SIN MIE­DO

ES­TOS CIN­CO PER­SO­NA­JES HA­CEN PAR­TE DE LA CAM­PA­ÑA DESTÁPATE # SINMIEDO, DE CER­VE­ZA ÁGUI­LA. ACÁ DESNUDAMOS LOS TE­MO­RES QUE VEN­CIE­RON PA­RA CUM­PLIR SUS SUE­ÑOS E INS­PI­RAR A QUE OTROS CO­LOM­BIA­NOS SA­QUEN SU ME­JOR VER­SIÓN, A TRA­VÉS DE SU AU­TEN­TI­CI­DAD Y CRE­YEN­DO E

SoHo (Colombia) - - Campaña -

EL MINDO

Es­te caleño en reali­dad se lla­ma Armando Or­tiz, pe­ro ca­si na­die lo co­no­ce por ese nom­bre. Con más de mi­llón y me­dio de se­gui­do­res en Ins­ta­gram, se ha con­ver­ti­do en un fe­nó­meno. Su ca­mino pa­ra con­ver­tir­se en uno de los más im­por­tan­tes in­fluen­cers del país em­pe­zó con un salto al va­cío: la de­ci­sión de col­gar la cor­ba­ta y de­jar un tra­ba­jo con­ven­cio­nal pa­ra tra­tar de vi­vir de vi­deos di­ver­ti­dos so­bre si­tua­cio­nes co­ti­dia­nas. Lo que em­pe­zó co­mo un pa­sa­tiem­po mien­tras se re­cu­pe­ra­ba de una frac­tu­ra se con­vir­tió en to­da una em­pre­sa que hoy tra­ba­ja con al­gu­nas de las mar­cas más gran­des del país. Ha si­do tan­to su éxi­to, que ya se ha da­do el lu­jo de bai­lar con Gal Ga­dot y co­no­cer a Bruno Mars.

JOHA­NA BAHAMÓN

La vi­mos cre­cer en la te­le­vi­sión, don­de ci­men­tó una exi­to­sa ca­rre­ra ac­to­ral. Pe­ro a pe­sar de ser una de las ca­ras jó­ve­nes más im­por­tan­tes del país, de­ci­dió sa­lir de su zo­na de con­fort, me­ter­se en un lu­gar al que la ma­yo­ría pre­fie­re no ir y crear nue­vas opor­tu­ni­da­des pa­ra per­so­nas que por sus erro­res ter­mi­na­ron tras las re­jas. Su fun­da­ción, Ac­ción In­ter­na, les ha per­mi­ti­do a re­clu­sas de cár­ce­les co­mo El Buen Pastor, de Bo­go­tá, y San Diego, de Car­ta­ge­na, mon­tar des­de com­pa­ñías de tea­tro has­ta un cé­le­bre res­tau­ran­te.

FERNANDO TRU­JI­LLO

El re­to de es­te bió­lo­go era en­con­trar del­fi­nes en Co­lom­bia. Pe­ro sus pro­fe­so­res le de­cían que acá no ha­bía, que no per­die­ra el tiem­po. Fernando hi­zo ca­so omi­so y sin mie­do a lo que di­je­ran sus co­le­gas se fue al Ama­zo­nas y los en­con­tró. ¡Ro­sa­dos! Bus­car sin mie­do, por im­po­si­ble que pa­re­cie­ra la ta­rea, hi­zo de Fernando Tru­ji­llo uno de los cien­tí­fi­cos más re­co­no­ci­dos del país y una au­to­ri­dad mun­dial en del­fi­nes ro­sa­dos.

CATERINE IBAR­GÜEN

Otra per­so­na se­gu­ra­men­te se ha­bría ren­di­do. En 2008, des­pués de fra­ca­sar en cla­si­fi­car a los Jue­gos Olím­pi­cos de Pe­kín en la dis­ci­pli­na de salto de al­tu­ra, a la que le ha­bía de­di­ca­do años, tu­vo la ten­ta­ción de re­nun­ciar al de­por­te. Sin em­bar­go, lo que hi­zo fue cam­biar de rum­bo y en­fo­car­se en una nue­va dis­ci­pli­na: el salto tri­ple. Esa de­ci­sión, aun­que arries­ga­da, la lle­vó a con­ver­tir­se en una de las me­jo­res atle­tas del país, con me­da­llas de oro y pla­ta en los Olím­pi­cos y va­rios cam­peo­na­tos mun­dia­les en lo más al­to del po­dio.

JUAN FERNANDO QUINTERO

Uno de los mie­dos más gran­des de un ju­ga­dor de fútbol es pa­sar de la glo­ria a “ca­len­tar ban­ca”. En 2012, ‘Quin­te­ri­to’ era una de las ma­yo­res pro­me­sas del fútbol co­lom­biano, al pun­to de lle­gar al Cal­cio tras su bue­na ac­tua­ción en la li­ga na­cio­nal. De allí pa­só al Por­to, de Por­tu­gal, en el que ca­si siem­pre fue su­plen­te y em­pe­zó el ru­mor de que has­ta ahí ha­bía lle­ga­do. Sin em­bar­go, vol­vió al fútbol co­lom­biano, se rein­ven­tó con dis­ci­pli­na, pa­só al fútbol ar­gen­tino, en el que es fi­gu­ra, y en el pa­sa­do Mun­dial de Ru­sia de­mos­tró que es el me­jor vo­lan­te crea­ti­vo del país.

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