Semana (Colombia) - Especial : 2019-12-01

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Retrato D iciembre de 2012. Al coliseo Eustorgio Colmenares Baptista, de Cúcuta, no le cabía un alma más, pero, como siempre, sobraba entusiasmo desde sus gradas. Se celebraban los terceros Juegos Deportivos Paranacion­ales, y uno de los aspirantes al podio era hijo de la casa: Jesús Augusto Romero. Sentado en su silla de ruedas, recibía una ovación mayor a las de años atrás, cuando era amo y señor de la gimnasia en Colombia. Suficiente impulso para que el oro volviera a brillar en su pecho. El accidente en 2002, durante un entrenamie­nto en el Centro de Alto Rendimient­o de Bogotá, que lo dejó con movilidad reducida, suponía el fin de una brillante carrera. Pero encontró en Jairo Ruiz el consuelo incondicio­nal y las palabras de aliento para insistir, persistir y jamás desistir. Aquel título marcó un antes y un después en la vida de ambos. Jesús volvía a vivir gracias al deporte, y al lado suyo estaba la misma persona que se lo inculcó tres décadas atrás en el colegio María Reina: Jairo Ruiz. o competenci­a”, afirma, sin titubear, ese hombre que, de sus 63 años, 57 los ha pasado entre arzones y barras fijas. cuenta, desde un lugar soñado: el Fisiogym Mentality, un centro de alto rendimient­o en Cúcuta que ha ampliado en la última década con equipos modernos y profesiona­les calificado­s en fisiología, fisioterap­ia y psicología. Metódico hasta más no poder, asegura haber arrancado en un cuchitril, como llama con cariño al reducido rincón en el Inem, donde desempolvó e instaló unos aparatos alemanes. Desde la incomodida­d, ayudó a crear la Liga Norte de Santander de Gimnasia, para luego ganarse un espacio en el coliseo menor y ahora contar con aquel lugar referente en Colombia y varios países del área. Más allá de la inversión, el centro goza de un valor agregado incalculab­le: “La gimnasia es el amor de mi vida”, Fabián M. Rozo C. Periodista deportivo “Ayudar a muchas familias a salir adelante. Los gimnastas, en un alto porcentaje, son de clase humilde y ver a muchos ahora bien ubicados, reconforta. ¿Y sabe cómo me agradecen ellos? Con material pedagógico para asesorarme en la compra de equipos para el Fisiogym e impulsar a más jóvenes a salir adelante”, “Nadie le ha regalado nada: todo se lo ha ganado a pulso, con esfuerzo y mucha entrega. Puede despertars­e a las tres de la mañana y a esa hora empezar a trabajar las sesiones del día. Nunca termina antes de las once de la noche su jornada y ese ejemplo que nos transmite es fundamenta­l para soñar siempre en grande”, dice. Los gimnastas, en un alto porcentaje, son de clase humilde y ver a muchos ahora bien ubicados, reconforta. afirma Jossimar Calvo, otro de sus alumnos aventajado­s, al que moldeó entre oro. El múltiple campeón nacional, bolivarian­o, suramerica­no, centroamer­icano y panamerica­no, asegura aprenderle algo nuevo cada día. “Su papá, también licenciado en Educación Física de la Universida­d de Pamplona, lo llevó a una exhibición. Le hicimos pruebas de flexibilid­ad y fuerza y mostró potencial. Así empezó la historia de un campeón en todo el sentido de la palabra”, “Es un libro abierto. Me formó, desde la disciplina, la responsabi­lidad y el compañeris­mo a trabajar duro para lograr lo que uno quiere y, sobre todo, en siempre trazarse nuevas metas, no conformars­e e ir por más”, dice Ruiz. La disciplina identifica a este entrenador. dice. Entregado a sus ilusiones, Ruiz tiene en mente “Gimnasta sobresalie­nte no fue, pero sí consagrado “garantizar la alimentaci­ón de los muchachos en su preparació­n diaria y el sueño del podio mundial. Hemos sido quintos, sextos y octavos en esas justas, pero quiero una medalla y, si no la gano con Jossimar, la logro con Ángel Barajas, un joven prodigio que a sus 13 años ya es campeón nacional infantil y juvenil. Lo veo triunfando en los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud”, –recuerda Carlos Ramiro Tarazona, pionero de la gimnasia artística en Norte de Santander–. Le gustaba dirigir, empaparse del detalle, leer, estudiar, capacitars­e. Por eso, su vocación era la docencia”. “un tipo con temperamen­to, pero no amargado como creen algunos. Es muy estricto y de carácter. Al comienzo se le llamaba la atención porque actuaba muy duro con los niños: los paraba sobre las manos para exigirles, porque siempre ha buscado la perfección”. “Soy amigo de los gimnastas cuando termina el entrenamie­nto o en espacios que no incluyan preparació­n Lo define como advierte. Metas nunca faltan. Han sido el motor de su vida. Incluso las personales, que terminan siendo profesiona­les. Y si no bastase con tantos ejemplos, este es diciente: el 30 de noviembre se casa con Michelle María, pero no habrá espacio para la luna de miel. Al otro día inicia la concentrac­ión de dos meses con el presente y futuro de la gimnasia nortesanta­ndereana. Ella lo ha entendido. Y es que, para conocer y aceptar a Jairo Ruiz, siempre se debe tener en cuenta algo: de nada sirven el carácter o la disciplina, si no se tiene corazón. Escanee este código con su `smartphone´para ver el video de las promesas de la gimnasia 99