ENTREVISTA

Des­pués de 50 años de tra­ba­jo, uno de los pe­rio­dis­tas de­por­ti­vos más po­lé­mi­cos de Co­lom­bia anuncia su re­ti­ro. Con­ver­sa­ción con un hom­bre apa­sio­na­do por el fút­bol, odia­do, ame­na­za­do, pe­ro tam­bién ad­mi­ra­do por ha­blar sin ta­pu­jos.

SoHo - Censurado (Colombia) - - News - POR: DIE­GO GAR­ZÓN FO­TO: LEÓN DA­RÍO PE­LÁEZ

El adiós de Iván Me­jía

Iván Me­jía es ca­le­ño, co­men­zó en el pe­rio­dis­mo es­cri­to ha­ce 50 años, cuan­do ape­nas te­nía 18, en el dia­rio La Pa­tria. Des­pués pa­só a es­cri­bir en Nue­vo Es­ta­dio, in­vi­ta­do por Ja­vier Gi­ral­do Nei­ra, y fue Wbei­mar Mu­ñoz quien le pro­pu­so tra­ba­jar en Ra­dio Vi­sión. Cu­bría deportes co­mo el ciclismo y el bo­xeo, pe­ro al fi­nal se de­di­có al fút­bol. Vi­vió tres años en Eu­ro­pa, don­de se enamo­ró del Bar­ce­lo­na. Su es­ti­lo fren­te­ro, di­rec­to, sin ro­deos, lo ha lle­va­do a te­ner mu­chos enemi­gos. Cuan­do es­tá al ai­re cri­ti­ca sin ta­pu­jos a téc­ni­cos, di­ri­gen­tes, ju­ga­do­res e in­clu­so tu­vo en­fren­ta­mien­tos fuer­tes con co­le­gas. El pro­gra­ma El pul­so del fút­bol, de Ca­ra­col Ra­dio, jun­to a Cé­sar Au­gus­to Lon­do­ño, es uno de los más oí­dos en Co­lom­bia. Vi­ve en Car­ta­ge­na y jue­ga golf a dia­rio. Es­tá ca­sa­do, tie­ne una hi­ja, un hi­jo y dos nie­tas. Es­cri­be una columna en El Es­pec­ta­dor, co­men­ta en Win Sports y des­de Ru­sia anun­ció en su cuen­ta de Twitter que era el úl­ti­mo mun­dial que cu­bría. Y tam­bién ha di­cho que en di­ciem­bre quie­re de­jar los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. ¿El anun­cio de su re­ti­ro es de­fi­ni­ti­vo? Voy a es­tar au­sen­te de los me­dios por un año ini­cial­men­te. Quie­ro de­di­car­me a via­jar y a ha­cer otras co­sas. Me sien­to can­sa­do, sa­tu­ra­do; des­pués del Mun­dial de Ru­sia me cues­ta mu­cho me­ter­me en un par­ti­do. Quie­ro to­mar­me un año y des­pués re­plan­tea­ré si pue­do vi­vir sin el pe­rio­dis­mo o no.

¿Ya sa­be qué via­jes quie­re ha­cer? Ha­wái, en sep­tiem­bre. Quie­ro ra­di­car­me un mes en París; ir a ver uno o dos tor­neos de golf, co­mo el Hon­da Clas­sic en Es­ta­dos Uni­dos; ver el cru­ce de la­gos, en Chi­le; ha­cer los cru­ce­ros de Alas­ka y de los paí­ses bál­ti­cos.

Con el pe­rio­dis­mo tam­bién via­jó mu­cho… ¿Así lo cree? Le doy un ejem­plo: Co­lom­bia jue­ga en Be­lo Ho­ri­zon­te. Lle­ga­da: 9:00 a. m.; transmisión; re­gre­so: 3:00 a. m. ¿Qué se co­no­ce ahí ade­más de la vía que te lle­va al es­ta­dio? He lle­ga­do a Ma­drid a las 2:00 p. m. para trans­mi­tir y re­gre­sar­me al otro día en el pri­mer vue­lo. Es un ima­gi­na­rio de la gen­te. ¿Se­gui­rá vien­do fút­bol o so­lo lo ve por tra­ba­jo? No, a mí me gus­ta mu­cho, soy en­fer­mo. Más allá del tra­ba­jo, es un pa­sa­tiem­po para mí. Es di­ver­ti­do ver al Bar­ce­lo­na o un par­ti­do de la li­ga in­gle­sa. Me gus­ta el buen fút­bol por en­ci­ma de cual­quier co­sa y me mo­les­ta mu­cho el fút­bol mal ju­ga­do.

