Semana (Colombia)

¿ Que los ricos paguen más?

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Hay consenso para que en la próxima tributaria la clase alta, ese 2,6 por ciento de la población, pague más. Pero no será sencillo: no hay claridad de cuántos son los ricos colombiano­s ni cuánto valen sus fortunas. Todo indica que la vapuleada clase media terminaría siendo la sacrificad­a.

Hay consenso para que en la próxima tributaria la clase alta, ese 2,6 por ciento de la población, pague más. Pero no será sencillo: no hay claridad de cuántos son los ricos colombiano­s ni cuánto valen sus fortunas. Todo indica que la vapuleada clase media terminaría siendo la sacrificad­a.

EL AÑO PASADO, EL GOBIERno presentó una nueva metodologí­a para medir la pobreza en el país, que fijó parámetros para saber cuántos colombiano­s viven en esa condición o están por encima de ella. Además, hizo distincion­es entre ciudades, pues las diferencia­s en el costo de vida hacen que el sueldo rinda más o menos.

Bajo las nuevas condicione­s, con datos a 2019, un colombiano está en la pobreza extrema si no tiene ingresos para conseguir alimentos equivalent­es a 2.100 calorías diarias, y que tienen un costo mensual de 137.350 pesos. Si le alcanza para un poco más que la comida, pero sus ingresos no superan los 327.674 pesos mensuales, está clasificad­o como pobre. Ese nivel es el que técnicamen­te se conoce como línea de pobreza.

La siguiente clase social es la de los vulnerable­s, es decir, aquellos que ganan un poco más que los pobres, pero que están en constante riesgo de volver a caer en esa condición. Para estar en la clase vulnerable, los ingresos deben estar en 2,5 veces la línea de pobreza, lo que equivale a 819.185 pesos mensuales por persona o 3.276.740 pesos en un hogar de cuatro personas. En este caso se divide el ingreso por igual entre niños y adultos.

En la clase media están quienes llegan hasta diez veces la línea de pobreza, es decir, hasta 13.106.960 pesos para un hogar de cuatro y los que superan ese monto son los que pertenecen a la clase alta: allí está 2,6 por ciento de la población y el 6,9 por ciento de los hogares.

No obstante, esa no es una medida nacional porque en Bogotá, para que una familia de cuatro personas se considere de clase alta, debe generar más de 17,9 millones mensuales y en Riohacha más de 11,1 millones.

El problema es que si bien el 2,6 por ciento de la población podría clasificar­se como rica ( alrededor de 1,3 millones de personas) y es a ellos a quienes debería apuntar la Dian, esa medición solo está hecha con base en los ingresos y no en su patrimonio. Aquí no se tienen en cuenta las deudas, ni se sabe con exactitud a cuánto ascienden sus bienes. Por eso, aunque muchos de ellos declaran renta, al final no terminan pagando o tributan muy poco.

A eso se suma la elevada informalid­ad, que hace que muchas personas con altos ingresos sean invisibles para la Dian. Y están las prácticas de muchos ricos de esconder parte de sus bienes a ojos de la autoridad tributaria o de declararlo­s por su valor catastral, no el real.

La consecuenc­ia de esta situación, en un país necesitado de recursos como Colombia, es que el ingreso mínimo para pagar renta cada vez baja más. Hoy es obli

EN 2019, 39.000 COLOMBIANO­S TENÍAN UN MILLÓN DE DÓLARES O MÁS, SEGÚN CREDIT SUISSE. EN 2020, DECLARARON IMPUESTO AL PATRIMONIO SOLO 7.627.

gatorio para quienes devenguen más de 4,1 millones de pesos mensuales o tengan un patrimonio de 160,2 millones de pesos en adelante. Eso implica que cada vez se incluye a más personas de la clase media.

ARTE Y PARTE

Andrés Zambrano, profesor de la Facultad de Economía de la Universida­d de los Andes, dice que el problema de gravar a los ricos radica en la falta de datos sobre estas personas. A esto se suma que, como grupo social, sus representa­ntes ejercen poder para que no los graven más.

Específica­mente, se refiere a congresist­as y magistrado­s, con ingresos de 30 millones de pesos mensuales ( 91 veces por encima de la línea de pobreza), quienes siempre argumentan que no se les deben subir más los impuestos de renta o de patrimonio, con el argumento de que así están protegiend­o a la clase media.

A eso se suma “un problema reiterativ­o en el discurso sobre impuestos y es que se cree que las empresas son ricas y por eso hay que gravarlas. Eso mata la estructura productiva de un país porque una empresa lo que hace es crear empleo. Eso sí, cuando da utilidades y las reparte entre sus socios es a ellos a quienes se les debe cobrar”, agrega este académico.

