SoHo (Colombia)

El hombre en el castillo: cuando Hitler ganó la guerra

¿Qué habría pasado si hubieran sido los alemanes y no los aliados los triunfador­es en la contienda mundial que concluyó en 1945? Esta serie le da una idea y no resulta muy divertida.

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En estos tiempos en que la tentación por el totalitari­smo acecha, vale la pena ver este programa que traza un vívido atisbo del devenir del planeta de haber caído bajo el yugo de la madre de todas las dictaduras.

La Alemania de Hitler y sus aliados, los japoneses, han vencido en la Segunda Guerra Mundial y se han repartido lo que fuera Estados Unidos, tras asesinar al presidente Franklin Delano Roosevelt y lanzar la bomba atómica sobre Washington, de cuyo mítico Capitolio queda solo un cascarón. En el este, la nación aria ha establecid­o una colonia, el Gran Estado Nazi, con capital en Nueva York; mientras que los nipones han hecho lo propio en el oeste con los Estados Japoneses del Pacífico, cuya sede de gobierno es San Francisco. Las naciones están separadas por la Zona Neutral, que se asienta en las Montañas Rocosas y es la más atrasada de todas.

Los capítulos de The man in the high castle,o El hombre en el castillo, que arrancan en 1962, impactan al mostrar cómo ahora es ley toda esa ignominia que puso en alerta al mundo cuando Hitler empezó a expandir su poder por Europa, tres décadas atrás. Los alemanes continúan su cacería racial contra las minorías y aplican sin contemplac­ión la eutanasia a los ciudadanos con discapacid­ades o enfermedad­es crónicas. De ello ni siquiera se salva el hijo del Obergruppe­nführer John Smith, un gringo que llega a ser el máximo representa­nte de Hitler en el país.

Pese a la infamia, hay avances. Se usan ya los teléfonos con video, y aviones muy similares a los Concorde sobrevuela­n los aires. Mientras tanto, en Berlín, embellecid­a con impresiona­ntes construcci­ones que simbolizan su estatus como la urbe más poderosa, Hitler está viejo y decrépito, y enfrenta conspiraci­ones para derrocarlo.

En los Estados Japoneses del Pacífico, por su parte, el régimen aplica una mucho más cruel discrimina­ción racial y los habitantes gozan de los mínimos derechos. La alienación cultural es total: todos están obligados a saludar haciendo la venia y abundan los restaurant­es de sushi y estudios para la práctica de artes marciales. En los dos lados, el jazz y el rock están prohibidos, pues son vistos como una ofensa contra las razas dominantes.

La geopolític­a no es la más apacible. Hay tensiones subreptici­as entre europeos y asiáticos, al tiempo que un movimiento de resistenci­a, liderado en especial por los negros, es duramente perseguido.

La lucha por el aniquilami­ento de la opresión entrecruza los caminos de Ju

liana Crain, el propio Obergruppe­nführer Smith, el agente encubierto Joe Blake y el ministro japonés Nobusuke Tagomi, entre otros personajes. Juliana, la figura central de “los buenos”, una experta en aikido de la zona japonesa, se rebela contra el sistema cuando descubre una serie de películas en las cuales los alemanes de Hitler pierden la guerra y Estados Unidos lanza la bomba atómica sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Los filmes, que no son otros que los que acostumbra­mos a ver en los documental­es históricos, provienen de un tal “hombre del castillo”, lo que le da título a la serie, y no solo han impactado a Juliana, sino que son uno de los grandes motores del movimiento de resistenci­a.

Tras una serie de aventuras, y gracias a la expansión de la mente que logra a través del aikido y la meditación, Juliana descubre que lo que muestran los filmes sucede en una realidad paralela. Los alemanes también lo saben y elaboran la teoría del multiverso, según la cual no hay dos sino muchísimos más de estos mundos, e inventan una máquina para transporta­rse entre ellos. Todo con el fin de robar lo mejor de la tecnología y el desarrollo militar de los demás lugares, para seguir expandiend­o su perverso sistema. Es, igualmente, un arma para combatir la resistenci­a, cada vez más amenazante.

La serie, creada por Frank Spotnitz, quien se basó en el libro The man in the high castle, de Philip K. Dick, ha sido recibida favorablem­ente por la crítica. El sitio Rotten Tomatoes, por ejemplo, le ha concedido calificaci­ones de hasta 95 por ciento de aprobación.

NAZIS Y JAPONESES SE REPARTEN ESTADOS UNIDOS, DONDE INSTAURAN UN RÉGIMEN DE TERROR.

Esa buena estrella la ha acompañado en su cuarta y última temporada, estrenada a mediados de noviembre. En los nuevos episodios, Juliana ha logrado traspasar la otra realidad, es decir, la que se conoce por la historia, y ha entrado en contacto con Smith, quien aquí es un modesto vendedor de seguros en un pueblo cualquiera. ¿Logrará desentraña­r la clave para que los rebeldes tumben a los nazis? La respuesta está en Prime Video, el servicio de streaming de Amazon, que se ha anotado un hit con esta ambiciosa producción.

 ??  ?? Rufus Sewell como John Smith, un gringo que se convierte en máximo representa­nte de Hitler en el Gran Estado Nazi implantado en lo que fuera el este de Estados Unidos.
Rufus Sewell como John Smith, un gringo que se convierte en máximo representa­nte de Hitler en el Gran Estado Nazi implantado en lo que fuera el este de Estados Unidos.
 ??  ?? Alexa Davalos es Juliana Crain, quien se rebela contra el régimen japonés que domina en el oeste, al conocer las películas del misterioso “hombre en el castillo”.
Alexa Davalos es Juliana Crain, quien se rebela contra el régimen japonés que domina en el oeste, al conocer las películas del misterioso “hombre en el castillo”.
 ??  ?? Frances Turner y Clé Bennett, como Bell Mallory y Elijah, militantes de la resistenci­a que busca sacar a nazis y japoneses de Norteaméri­ca.
Frances Turner y Clé Bennett, como Bell Mallory y Elijah, militantes de la resistenci­a que busca sacar a nazis y japoneses de Norteaméri­ca.
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Es 1962 y un decrépito Adolf Hitler, el rol de Wolf Muser, enfrenta en Berlín las amenazas de los japoneses y las conspiraci­ones de sus propios hombres.

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