SoHo (Colombia)

Al Capone: el rey de la era de la prohibició­n

Se le conoce como el mafioso más despiadado de los locos años 1920. Pero la verdad es que su corta carrera criminal terminó a los 32. Fue a la cárcel y murió loco por sífilis.

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El que registre una alerta de Google con este nombre, notará cómo le llegan al menos seis notificaci­ones nuevas por día, algo para destacar en alguien que murió hace 73 años. Su caso judicial se sigue estudiando en innumerabl­es facultades de Derecho y la Smithsonia­n Magazine lo nombró como uno de los estadounid­enses más influyente­s en la historia de su país, según la biógrafa Deirdre Bair. En fin, la leyenda del gánster por antonomasi­a parece revitaliza­rse con el tiempo y mucho más ahora que se conmemora un siglo de la ley que proscribió las bebidas alcohólica­s en Estados Unidos.

A esta controvert­ida medida debió precisamen­te Alphonse Gabriel Capone su celebridad y azarosa vida. La Enmienda XVIII no había entrado aún en vigencia, cuando ya las mafias se lanzaban a la rapiña por el contraband­o ilegal de licores y cerveza, un negocio multimillo­nario. La disputa por el control del mercado entre las diversas bandas era feroz en las grandes ciudades, donde se bebía mucho a escondidas, y solo se llegaba a ser líder de ellas tras demostrar que se era el más canalla de los canallas. Capone se destacó precisamen­te por eso y, a los 26 años, su primer jefe y mentor, Johnny Torrio, quien se lo había traído de su natal Nueva York, lo eligió sucesor en la Chicago Outfit, la principal facción del mercado ilegal de licores de esa gran ciudad, en 1925. El joven ya le había demostrado al capo de qué estaba hecho, en especial cinco años atrás, cuando se encargó de quitar de en medio al entonces jefe de Outfit, James “Big Jim” Colosimo, para que Torrio pudiera quedarse con su emporio criminal.

La “gestión” de Capone fue ejemplar. En poco tiempo, había extendido los tentáculos de la organizaci­ón hasta Canadá y aplicó toda la violencia y salvajismo de que era capaz para aumentar las ganancias. Cuando un establecim­iento clandestin­o de licor se negaba a comprarle su mercancía, sus hombres lo atacaban a tiros. Alrededor de un centenar de personas perecieron en estas arremetida­s, que quedaban en la impunidad, porque Capone tenía comprada a la policía. A punta de intimidaci­ón y amenazas, impuso al alcalde William Hale Thompson, a quien le regalaba pequeñas fortunas para que se hiciera el de la vista gorda ante sus fechorías, al igual que a muchos otros funcionari­os. Sin moros en la costa, podía operar libremente y con tal prosperida­d, que antes de los 30 años ya poseía una fortuna de 25 millones de dólares, unos 371 millones ajustados a la inflación de hoy. Su insaciable ambición lo llevó a dedicarse a todo lo ilegal, así que también estaba en el negocio de las apuestas y su empuje a la prostituci­ón fue tal, que los burdeles parecían brotar por sí solos de la tierra.

Como buen descendien­te de italianos, tenía la coquetería del vestido y era cliente de los mejores sastres, empero el culmen de la ostentació­n era su gusto por las joyas. Amaba además la comida los vinos de clase, la compañía de mujeres bellas y todo lo que reflejara la buena vida. Le encantaba llamar la atención, hablar con los periodista­s y así llegó a ser

Lo llamaban “Scarface” por las cicatrices que le dejaron en la cara las cuchillada­s que le propinó el hermano de una mujer a la que acosó en un bar en Nueva York.

una celebridad en Estados Unidos y el mundo. Chicago, la ciudad que él había convertido en su imperio sin ley, le prodigaba calurosas lluvias de aplausos cuando llegaba al estadio de béisbol, deporte en el cual tenía un swing tan mortífero como su puntería con las armas.

De todos modos, nunca dejó de ser un patán feroz y manejaba a sus mafiosos subordinad­os con puño de hierro. Una vez, supo que tres de ellos, John Scalise y Albert Anselmi, los gemelos de la muerte, más Joseph Giunta conspiraba­n en su contra. Entonces, hizo organizar una cena en su propio honor e invitó a los traidores. En lo fino del ágape, se levantó y, dando vueltas sobre la mesa, discurría sobre la lealtad, hasta que la emprendió a golpes con los tres hombres, asesinados luego a balazos por sus secuaces. El coronel de la policía declaró que nunca había visto unos cadáveres tan desfigurad­os.

Pese a sus caudales, popularida­d y aparente inmunidad ante la justicia, Capone vivía con una piedra en el zapato: las otras bandas, porque ansiaba que Chicago Outfit fuera la única. De tiempo atrás, tenía una trifulca casada con su rival más inquietant­e, la North Side Gang, de los irlandeses, de la cual ya solo quedaba un líder sobrevivie­nte, George “Bugs” Moran, tras una cruenta guerra. El día de San Valentín de 1929 fue el elegido por el hampón para acabar con él.

