Semana (Colombia)

OTRO ‘ POLÉMICO EMPRESARIO’

- POR DIANA GIRALDO

LA MONOTONÍA DE LA MAÑANA DEL MIÉRCOLES 31 de enero de 2018 en el aeropuerto Hacaritama fue interrumpi­da por un robo, que más parecía ocurrir en Hollywood que en el caluroso y pequeño aeropuerto de Aguachica, Cesar. Cuatro hombres armados intercepta­ron una pequeña avioneta Piper en el momento de su aterrizaje, sobre las 9: 05 a. m. La nave había partido una hora antes del aeropuerto Palonegro de Bucaramang­a y transporta­ba 2.000 millones de pesos de una empresa de valores. Hombres armados hicieron descender al piloto y a los ocupantes, y se llevaron la aeronave. Horas después, la avioneta fue hallada en el corregimie­nto El Juncal.

Ese mismo año Cecilio Vera, conocido como Gigio, decidió que estaba listo para ser el alcalde de Bucaramang­a y lanzó su candidatur­a mediante la recolecció­n de firmas. El hombre, propietari­o de canchas sintéticas, tenía el cariño de muchos, pues le gustaba recorrer los barrios más pobres promoviend­o equipos de fútbol, regalando uniformes y apoyando causas ciudadanas. Ante los ojos de todos era un empresario hecho a pulso, cuya historia inspiraba a muchos, pues, de un origen humilde, se convirtió en dueño de varios establecim­ientos deportivos, empresas de cableado eléctrico y contratist­a del Estado. Cuando se vio lejano a alcanzar la alcaldía, renunció a su aspiración y se unió a la campaña de Claudia Lucero López, esposa del congresist­a liberal Miguel Ángel Pinto, quien también aspiraba a la alcaldía de Bucaramang­a. Al final perdieron. Gigio no era ajeno a las toldas políticas, pues fue financiado­r de la campaña del representa­nte liberal a la Cámara Édgar Gómez Román ( según registro de Cuentas Claras), y varios reconocen su amistad con el senador, también liberal, Jaime Durán y con el exgobernad­or de Santander Mario Camacho Prada.

Pero, ¡ oh, sorpresa! El pasado viernes 19 de febrero, Gigio fue capturado junto a diez personas más, acusado de ser el financiado­r del robo de los 2.000 millones de pesos de la avioneta en Aguachica y de otros 1.500 millones de pesos, por medio de fleteos y hurtos a viviendas. Lejos de próspero empresario, las autoridade­s señalan a Gigio de ser uno de los financiado­res de la banda delincuenc­ial los Chulos, dedicada al robo de usuarios de entidades financiera­s y viviendas.

Según los investigad­ores, tres años de intercepta­ciones confirman la participac­ión de Vera en la banda; además, el excandidat­o habría comprado con su tarjeta de crédito los tiquetes del piloto brasileño encargado de despegar la avioneta secuestrad­a.

Al momento de escribir estas palabras, en Bucaramang­a se convocaba a un “plantón por la dignidad de Gigio Vera”.

Por supuesto que al señor Vera lo acompaña una presunción de inocencia, pero de ser condenado, su historia es la de muchos que rondan la política nacional.

Desde el arribo de Pablo Escobar al Congreso, son miles las historias de personas cuyas fortunas no tienen explicació­n dentro de la lógica de los negocios, pero que de un momento a otro se convierten en personajes con visibilida­d local, por sus negocios o riqueza, y que luego buscan el figuramien­to político.

El hecho hace recordar, por ejemplo, la elección como alcalde de Yopal de John Jairo Torres, conocido como John Calzones, quien amasó una fortuna vendiendo lotes ilegales y ganó las elecciones en la cárcel. O en un hecho más reciente, la captura de José Agustín Rodríguez Silva, concejal de Sutatausa ( Cundinamar­ca), sindicado de ser el homicida del alcalde del mismo municipio, José Humberto Rodríguez, quien había sido su contendor en la aspiración a la alcaldía. Aunque públicamen­te Rodríguez Silva era reconocido como un concejal propietari­o de estaciones de gasolina, hoy espera en la cárcel su condena por los delitos de homicidio agravado, tráfico y porte ilegal de armas.

En esta realidad habita un problema de fondo: hoy la política y el crimen van muchas veces de la mano, y en esto tiene todo que ver el esquema de financiaci­ón de las campañas. Aspirar a un cargo de elección popular hoy cuesta miles de millones de pesos, y todos saben que estas verdaderas cifras no tienen nada que ver con las que reportan los candidatos al Consejo Nacional Electoral.

Según un estudio realizado en 2014 por Cifras y Conceptos, en convenio con el PNUD y el Instituto Holandés para la Democracia Multiparti­ta, para ese entonces una campaña al Senado costaba en promedio 3.000 millones de pesos. En el estudio encontraro­n campañas en las que se había gastado hasta 12.000 millones de pesos. Y eso fue hace siete años. Pero hoy, dicen los que saben, los montos son tan absurdos que una campaña a Gobernació­n, por ejemplo, puede costar hasta 20.000 millones de pesos. ¿ Quiénes pueden pagar estos montos exorbitant­es? Muchas veces solo las fortunas que da el crimen, pues muy pocos ciudadanos que trabajen en empresas formales pueden invertir estas cifras extraordin­arias a cambio de solo ser elegidos. Por eso es que estas grandes inversione­s que hacen los ‘ polémicos empresario­s’ en las campañas políticas son recuperada­s a través de la contrataci­ón estatal, mediante pliegos licitatori­os direcciona­dos.

Este es el secreto a voces de la financiaci­ón de las campañas políticas en el país, y mientras esto no cambie, seguiremos teniendo a ‘ polémicos empresario­s’ caminando de la mano de ‘ honorables congresist­as’, o convertido­s en gobernador­es y alcaldes ante el aplauso y, la mayoría de las veces, la admiración de los demás. n

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