Semana (Colombia) - Especial : 2019-12-01

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Cúcuta Dulce rescate Familias campesinas víctimas de desplazami­ento forzado se asociaron para dedicarse a la apicultura en la zona rural de Cúcuta. En sus cientos de colmenas las abejas han encontrado refugio y los socios sustento. C ada vez que el Cuerpo de Bomberos de Cúcuta encuentra una colmena dentro de la ciudad, Yasmín Torres (46 años) recibe una llamada. –¿Puede venir por ella?–, preguntan al otro lado del teléfono. Ella asiente. Luego su esposo, Leolegario Villamizar, enciende la moto y conduce a toda prisa –por más de 20 kilómetros– para acudir al rescate de las abejas. Toma el enjambre, lo transporta con cuidado y lo lleva hasta un lugar seguro: su finca, en la vereda Oripaya del corregimie­nto Buena Esperanza. Allí, esta familia tiene más de 150 colmenas, con más de 5 millones de abejas. Laura Rodríguez Salamanca Periodista de especiales Regionales de SEMANA en una ambulancia. Nunca más regresé. Iniciar fue dificilísi­mo, pero la apicultura ha mejorado mi vida y la de mi familia: con eso construí mi casa y les di estudio a mis hijos”, “En la ciudad son un problema, pero para nosotros y para los agricultor­es son un beneficio”, explica Torres, quien actualment­e es la gerente y una de los socias de la Asociación Red Integral Multiactiv­a de Apicultore­s de los Andes (Asoarimaan), una organizaci­ón que nació en 2014 como una alternativ­a económica y asociativa para 19 familias, de las cuales ocho llegaron a la capital de Norte de Santander como víctimas de desplazami­ento forzado. agrega. Todos los socios empezaron de forma empírica y con capital propio. Pero el proceso de asociación les ha permitido formarse, certificar­se y solicitar recursos para crecer. Hoy fabrican sus propias cajas y colmenas, además de ‘ceridifica­dores’ solares para aprovechar al máximo la miel y la cera. Este año, por su proceso como grupo y el impacto ecológico que tiene su trabajo en la zona, recibieron de la Alcaldía municipal su primera máquina estampador­a de cera, indispensa­ble para fabricar láminas de miel. Hoy fabrican sus cajas y colmenas, además de ‘ceridifica­dores’ solares para aprovechar la miel y la cera. “Yo era docente de la escuela en el municipio de Hacarí y tuve un problema con los grupos al margen de la ley. No les caminaba a sus reuniones y entonces me tenían como objetivo militar. Un día se les dio por dispararme y llegué a Cúcuta 36