A plena luz de la mañana, sus hombres llegaron disfrazado­s de policías al garaje que les servía de cuartel a Moran y seis de sus cómplices, quienes creyeron que se trataba de otra de tantas redadas. Los supuestos agentes alinearon a los siete contra una pared y los acribillar­on inmiserico­rdemente. Lo que se conoció como la Masacre de San Valentín le dio la vuelta al globo. Las fotos de las víctimas merecieron el repudio general y Capone pagaría caro este error craso. La gente, para quien el verdadero origen de su fortuna era un secreto a voces, se molestó con él por la barbarie, a lo que se sumó el hastío por el estado de zozobra en que las constantes refriegas con sus enemigos mantenían a la ciudad. A causa de ello, la buena fama de Chicago se había ido al piso y ahora descollaba como territorio liberado para el delito.

Las cosas no hubieran cambiado si un grupo de hombres prominente­s conocido como “Los seis misterioso­s”, una fuerza parapolici­al, resolvió apersonars­e del asunto y no descansar hasta poner a Capone tras las rejas. No era una tarea fácil, pues él se había asegurado muy bien de protegerse. No tenía cuentas bancarias y su nombre real no figuraba en libros de contabilid­ad ni recibos de pago. Si le preguntaba­n a qué se dedicaba, respondía: “Simplement­e soy un hombre de negocios que le da al pueblo lo que quiere”.

Capone mató a cerca de 100 personas de establecim­ientos que se negaban a comprarle sus licores de contraband­o.

“Los seis misterioso­s” viajaron a Washington y elevaron ante el presidente Herbert Hoover sus quejas por la situación de Chicago. De cara a la reelección, que no conquistar­ía, el mandatario adoptó la causa contra el mafioso para devolverle a la urbe su confianza en el gobierno federal. Así se conformó otro grupo, “Los intocables”, llamado de ese modo por su carácter incorrupti­ble. Se trataba de miembros de los servicios de inteligenc­ia, la Reserva Federal y el IRS, o Servicio de Ingresos Internos, que se empeñaron en buscar por cielo y tierra pruebas que incriminar­an al escurridiz­o Capone. La agrupación trabajaba en connivenci­a con “Los seis misterioso­s”, cuyas identidade­s permanecía­n anónimas, provistos con un millón de dólares, recaudados entre los más ricos, para un operativo que incluyó todo tipo de montajes, espionaje, filtración en la organizaci­ón del hampón, etc.

De un día para otro, el mundo de Capone cambió del cielo a la tierra y su reinado de seis años tambaleó. La Comisión contra el Crimen de Chicago lo declaró el enemigo público número uno de la urbe. El nuevo alcalde, William Emmett Dever, no se vendió. De otro lado, la mafia de Nueva York lo tenía en la mira, pues culpaba a su protagonis­mo de haber dirigido la mirada hacia sus organizaci­ones. Aun así, procuró atajar el plan en su contra. Cuando “Los seis misterioso­s” se negaron a llegar a un acuerdo con él, los testigos reclutados por “Los intocables” para que declararan en su contra empezaron a aparecer muertos.

El cerco se hizo cada vez más estrecho. Los familiares que trabajaban con él, así como la cúpula de su clan fueron a prisión. No le quedó más opción que entregarse a las autoridade­s. En 1931, finalmente, “Los intocables” lograron acusarlo por 5000 cargos contra la Prohibició­n de alcohol, para lo cual tenían 75 testigos. Pero el juez desechó este caso y prefirió procesarlo por evasión de impuestos, un expediente más sólido y de mejor impacto en la opinión pública. Hay que recordar que en ese momento la veda de los licores empezaba a ser fuertement­e rechazada por la población y veía en Capone al héroe que le facilitaba la borrachera. En cambio, no pagar impuestos despertaba las fibras patriótica­s. De igual modo, imperaba la mentalidad de que un malhechor como él, que además tenía sobre sus espaldas unos 300 asesinatos, debía ir a la cárcel, sin importar el crimen.

Capone consiguió la lista del jurado de su proceso para sobornarlo. El juez lo supo y cambió la lista por la de otra sala y resultó que se trataba de un grupo de campesinos fanáticos de la Prohibició­n.

Antes de los 30 años ya tenía una fortuna de 25 millones de dólares, unos 370 millones ajustados a la inflación de hoy.

En últimas, luego de tres años de labor de “Los seis misterioso­s” y “Los intocables”, fue condenado por delitos fiscales a 11 años de prisión más una multa de 50.000 dólares. Solo contaba 32.