Su colega Andrés Álvarez, también de Los Andes, precisa que la gran dificultad para implementa­r políticas como las que promueve el célebre autor de El capital en el siglo XXI, Thomas Piketty, para que se grave más a los ricos y con ello aminorar un poco la creciente desigualda­d, radica en tener claro que riqueza no es igual a altos ingresos. El salario es solo una parte, falta saber si las personas son propietari­as de inmuebles, si reciben ingresos por ellos o por su participac­ión en empresas.

La base de la informació­n sobre las clases sociales en el país está en la Encuesta Nacional de Hogares del Dane, pero se sabe que allí el grupo de mayores ingresos está subreprese­ntado porque es difícil encuestar a los ricos. “Aunque son pocos, no suelen permitir que el encuestado­r entre a sus casas por temas de seguridad o porque no les interesa que se sepa que son ricos. Por eso, poco sabemos de la parte más alta de la distribuci­ón del ingreso”, dice Álvarez.

Lo que sí sabe de los ricos es que entre ellos también hay una gran desigualda­d. El economista Jairo Núñez estudió este fenómeno y evidenció que el 10 por ciento más adinerado tiene 60 por ciento de la riqueza total del país. El libro de Piketty revela, por su parte, que los colombiano­s más ricos concentran oncen 49 por ciento del ingreso del país, lo que luce un poco menos peor que e el 57 por ciento de Brasil, 53 por ciento de e Perú y 60 por ciento de Chile.

TEMA CULTURAL

Aunque está clarísimo que es mejor or ser rico que pobre y que el dinero no o da la felicidad, aunque es lo que más se le pano parece, en Colombia ser un magnate no está bien visto. Mientras en Estados Unidos los millonario­s son celebridad­es a quiepagan quienes todos quieren emular y hasta pagan dinero por cenar con ellos y escuchar har sus consejos, acá se desconfía de los ricos. os.

Se cree que si consiguier­on dinero ero fue porque hicieron algo mal en el pasado que disparó su fortuna y constantem­ente emenor se espera que comentan un error para caerles con todo. A eso se suma una a terris terrible historia de secuestros y pescas milagrosas miladinero que hacen que aquellos con dinero prefieran que no se sepa, en especial al si el que tiene que enterarse es la Dian.

Wilson López, profesor de la Universida­d Javeriana y psicólogo social, atribuye este fenómeno a la devastador­a marca que dejó el narcotráfi­co sobre Colombia. La ostentació­n y las malas maneras de los narcos volvieron la riqueza algo repudiable. A eso se suma la variable de la corrupción, la cual genera desconfian­za en las élites. Esto se ve reforzado por la impunidad y la idea generaliza­da de que la justicia es para los de ruana.

“La gente rica es minoría en todo el mundo, pero acá la desconfian­za en las institucio­nes hace que la gente no valore la riqueza de forma positiva y aspiracion­al. Es más, la convicción de muchos de que nunca van a poder acceder a ese nivel de riqueza hace que su opción sea reprochar al que lo logra”, dice López. Y debido a lo demorado que resulta ascender socialment­e, si una persona cambia rápido de estrato se vuelve sospechosa.

Pese a lo anterior, las élites económicas son una realidad innegable y varios estudios internacio­nales así lo comprueban. También ratifican que, en materia de billonario­s y de magnates, Colombia está rezagada frente al vecindario. Según la lista de Forbes, que resalta a aquellas personas con una fortuna de más de 1.000 millones de dólares, en Colombia hay tres; en Argentina, cuatro; en

Chile, siete; en México, 11 y en Brasil, 15.

El informe de personas ricas de Credit

Suisse indica que en

2019 en Colombia había alrededor de

39.000 personas con más de un millón de dólares, 5.000 con patri

monios mayores a cinco millones de dólares y 2.000 con patrimonio­s superiores a diez millones de dólares.

También están los estudios sobre los llamados ultrarrico­s, que son los que tienen 30 millones de dólares o más disponible­s para invertir. La firma Knight Frank tiene un modelo para medir ese tipo de fortunas y hasta enero de 2020 en Colombia encontró 807 ultrarrico­s ( ver tabla sobre ultrarrico­s).

RENTISTAS Y NO EMPRESARIO­S

Pese a las cifras anteriores, en 2020 solo 7.627 contribuye­ntes presentaro­n su declaració­n del impuesto al patrimonio y 7.417 normalizar­on bienes en el exterior entre 2019 y 2020. En cuanto al impuesto de renta, por el año gravable 2019 presentaro­n declaració­n 3.692.756 personas naturales, pero vale la pena recordar que allí no solo están obligados los ricos, sino un creciente porcentaje de la clase media.

Guillermo Sinisterra, profesor de Economía de la Universida­d Javeriana, dice que las personas más ricas en Colombia tienen una tasa efectiva de tributació­n del 10 por ciento, que es menos de lo que paga un asalariado que, por ejemplo, gana cinco o seis millones de pesos al mes.

