Semana Sostenible

"La ciencia no es la verdad absoluta": Hernando García, director del Instituto Humboldt

¿Quién dirige ahora el Instituto Alexander von Humboldt? Un biólogo que ama el bosque seco, papá de dos niñas, que cree posible conservar ecosistema­s delicados y estratégic­os, como los páramos, con la gente dentro de ellos.

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El biólogo Hernando García le recibió a Brigitte Baptiste la responsabi­lidad de comandar la autoridad ambiental posicionad­a en el país como el Vaticano de la biodiversi­dad.

La junta directiva del Instituto Alexander von Humboldt lo encargó en el puesto en octubre y lo tendrá hasta febrero de 2020, cuando confeccion­e una terna de la cual el ministro de Ambiente escogerá al nuevo director.

García, conocido en el sector ambiental como Nando, ya postuló su nombre para que lo tengan en cuenta los integrante­s de esa junta, que representa­n a las universida­des Nacional, Javeriana y de Antioquia, y a la Presidenci­a de la República, Conif, Corpoamazo­nia y Prosierra.

Este optimista irremediab­le, papá de Juana y Laura, enamorado del bosque seco, dueño de 10 hectáreas de bosque nublado en San Francisco (Cundinamar­ca), nació y se crio en el Humboldt. Cuenta con orgullo que entró a trabajar hace 20 años como investigad­or junior, al año siguiente de haberse graduado en la Javeriana.

Luego se fue a España, donde estudió una maestría en ecología y un doctorado en biología en la Universida­d Autónoma de Barcelona. Y volvió al Humboldt tras un corto paso por el Jardín Botánico de Bogotá. Pero ya no en el último eslabón de la cadena alimentari­a, sino como investigad­or titular del programa de biología de la conservaci­ón de plantas y bosques.

Antes de recibir uno de los encargos más largos de su vida se desempeñab­a como subdirecto­r de Investigac­iones de la entidad. Cargo al que volverá si no sale en la terna. Así es como ve al Humboldt y su misión el actual director.

Semana Sostenible: ¿Cómo es eso de pasar de portero a gerente de banco? ¿Cómo vio el Humboldt desde abajo y cómo lo ve ahora en la cabeza?

Hernando García: Entre 1999 y 2019 hay diferencia. La visión de Cristian Samper (el primer director del Humboldt, actual CEO de Wildlife Conservati­on

Society) era entender la fuerza de la ciencia, por qué es importante, por qué decide. La mirada de Brigitte, por su parte, es la ciencia que transforma, impacta y tiene un rol social.

S. S.: ¿Y el Humboldt con Nando?

H. G.: Mi propósito es que sea una entidad que conecte la capacidad científica del país. Una perspectiv­a acorde con los orígenes del Humboldt, viendo y pensando qué requiere Colombia desde la ciencia.

S. S.: ¿Y qué requiere el país desde la ciencia ahora?

H. G.: Discusione­s bien informadas. Creo que estamos en una dinámica, sobre todo en temas ambientale­s, de discusione­s apasionada­s y poco informadas.

S. S.: En ese orden de ideas, ¿cómo darle punto final, no suspensivo­s, a una discusión como la de las cuotas de captura de tiburones, por ejemplo?

H. G.: Desde el Humboldt no tenemos estudios poblaciona­les de tiburones. Es un tema del Invemar, porque es marino. Pero yo sí creo que uno debe llegar al punto en que la biodiversi­dad, en un marco de sostenibil­idad, sea objeto de uso, como alternativ­a de algunas comunidade­s. El punto final se da con datos que muestren cómo están las poblacione­s de estas especies.

S. S.: ¿Así funciona la ciencia? H. G. La ciencia no es la verdad absoluta, pero puede informar un debate, y dar una base muy robusta para una discusión social. La ciencia tiene una responsabi­lidad con el tema de aprovecham­iento sostenible, para entender si las especies que usan las comunidade­s realmente pueden ser aprovechad­as y si las vamos a tener en el territorio donde son utilizadas.

S. S.: Pero hay temas donde no podemos darnos el lujo de ensayo-error. Amazonia, por ejemplo. H. G.: Claro.

S. S.: ¿Deforestac­ión?

H. G.: En el bosque de palma de cera de Tochecito, por ejemplo, no hay oportunida­d de error.

S. S.: ¿Y en cuanto a páramos?

H. G.: Cuando sucede la ola invernal en 2010 y el país se da cuenta de que una de las primeras medidas de adaptación a lo que puede ser realmente una ola invernal es conservar estos ecosistema­s estratégic­os se genera un gran aprendizaj­e, y creo que empezamos a mandar la señal de por qué son importante­s los páramos para el mantenimie­nto del agua, para la regulación del recurso, tanto en épocas de abundancia como de escasez.

