio realizado en alianza con la Universida­d Francisco de Paula Santander y en el marco de las recomendac­iones del Plan de Manejo y Ordenamien­to de una Cuenca (Pomca) y el racionamie­nto con la comunidad, Corponor se puso manos a la obra. ¿Agua limpia? Así como es la fuente principal de agua de los municipios de la zona, el río Pamplonita es también su principal receptor de aguas residuales. Allí van a parar residuos sólidos, vertimient­os de tipo industrial y doméstico, desechos tóxicos y derrames de combustibl­e. En el informe de marzo de este año, Corponor midió el Índice de Calidad de Agua en 18 puntos a lo largo del río: tres dieron como resultado ‘Aceptable’, 14 ‘Regular’ y uno ‘Mala’. Como parte de su búsqueda de nuevas alternarti­vas por medio de reuniones con varios gremios e institucio­nes, en octubre pasado, Corponor acudió al Banco Interameri­cano de Desarrollo en busca de recursos para instalar dos plantas de tratamient­o. La recuperaci­ón del río ha sido posible gracias a una alianza público-privada con empresas extractora­s de material de arrastre, la academia y otras institucio­nes. “El modelo utilizado para la recuperaci­ón de la sección hidráulica (remoción de material vegetal) fue el de articulaci­ón publico-privada y responsabi­lidad social empresaria­l de las empresas extractora­s de material de arrastre. De esta forma, se desarrolla­ron las actividade­s sin costos adicionale­s para el presupuest­o de Corponor distintos a los aportes en especie de los estudios y recomendac­iones del equipo técnico de la corporació­n, de la Universida­d Francisco de Paula Santander y la Unidad Departamen­tal de Gestión del Riesgo” –explica el director de la corporació­n, Gregorio Angarita– “La prioridad es que se puedan diseñar, construir y poner en funcionami­ento las Plantas de Tratamient­o de Aguas Residuales (PTAR), para descontami­nar las aguas de los ríos Zulia y Pamplonita”, “Así, se llevan a cabo obras para preservar el paisaje natural en áreas críticas y el control de erosión y manejo de suelos. Los elementos clave de este proyecto tienen que ver con medidas de recuperaci­ón, el declaró el director Angarita en una entrevista ese mes. 25