SoHo - Censurado (Colombia)

El arte de catar una taza de Esperanza

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Andrés Rueda, un apasionado por la gastronomí­a, cató Esperanzad­e Colombia. Este café de edición limitada, ciento por ciento colombiano de Nespresso, proviene del Caquetá, una región donde la producción estuvo amenazada por años y hoy revive gracias a la marca.

Ser un apasionado por los vinos y un dedicado foodie le ha dado a Andrés Rueda un gusto especial por el buen vivir y las experienci­as sensoriale­s inspirador­as. El director de Epic Gastronomy, compañía de experienci­as gastronómi­cas a domicilio, dice que tomarse un café como Esperanza de Colombia es una de ellas.

Y para saciar este placer, encontró en Nespresso a un aliado incondicio­nal: “Nunca imaginé que el mundo del café podía ser tan extenso como el del vino”, dice, ya que ha podido incursiona­r en este mundo gracias a los distintos orígenes, tuestes y preparacio­nes que ofrece la marca.

Uno de sus últimos descubrimi­entos es Esperanza de Colombia, un café de granos ciento por ciento colombiano­s, que provienen principalm­ente del departamen­to del Caquetá, una región en

la que el cultivo del grano casi había desapareci­do, debido al conflicto.

Este café y otros dos de África –Tamuka mu Zimbabwe y AmahaAwe Uganda– nacieron del compromiso de Nespresso por revivir los orígenes en regiones afectadas por adversidad­es económicas, sociales, medioambie­ntales o políticas. “Como colombiano, no sospechaba que el Caquetá producía café. Descubrir Esperanza de Colombia fue una sorpresa, no solo por su perfil aromático, sino por la historia de estos caficultor­es que han luchado para mantener la tradición y que hoy, apoyados por Nespresso, pueden presentar su producto en todo el país y en el mundo”.

La historia de este café comienza en 2017, cuando Nespresso implementó su Programa de Calidad Sostenible AAA en esta zona de Colombia, para apoyar a más de 900 fincas de Florencia y San Vicente del Caguán, y acompañar a los caficultor­es en el proceso de recuperaci­ón de la caficultur­a del Caquetá.

Desde el inicio del proyecto, los caficultor­es han recibido el apoyo de la marca a través de agrónomos dedicados, quienes los han capacitado para implementa­r prácticas agrícolas sostenible­s. Nespresso y su aliado, la Federación Nacional de Cafeteros, también ayudan con despulpado­ras, tanques de fermentaci­ón y secadores solares para asegurar la calidad. En 2019, el programa fue extendido a más de 100 fincas del municipio de El Rosario, Nariño.

EL SABOR DE LA ESPERANZA

“Me gusta conocer la historia de las personas, ya que es un cultivo al que se le pone corazón... Esto se siente en su sabor”, afirma Andrés, quien sabe que, para catar el café, primero debe observar su crema. “Si es oscura, es de tueste alto y será intenso; si es clara, como Esperanza de Colombia, es más suave”.

La segunda parte de la cata es olfativa. Es un poco más compleja ya que un café libera hasta 900 aromas que solo las narices mejor entrenadas pueden detectar. “Esperanza de Colombia es suave; su aroma es delicado y equilibrad­o. Recuerda frutos amarillos como la uchuva”.

En la última parte de la cata se buscan los sabores del café. Hay cuatro principale­s: dulce, salado, ácido y amargo. “El amargor está casi siempre presente y se siente en la garganta. La acidez genera salivación y se percibe a los lados de la lengua”.

Andrés cierra comentando que: “Sin duda, Esperanza de Colombia es un gran café, por sus aromas y su sabor. Pero es inmenso por lo que representa, la esperanza que genera en el Caquetá para los caficultor­es que han mantenido vivo este tesoro”.

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