A pro­pó­si­to, ¿el tor­neo de fút­bol co­lom­biano es tan ma­lo co­mo mu­chos creen? Sin du­da es un fút­bol muy flo­jo. Los ju­ga­do­res bue­nos se ven­den muy rá­pi­do, se van a otros paí­ses y acá que­da un ni­vel muy po­bre y una in­ca­pa­ci­dad tác­ti­ca te­rri­ble. Ha lle­ga­do una olea­da de téc­ni­cos de la es­cue­la ar­gen­ti­na y uru­gua­ya co­mo los ‘Pe­lus­sos’, los ‘Rus­sos’, los ‘Cos­tas’, que creen que to­do se re­du­ce a co­rrer, lu­char. No hay jue­go, se ha per­di­do la esen­cia de to­car la pe­lo­ta; no di­vier­ten, por eso la gen­te es­tá muy abu­rri­da y los pro­me­dios de asis­ten­cia son te­rri­bles.

¿Qué le de­ja­ron Ma­tu­ra­na y ‘Bo­li­llo’ Gó­mez al fút­bol co­lom­biano? Mar­ca­ron una épo­ca, nos de­vol­vie­ron a un mun­dial de fút­bol y en su mo­men­to hi­cie­ron co­sas muy in­tere­san­tes: les gus­ta­ba la pe­lo­ta, aso­ciar­se, prac­ti­ca­ban esa zo­na li­neal que era muy des­co­no­ci­da en el mun­do, que ha­cía el Mi­lán en esos años, pe­ro tar­da­ron en reac­cio­nar y en dar­le la vuel­ta. El te­ma es no que­dar­se en lo mis­mo, el fút­bol es una cons­tan­te pro­gre­sión. Si us­ted mira los

equi­pos de Guar­dio­la pue­de ase­gu­rar que el Man­ches­ter City de hoy no jue­ga a lo que ju­ga­ba el Bar­ce­lo­na cuan­do él lo di­ri­gía. Guar­dio­la ha evo­lu­cio­na­do. Res­pe­to mu­cho a Fran­cis­co Ma­tu­ra­na, eso sí que que­de cla­ro.

¿Y cuál es el le­ga­do de Pé­ker­man? Tie­ne dos eta­pas. La pri­me­ra eli­mi­na­to­ria, cuan­do ju­ga­ba con dos de­lan­te­ros, y la eta­pa del mun­dial, que ju­gó al con­tra­gol­pe y fue muy efec­ti­vo, lo­gran­do los cuar­tos de fi­nal. Des­pués vi­nie­ron las eli­mi­na­to­rias a Ru­sia y Co­lom­bia ju­gó muy mal, fa­tal; ju­gó cua­tro años se­gui­dos a lo que sa­lie­ra. Ju­gó bien los dos par­ti­dos con­tra Ecua­dor, de res­to era una pa­ri­de­ra, en­re­da­do, de­fen­si­vo. No me pa­re­ce tam­po­co que ha­ya­mos he­cho un buen mun­dial en Ru­sia. Si­go sin en­ten­der que 250.000 per­so­nas ha­yan sa­li­do a aplau­dir­lo, eso eran ga­nas de be­ber cer­ve­za y ya. Ese equi­po so­lo ju­gó un par­ti­do bueno, que fue con­tra Po­lo­nia, el res­to fue­ron muy re­gu­la­res. Yo no ha­go par­te del equi­po de las viu­das de Pé­ker­man, son in­so­por­ta­bles.

Pé­ker­man fue muy her­mé­ti­co con la pren­sa, ¿qué opi­na de eso? Creo que to­das las co­sas lle­va­das a los ex­tre­mos son ma­las. Es­toy de acuer­do con que Pé­ker­man hi­zo al­go bueno en el sen­ti­do de ce­rrar la se­lec­ción al ami­guis­mo. Aquí en la Se­lec­ción ha­bía pe­rio­dis­tas que se acos­ta­ban en las ca­mas de los ju­ga­do­res, que les lle­va­ban re­ga­los, que ha­cían fies­tas, que se dis­fra­za­ban… Pe­ro des­pués se fue al otro ex­tre­mo: na­die en­tra, na­die sa­le, na­die co­no­ce. Creo que pue­de ha­ber una sa­na con­vi­ven­cia y no esa gue­rra de­cla­ra­da per­ma­nen­te.