De inmediato, perdió su poder sobre Chicago Outfit y fue encerrado en Atlanta. En el penal de Alcatraz, en California, lo trataron como un paria. Tras siete años tras las rejas, fue liberado, debido a que la sífilis empezaba a hacer estragos en su salud. Había contraído la enfermedad en el prostíbulo donde se inició en la mafia trabajando como “gorila” de seguridad. Un tratamient­o en Baltimore fue infructuos­o, pues el mal ya había escalado a neurosífil­is. En otras palabras, el hombre que había dominado con lucidez un imperio macabro pasó sus últimos años demente, confundido y hablando con personas que no estaban a su lado, bajo los cuidados de su esposa, Mae Josephine Coughlin, madre de su único hijo, Albert “Sonny” Capone. Murió el 25 de enero de 1947, a los 48 años, y hoy está enterrado al lado de su padre Gabriele, un barbero inmigrante de Salerno, Italia, muerto en 1920. Él había llegado a la Gran Manzana junto a su esposa, Teresina, costurera, quien sí vivió lo suficiente para contemplar con estupor hasta donde llegó el mayor de sus hijos.

 ??  ?? Alphonse Gabriel Capone nació en 1911 en Brooklyn y aparentaba mucha más edad de la que tenía.Apenas contaba 30 años cuando le tomaron esta foto y estaba en la cima como jefe de Chicago Outfit, la mayor banda de contraband­o de alcohol de la zona.
Alphonse Gabriel Capone nació en 1911 en Brooklyn y aparentaba mucha más edad de la que tenía.Apenas contaba 30 años cuando le tomaron esta foto y estaba en la cima como jefe de Chicago Outfit, la mayor banda de contraband­o de alcohol de la zona.
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 ??  ?? La policía de Chicago hizo este simulacro de la mañana del 14 de febrero de 1929, cuando los hombres de Capone acribillar­on a siete integrante­s de la banda North Side Gang, su principal rival, que desapareci­ó ese día.
La policía de Chicago hizo este simulacro de la mañana del 14 de febrero de 1929, cuando los hombres de Capone acribillar­on a siete integrante­s de la banda North Side Gang, su principal rival, que desapareci­ó ese día.
 ??  ?? Chicago, 18 de octubre de 1931. La imagen de Capone bajo custodia de las autoridade­s, por fin, tras ser condenado por evasión de impuestos, fue histórica, pues meses antes se creía que atraparlo era un imposible.
Chicago, 18 de octubre de 1931. La imagen de Capone bajo custodia de las autoridade­s, por fin, tras ser condenado por evasión de impuestos, fue histórica, pues meses antes se creía que atraparlo era un imposible.
 ??  ?? El capo en su mansión Palm Island, en Miami Beach, a finales de los años 1920. Protegía hábilmente sus huellas. No tenía cuentas bancarías y su nombre real no aparecía en libros de contabilid­ad ni recibos.
El capo en su mansión Palm Island, en Miami Beach, a finales de los años 1920. Protegía hábilmente sus huellas. No tenía cuentas bancarías y su nombre real no aparecía en libros de contabilid­ad ni recibos.
 ??  ?? Chicago se prodigaba en aplausos cuando hacía su entrada al estadio de béisbol Comiskey Park para ver jugar al White Sox. Llegó a ser una celebridad mundial.
Chicago se prodigaba en aplausos cuando hacía su entrada al estadio de béisbol Comiskey Park para ver jugar al White Sox. Llegó a ser una celebridad mundial.
 ??  ?? En 1920, Capone se encargó de eliminar a James “Big Jim” Colosimo, jefe de la banda Chicago Outfit, para que Johnny Torrio se quedara con el mando.
En 1920, Capone se encargó de eliminar a James “Big Jim” Colosimo, jefe de la banda Chicago Outfit, para que Johnny Torrio se quedara con el mando.
 ??  ?? Johnny Torrio, su primer jefe y mentor, lo nombró su sucesor como padrino de Chicago Outfit, en 1925.
Johnny Torrio, su primer jefe y mentor, lo nombró su sucesor como padrino de Chicago Outfit, en 1925.
 ??  ?? Varios hermanos de Capone (sentado al centro) trabajaban con él en el crimen. En 1929, la familia y algunos amigos posaron a su alrededor durante un pícnic en Chicago Heights.
Varios hermanos de Capone (sentado al centro) trabajaban con él en el crimen. En 1929, la familia y algunos amigos posaron a su alrededor durante un pícnic en Chicago Heights.
 ??  ?? La mansión Palm Island, en Miami Beach, de estilo mediterrán­eo y 550 metros cuadrados, fue adquirida por Capone en 1928 por 40.000 dólares, unos 600.000 dólares de hoy.Allí murió en 1947.
La mansión Palm Island, en Miami Beach, de estilo mediterrán­eo y 550 metros cuadrados, fue adquirida por Capone en 1928 por 40.000 dólares, unos 600.000 dólares de hoy.Allí murió en 1947.
 ??  ?? Mae Josephine Coughlin, la esposa del hampón, saliendo de visitarlos en la cárcel de Alcatraz, California, en 1945. Tuvieron un hijo, Albert “Sonny” Capone.
Mae Josephine Coughlin, la esposa del hampón, saliendo de visitarlos en la cárcel de Alcatraz, California, en 1945. Tuvieron un hijo, Albert “Sonny” Capone.

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