Semana (Colombia)

Buen Comienzo: la man zana de la discordia

Daniel Quintero sigue agitando las aguas de la política paisa; el programa de atención a la primera infancia es ahora el centro de la disputa.

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HIERVE EN MEDELLÍN UNA polémica con todos los elementos para crear una crisis: atención infantil, dineros públicos y argumentos encontrado­s entre el gobernante de turno y los que ya pasaron. Se trata del programa Buen Comienzo, que atiende a la primera infancia, tan exitoso y premiado que inspiró la iniciativa De cero a Siempre, del Gobierno nacional. Creado en 2004, en la alcaldía de Sergio Fajardo, y consolidad­o con los megajardin­es infantiles de la administra­ción de Alonso Salazar, Buen Comienzo se convirtió en un estandarte de atención que empieza en la gestación y va hasta los 5 años, y que desde siempre fue ue operado por funfundaci­ones como Carla Cristina, Fundación Atención a la Niñez ( FAN) y Fundación Autónoma Universita­ria taria de las Américosas Américas. Parecía que las cosas iban por buen camino, pero se fracturó uró hace un mes.

Todo empezó cuando ando la Alcaldía de Medellín les pidió a los operadores que para contratar debían n estar en el Banco Nacional de Oferentes de Primera Infancia del ICBF, requisito imposible e de cumplir, pues dicha convorta, convocator­ia no está abierta, por lo que se abría la posibilida­d sibilidad de nuevos contratant­es ntes que ya estaban en la base e de datos, lo que no terminó de e gustar en la capital paisa. Eso sacaba de taco a los contratist­as de siempre, que ya tenían toda una infraestru­ctura montada y la experienci­a de años. Así las cosas, hubo una oleada de protestas y una denuncia por parte del mismo alcalde Daniel Quintero en contra de la Fundación Carla Cristina por falsificac­ión de documento público.

Hoy se sabe que la falsificac­ión existió y que se quiso pasar un documento de 2019 como expedido en 2021. Según Miriam Mesa López, directora de la fundación, la noche en que se conoció la denuncia se la pasaron escarbando en lo más profundo de los trámites para tratar de detectar qué había pasado. Dice que la empleada encargada de los trámites reveló, después de varias negativas y de asegurar que no sabía qué había sucedido, que ella había falsificad­o el documento porque creyó que no iban a poder tramitarlo, pues trabajaban contra el tiempo. Sin embargo, se pudo certificar – asegura Mesa López– que todo estaba en orden para obtener el documento original y que dicha falsificac­ión parecía hecha a la medida para ocasionar un daño interno.

Ahora hay una demanda penal en contra de la exempleada, y también un aire enrarecido entre la alcaldía y la fundación, como de conspiraci­ón. No es de extrañar: la denuncia apuntó al corazón de una alianza política y empresaria­l que ha gobernado a Medellín desde 2003: los progresist­as – entre fajardista­s y uribistas reposados– y el Grupo Empresaria­l Antioqueño. tioqueño. Justo el presidente pr de la junta directiva de la Fund Fundación Carla Cristina es Ricardo Sierra, gerente g de Celsia, filial lial de Argos. Hoy M Medellín vive lo que pasa en casi todas la las ciudades del país cuando llega un nue nuevo alcalde: una ruptura tura de procesos. En el caso de la capital tal antioqueña se está removiendo el piso de proyec proyectos que se mantuviero­n vieron por cas casi dos décadas, y en los que em empresas y organizaci­ones ciones par participar­on con éxito en un gan gana- gana que parecía inquebrant­a inquebrant­able.

Pero la a andanada de la Alcaldía caldía contra los prestadore­s del servicio no quedó ahí. Daniel Quintero ha d dicho en varias oca

siones que en la alimentaci­ón ofrecida se encontraro­n – en años pasados– bacterias que pusieron en riesgo la salud de los niños, incluso trazas de materia fecal. Hasta ahora no se conocían pruebas de dichas acusacione­s; sin embargo, SEMANA tuvo acceso a algunas de las resolucion­es en las que se notificó el hallazgo de bacterias. Una de ellas es en contra de Carla Cristina, y fechada del 27 de febrero de 2019 – durante la alcaldía de Federico Gutiérrez–. Allí consta que se localizaro­n coliformes fecales y Bacillus cereus, que “dan cuenta de la afectación a la calidad e inocuidad de los alimentos brindados a los niños y niñas del programa Buen Comienzo, toda vez que los coliformes fecales son microorgan­ismos patógenos que pueden llegar a afectar la salud, en lo más mínimo pueden llevar a presentars­e diarrea, vómito o fiebre. Esto puede llevar a deshidrata­ción, y si es un niño con un estado nutriciona­l alterado, puede llegar a una afectación más grave (...)”.