¿Dón­de vio pe­rio­dis­tas dis­fra­za­dos para los ju­ga­do­res? En la épo­ca de Ma­tu­ra­na y Bo­li­llo. Era te­rri­ble. Pé­ker­man se fue al ex­tre­mo de qui­tar­le la Se­lec­ción a la gen­te, que no po­día ni ver el bus cuan­do lle­ga­ba al es­ta­dio. Y es­toy por creer que to­do era para ta­par las co­chi­na­das que ha­cía Pas­cual Lez­cano: don­de es­tá él hay co­chi­na­das. ¿En qué mo­men­to se vuel­ve hin­cha de Amé­ri­ca? El pri­mer par­ti­do al que fui en mi vi­da, cuan­do te­nía 9 años, en 1959, fue por­que mi pa­pá me lle­vó a El Cam­pín. Ese día Mi­llo­na­rios le me­tió 4-1 al Amé­ri­ca, me gus­tó el equi­po de los ne­gri­tos ro­jos.

¿Se pue­de ser co­men­ta­ris­ta e hin­cha de un equi­po? He si­do su­fi­cien­te­men­te dis­tan­te en el ca­so del Amé­ri­ca y tam­bién di­go que to­dos te­ne­mos un equi­po. To­dos. A mí que no me ven­gan con el cuen­to de que no. Lo que pa­sa es que to­do par­te de la pre­mi­sa de sa­ber ex­pre­sar­lo en pú­bli­co y que no se vean mu­chas de las reac­cio­nes de hin­cha.

Su es­po­sa y su hi­jo son hin­chas de Mi­llo­na­rios, ¿a us­ted tam­bién le gus­ta Mi­llo­na­rios? A mí me gus­ta­ba, en al­gún mo­men­to, pe­ro úl­ti­ma­men­te le he co­gi­do fas­ti­dio, se ha vuel­to un equi­po an­ti­pá­ti­co, agran­da­do, so­ber­bio. Sus due­ños son so­ber­bios, arro­gan­tes. La ima­gen de Ser­pa es la del to­do­po­de­ro­so mi­llo­na­rio que com­pra y ha­ce; se cree Abra­mo­vich (due­ño de Chel­sea F. C.). No es ca­paz de com­prar un buen ju­ga­dor de fút­bol, ¿en­ton­ces?

¿En qué mo­men­to se vuel­ve hin­cha del Bar­ce­lo­na? Me fui en 1972 para Es­pa­ña, pa­sé por Fran­cia, es­tu­ve en Ma­drid y vi­ví dos años en Bar­ce­lo­na. Y le con­fie­so: su­fro más por el Bar­ce­lo­na que por el Amé­ri­ca o cual­quier club del fút­bol co­lom­biano. Eso sí me due­le. Hay quie­nes di­cen que es un es­tú­pi­do el que se ha­ce hin­cha de un equi­po ex­tran­je­ro, pe­ro no es­toy de acuer­do.

De los ju­ga­do­res que vio en vi­vo, ¿cuá­les son los que más le han gus­ta­do? Mes­si es un fue­ra de se­rie. Ma­ra­do­na era un fue­ra de se­rie. Cruyff, Ro­nal­din­ho, ju­ga­do­res que uno no ol­vi­da. En Co­lom­bia, Jai­ro Ar­bo­le­da, el Pi­be y el más gran­de de to­dos: Wi­lling­ton Or­tiz. Es el más gran­de que ha pa­ri­do la his­to­ria.

Mu­cha gen­te que lee es­ta entrevista nun­ca lo vio, ¿có­mo ju­ga­ba Wi­lling­ton? Era un ju­ga­dor pe­que­ño, pa­ti­cor­ti­co, de una ha­bi­li­dad im­pre­sio­nan­te, sa­ca­ba a un ri­val en una bal­do­sa, con la ca­be­za arri­ba, ge­ne­ro­so en el fút­bol, po­nía pa­ses en can­ti­da­des. Arran­có co­mo pun­te­ro de­re­cho en Mi­llo­na­rios, ter­mi­nó de in­te­rior en el Amé­ri­ca ju­gan­do prác­ti­ca­men­te de ar­ma­dor. En el Ca­li tam­bién ju­gó de in­te­rior, con gol, con mu­cho pa­no­ra­ma, un es­pec­tácu­lo.