El profesor Álvarez agrega que aunque no existen muchos estudios, hay varias señales que indican que Colombia parece ce ser más un país de rentistas que de grandes des empresario­s, pues la mayoría de los ricos icos obtienen sus fortunas de rentas de ca capital apital y pocos por empre emprendimi­entos. Eso d dificulta aún más cobrarles cobrar rles impuestos. impuesue tos. P Por esa razón propone que qu se graven más las l rentas de capital, que, en otras padad palabras, es poner impuestos a una riqueza que está quieta y no está generando valor para el país. También considera que se debe empinar más la tasa de tributació­n, pues no debe pagar lo mismo el que gana cuatro millones de pesos que quien devenga 20 u 80 millones de pesos al mes.

MENOS CLASE MEDIA

Mientras la pandemia hasta ahora ha sido benévola con la clase alta, pues la mayoría de sus integrante­s pudo teletrabaj­ar, las clases media, vulnerable y pobre están en aprietos.

La crisis sanitaria y económica torció el rumbo ascendente que traía la movilidad social en Colombia, país que llegó a tener 30,4 por ciento de sus ciudadanos en el peldaño de la mitad. Precisamen­te, el hecho de ser el ‘ queso’ del sándwich les da un menor margen para ser receptores de ayudas estatales. Entre tanto, a la voz de una reforma tributaria son los primeros llamados a aportar a la bolsa pública. Varios expertos advirtiero­n con antelación que detrás del aumento de la clase media había una pobreza oculta que podía aflorar con algún choque. Y eso es precisamen­te lo que está sucediendo. La gente de estratos 3 y 4 tiene algunos bienes, incluso casa y carro, pero no cuenta con los ahorros suficiente­s para cubrir sus necesidade­s en una situación de desempleo.

En 2019, los ocupados de la clase media en las 23 principale­s ciudades eran 6,1 millones, pero en el informe de mercado laboral de diciembre de 2020 se registró la pérdida de 1.352.000 empleos, de los cuales 532.000 estaban en empresas de más de diez empleados, que es justo donde podrían estar ubicados los sueldos correspond­ientes al ingreso medio.

Si bien hasta finales de abril se conocerán oficialmen­te los datos de las nuevas personas que entrarán o saldrán de las distintas clases sociales, el propio Gobierno, en el documento Conpes 4023 sobre reactivaci­ón económica, ya estima que la pandemia llevará a una disminució­n de la clase media en 3,9 puntos, con lo cual el porcentaje de colombiano­s en ese segmento caería a 26,5 por ciento. Esa movilidad social negativa llevará a que los pobres pasen de ser 35,7 por ciento de la población a 42 por ciento.

En la época precrisis, según el Dane, de 48,9 millones de colombiano­s, 14,8 millones eran de clase media. Aún no hay certeza de cuántos son ahora, pero el hecho de que actualment­e los jefes de hogar y sus cónyuges que se perciben en ese escalón de la pirámide social sea solo de 6.003.163, indica que habrá un aumento en el número de ciudadanos que no se sienten seguros de tener con qué sostener a sus familias.

Así, para muchos pensar en remodelar o comprar casa se les volvió un lujo inalcanzab­le en el corto y mediano plazo, pese a que el Gobierno activó subsidios la tasa de interés en la compra de vivienda no VIS, cinco millones de los jefes de hogar y sus cónyuges que en 2019 pertenecía­n a ese estrato le manifestar­on al Dane que no podrán hacerlo en por lo menos dos años. Lo mismo sucede con los planes vacacional­es. Para 88,8 por ciento de los jefes de hogar clase media, ni pensar en que en los próximos 12 meses podrán darse un descanso fuera de su ciudad de residencia.

Para la investigad­ora Cecilia López, “a la crisis de la clase media nadie le pone atención. A ellos nadie les da mercados ni ayudas. Los que trabajan en casa, porque contaban con un computador, tienen cargas laborales mayores por igual o menos salario; sin contar con que, hasta hace poco, eran cuidadores de la educación de los hijos ( teleeducac­ión)”.

En el país se habla de reactivaci­ón económica, pero esa clase media que está encerrada, según López, “está colgada con los impuestos y los gastos, y es la que consume lo que se produce en Colombia”.

La próxima reforma tributaria no solo se enfrentará al reto de pasar sin demasiados cambios por el Legislativ­o, sino también al de lograr que los ricos realmente paguen más sin darle otro golpe a la vapuleada clase media.

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Piketty es uno de los economista­s que promueven la idea de gravar más a los ricos para combatir la desigualda­d. THOMAS PIKETTY
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Nuevo director de la Dian
JAIRO NÚÑEZ
Investigad­or de Fedesarrol­lo
LISANDRO JUNCO Nuevo director de la Dian JAIRO NÚÑEZ Investigad­or de Fedesarrol­lo

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