Los casos se repiten en distintos informes, y no solo sucede con la Fundación Carla Cristina – que además aparece en una terminació­n de contrato por el cobro de un arriendo en un bien inmueble cedido en comodato por parte de la Alcaldía–. También hubo incumplimi­entos de este tipo por institucio­nes como la Asociación Unidos por la Infancia ( Asuinfanci­a), Corporació­n Educativa

Nueva Gente ( Coringe) o la Fundación Educativa Bucarelly. De acuerdo con la Alcaldía, desde 2015 han detectado 44 resolucion­es por este tipo de casos en contra de operadores del programa Buen Comienzo.

El proceso de intervento­ría para esta clase de contrato consiste en una evaluación al azar de los alimentos, y también de las manos de quienes los sirven y los preparan. Fue en ese procedimie­nto en el que se detectaron las bacterias, muchas de ellas entre 2018 y 2019. En su momento, la Fundación Carla Cristina se defendió asegurando que estaban corrigiend­o y que solo se trató de cuatro hallazgos de 64 rastreos microbioló­gicos que se hicieron durante todo el contrato.

Al final, los descubrimi­entos terminaron en multas que iban entre el 0,5 y el 2 por ciento del valor de los contratos. A la actual Alcaldía dicho castigo le parece irrisorio; aseguran que se debió haber hecho una reseña ante la Cámara de Comercio para que el sistema público conozca estos incumplimi­entos y, al acumularse, las institucio­nes quedaran vetadas para futuros contratos. Perciben que todo fue engavetado y que solo se buscó una retribució­n económica muy baja. Desde la Fundación Carla Cristina, por ejemplo, afirman que se trató de un proceso poco estricto, pues en los informes no constan porcentaje­s de contaminac­ión ni si la cantidad encontrada era “normal” en ciertos contextos, además de que no se veían en el acumulado de la atención. Y es que los hallazgos estuvieron en chocolates, quesos y frutas, alimentos que suelen provenir de terceros.

La polémica no para. Las fundacione­s han revelado que el año pasado la atención a los niños se contrató al filo de la fecha límite, pues la Alcaldía no había surtido los trámites necesarios y tuvieron que cuadrar todo en cuestión de un fin de semana. Además, han dicho que el ambiente estaba enrarecido con la administra­ción desde diciembre, pues no tenían plan de trabajo ni convocator­ia de contrataci­ón. Ahora se rumora que detrás de la prestación estaría la fundación Colombia Avanza, la cual se ve filtrada por políticos tradiciona­les del municipio de Bello. Por otro lado, ya se hacen comparacio­nes. En 2020, un coordinado­r pedagógico de Buen Comienzo atendía 200 niños, este año asisten 360; un docente tenía a cargo 20, hoy son 36; un nutricioni­sta, 300, y ahora son 720. Las cifras, denuncian desde veedurías ciudadanas, crecen en detrimento de la atención, sin contar con que los precios de contrataci­ón siguen siendo los mismos. ¿ Dónde se queda el dinero? n

SE ESTÁ REMOVIENDO EL PISO DE PROCESOS QUE SE MANTUVIERO­N POR CASI DOS DÉCADAS Y EN LOS QUE EMPRESAS Y ORGANIZACI­ONES PARTICIPAR­ON CON ÉXITO EN UN GANA- GANA QUE

PARECÍA INQUEBRANT­ABLE.

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El programa Buen Comienzo empezó en 2004 como un piloto de asistencia a los niños de 0 a 5 años.
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Con los años, Buen Comienzo se convirtió en un programa integral de atención nutriciona­l, psicológic­a, académica y artística.

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