A Mes­si se le juz­ga mu­cho por no triun­far en los mun­dia­les. ¿Us­ted qué opi­na? ¿Cruyff fue cam­peón del mun­do? ¿Di Sté­fano fue cam­peón del mun­do? ¿Dón­de que­dan mu­chos bue­nos fut­bo­lis­tas que no ju­ga­ron mun­dia­les? ¿To­dos los que ha­blan de Cris­tiano Ro­nal­do, por ejem­plo, se han pre­gun­ta­do si ha he­cho al­gu­na vez un mun­dial de­cen­te? ¿Có­mo es su ru­ti­na para in­for­mar­se del fút­bol? Me le­van­to a las cin­co de la ma­ña­na y tra­ba­jo has­ta las 8:30 a. m. bus­can­do no­ti­cias, con­sul­tan­do pá­gi­nas, le­yen­do, ha­cien­do lla­ma­das. Des­pués ti­ro unas bo­las de golf y lue­go gra­bo El pul­so. Leo los dia­rios de­por­ti­vos, que, en ge­ne­ral, son de un pau­pé­rri­mo ni­vel co­mo As, Mar­ca, Olé. La in­for­ma­ción es­tá cam­bian­do, cuan­do uno se sien­ta a mi­rar los pe­rió­di­cos, tie­ne el 80 por cien­to del ma­te­rial a tra­vés de Twitter, que es el nue­vo pe­rió­di­co. El fu­tu­ro de los me­dios es bien com­pli­ca­do. Fí­je­se que Fa­ce­book va a dar la Co­pa Libertadores, el cam­peo­na­to del mun­do, to­do va a ter­mi­nar en el ce­lu­lar. Los ca­ra­co­les te­le­vi­sión, que son arro­gan­tes y se creen los due­ños del mun­do, van a co­men­zar a pen­sar que el ne­go­cio es­tá cam­bian­do. Des­pués de 50 años de ca­rre­ra, ¿qué tan­tos ami­gos le deja el pe­rio­dis­mo? Cuan­do uno no es un la­mecu­los y di­ce las co­sas que pien­sa, no le preo­cu­pa ir­se con ami­gos o sin ami­gos. Me preo­cu­pa ir­me sin ha­ber he­cho mi ta­rea, y creo que la hi­ce. De ami­gos con­cre­ta­men­te me que­dan Ós­car Res­tre­po ‘Tra­pi­to’, con quien me veo muy po­co pe­ro sa­be el ca­ri­ño que le ten­go; y Ja­vier Her­nán­dez Bon­net, con quien ten­go una gran re­la­ción, a pe­sar de que es­ta­mos en me­dios en­fren­ta­dos. Él ha­ce par­te del mo­no­po­lio y yo soy víc­ti­ma del mo­no­po­lio y del pul­po.

¿Y Her­nán Pe­láez? No, Her­nán y yo so­mos muy di­fe­ren­tes. No ten­go una amis­tad más allá de en­con­trar­nos de vez en cuan­do. Si he­mos com­par­ti­do tres al­muer­zos se­rá mu­cho. El tra­to al ai­re era muy cor­dial y ten­go un pro­fun­do res­pe­to por él.

¿Hay téc­ni­cos que lo han lla­ma­do para con­sul­tar­le ali­nea­cio­nes? Sí me han pre­gun­ta­do, pe­ro a ese jue­go nun­ca le en­tré. El más re­cien­te ejem­plo es Juan Car­los Oso­rio, ape­nas ha­ce

JUAN CAR­LOS OSO­RIO ES EN­FER­MO DE LLA­MAR A LOS PE­RIO­DIS­TAS A DE­CIR “VOY A HA­CER ES­TO, VOY A HA­CER LO OTRO, ¿ QUÉ OPI­NAS?”.

DOS MO­MEN­TOS IM­POR­TAN­TES de su tra­yec­to­ria: con Adol­fo Pé­rez, cuan­do tra­ba­ja­ban en Te­le­de­por­tes (1979), y co­mo pre­sen­ta­dor de­por­ti­vo del Noti­cie­ro Crip­tón, con Án­ge­la Pa­tri­cia Ja­niot y Her­nán Castrillón (1987).

A RAÍZ DE UN PAR­TI­DO en­tre San­tos y Na­cio­nal, en Me­de­llín, pu­do en­tre­vis­tar a Pe­lé para Ra­dio Vi­sión.

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