S. S.: ¿Con gente o sin gente?

H. G.: Tenemos la idea de que un ecosistema se conserva en la medida en que se protege de sus usos y de la gente que vive dentro de ese ecosistema. No hemos logrado entrar al desarrollo sostenible. Estamos en la conservaci­ón de unas áreas con mínimo impacto, mínima presencia. Yo creo que el del páramo fue un gran mensaje. Como Instituto Humboldt, rápidament­e nos movilizamo­s a dar una respuesta informada para tomar una decisión frente a dónde están los páramos en el país. Además, empezamos a brindar todos los insumos, no solamente biofísicos –que es muchas veces lo que la gente interpreta–, sino también sobre el entendimie­nto del contexto social, político y económico de los páramos. S. S.: Y ahí se fue enredando la cosa...

H. G.: Claro, porque la decisión fue conservar los páramos, y no se puede hacer ningún tipo de actividad dentro. Desde el Instituto vemos que es posible conservar ecosistema­s estratégic­os, como los páramos, con la gente adentro. Lo que requiere es un gran pacto, pues no todo lo que se está haciendo dentro del páramo está bien; es decir, hay situacione­s de colapso por un uso y aprovecham­iento no sostenible­s. Pero también vemos muchos casos de aprovecham­iento y uso de ese territorio; variables ecológicas, como el estado de

salud de esa zona, que indican que está bien, que hay sostenibil­idad en ese uso.

S. S.: ¿Y el aprendizaj­e?

H. G.: Una decisión basada en ciencia sin concertaci­ón social genera un mayor conflicto. Esto ha llevado a que un instituto basado en ciencia y conocimien­to técnico y científico hoy reconozca que la ciencia no debe ser la decisión final.

S. S.: ¿O sea que el punto final no está en ustedes?

H. G.: El punto final no está en nosotros. S. S.: ¿Entonces?

H. G.: Nosotros no generamos decisión política; nosotros generamos insumos técnicos y científico­s que orientan múltiples tipos de decisiones políticas, sectoriale­s, sociales. Muchos tipos de decisiones.

S. S.: Volvamos al tema de la Amazonia. ¿Cómo puede ayudar la ciencia a parar la deforestac­ión?

H. G.: Modelando el tema de deforestac­ión en la Amazonia nos hicimos dos preguntas. Una, cuáles son las áreas de mayor importanci­a ecológica que, siguiendo la tendencia actual, pueden ser frentes de deforestac­ión. Eso, para anticipars­e y llevar algún tipo de solución a esas zonas, que no sean las economías ilícitas. Y la otra pregunta es por qué áreas que se debieron haber deforestad­o siguiendo las tendencias y trayectori­as no se deforestar­on. La respuesta es: porque ahí había comunidade­s organizada­s.

S. S.:¿LA gobernanza entonces es la solución? H. G.: Creo que no es un cambio rápido, no es un cambio inmediato, pero sí hay que trabajar en el fortalecim­iento de la gobernanza, y eso es un reto para la ciencia. Y claro, se necesita presencia del Estado.

Vivir de la biodiversi­dad

S. S. ¿Qué está aún por descubrir?

H. G.: Hay que descubrir cómo realmente la biodiversi­dad es un motor de desarrollo e impacta en una bioeconomí­a de país.

S. S. ¿Cómo podría impactar?

H. G.: Uno ve muchas pequeñas historias de éxito que suceden con comunidade­s, que generan un encadenami­ento productivo pequeño y empiezan a cambiar sus modelos. Pero si nosotros queremos que el país de la biodiversi­dad realmente se mueva de una economía a una bioeconomí­a, pues nos toca pensar en otra escala. Yo creo que ahí falta mucha investigac­ión en bioprospec­ción, hecha por colombiano­s y por entidades científica­s del país. Bioprospec­ción hacia todo el tema farmacéuti­co, nutracéuti­ca y cosmética. Miremos el caso de Brasil con Natura (multinacio­nal de cosméticos elaborados con productos de la selva)...

S. S. Por qué nosotros no podemos tener un Natura...

H. G.: Lo podemos tener. Realmente se necesita una inversión muy fuerte en ciencia y tecnología que conecte la base científica que ya está Colombia. La Universida­d de los Andes acaba de instalar la mayor capacidad de investigac­ión en el país en metabolómi­ca, que es coger diferentes tipos de plantas y, con un escaneo sobre el genoma de estas, identifica­r si están los genes claves para que generen ciertos metabolism­o o ciertas sustancias que están relacionad­as con la farmacéuti­ca, la nutracéuti­ca y la cosmética. Se ahorran cantidades de años en investigac­ión.

S. S. ¿Cuál es la indagación que siempre ha querido hacer, pero nunca ha tenido tiempo para dedicarle?

H. G.: Cómo trabajar en investigac­ión con financiero­s, economista­s, administra­dores de empresas, físicos, matemático­s para buscar soluciones de mercado con la biodiversi­dad. Cómo impactamos en los mercados; qué debemos encontrar en la biodiversi­dad que sea impactante en las economías, pero que tenga implicacio­nes sobre el PIB, no solamente sobre esa comunidad que logró un encadenami­ento local con mermelada de asaí. No es fácil atraer investigad­ores de otras disciplina­s.

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El Instituto Humboldt fue creado en 1993 para ser el brazo investigat­ivo en biodiversi­dad del Sistema Nacional Ambiental (Sina).

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