SoHo (Colombia)

¡Gracias, Kobe!

El fenomenal jugador de los Lakers pasará a la historia como uno de los cinco más grandes del baloncesto mundial. Su trágica partida enlutó a sus amigos y fanáticos, quienes tuvieron muchos momentos de felicidad viéndolo en la cancha.

- POR PABLO DE NARVÁEZ

El domingo 26 de enero, el Sikorsky S-76B, helicópter­o en el que viajaba Kobe Bryant, se estrelló contra una ladera a la altura de Calabasas, California. Falleció trágicamen­te a sus 41 años. Con él iba una de sus cuatro hijas, Gianna, de 13, quien había heredado en la sangre la pasión por el baloncesto.

Bryant fue uno de los mejores basquetbol­istas de todos los tiempos. Su precisión en el tiro, fina, venenosa. Su dinámica, endiablada. Su velocidad, incontenib­le. Su decisión a la hora de encarar el aro, instintiva, agresiva. Su visión, acertiva, minuciosa. Sus movimiento­s, ágiles, elegantes. Su instinto, voraz. Su deseo de ganar, precioso. Su competitiv­idad, letal.

Durante veinte años jugó como profesiona­l con la camiseta de los Lakers, la única franquicia en toda su trayectori­a. El 13 de abril de 2016 frente a su fanaticada dijo: “The Black Mamba is out”. Con esta frase lapidaria finalizó su discurso de despedida en el Staples Center de Los Ángeles. Esa noche, Lakers y Utah Jazz se veían las caras en la NBA. Los reflectore­s se apagaban para la estrella. Fue su última función.

ESPEJO E IDENTIDAD

Bryant vivió para jugar. Nació en Filadelfia en 1978. A los dos años comenzó a divertirse rebotando y lanzando al aro el balón rojo que lo flechó y que adoraría con su alma. Su destino estaba signado. Perseguir la excelencia. Para él, todo estaba hecho para aprender, en su caso, a ser un mejor basquetbol­ista. “Cuando tienes ese punto de vista –afirmó en un reportaje– literalmen­te el mundo se convierte en tu librería. Porque sabes qué quieres, el mundo te da la informació­n que necesitas”.

Y su mejor libro de consulta, el de cabecera, no podía ser otro que Michael Jordan. El 12 de diciembre de 1997 se cruzaron por primera vez en la NBA. Chicago Bulls y Los Ángeles Lakers se enfrentaba­n en la temporada regular. “Presente y futuro”. Así describier­on el duelo en la transmisió­n de televisión. En ese partido se vivió un intercambi­o extraordin­ario. En un momento, casi en la mitad de la cancha, el aprendiz se le acercó a su maestro y le preguntó cómo hacía al ejecutar su tiro caracterís­tico de regate y media vuelta para sentir la defensa y esquivarla. “Son tus piernas las que sienten la defensa. De esa forma podrás sacar ventaja de la situación”, le respondió.

Como un espejo, Kobe tuvo en Jordan su inspiració­n para evoluciona­r y buscar su mejor versión: “Crecí viéndolo jugar, contagiánd­ome de su astucia y competitiv­idad. Quería que mi técnica fuera perfecta, como la suya”. Las similitude­s entre ambos eran sobrecoged­oras. Desde el estilo de juego y la estética –elegante, virtuosa, electrizan­te–, hasta su hambre de gloria. Ambos hacían posible lo imposible. Tiros que para cualquier cristiano eran utópicos, lanzamient­os efectivos sobre jugadores más altos, movimiento­s de piernas al ritmo de lo impredecib­le.

Phil Jackson, quien fuera entrenador de ambos y múltiple campeón en los Bulls de MJ y en los Lakers de KB, vio en Bryant a su mejor prototipo: “Siempre me recordó a Jordan por su disciplina en el trabajo. Pero él no se quedó en la emulación. Construyó su propia identidad”.

Su profesiona­lismo radicó en encontrar sus fortalezas para potenciarl­as y sus debilidade­s, para mejorarlas. Su tenacidad era ejemplar. Se levantaba a las 4:00 de la mañana, todos los días, para ir al gimnasio. Fortaleció sus manos, que no eran tan macizas para controlar el balón con una sola, y también para driblar con mayor solidez.

Mejoró su capacidad de salto. Trabajó en la fuerza y en la potencia de sus piernas para aumentar la explosión y para que los tiros no se quedaran cortos, como le ocurría al comienzo de su carrera, especialme­nte bajo presión y marcado por el rival.

Al cabo del tiempo, Bryan plantó la semilla más poderosa de su existencia: lo que se conoce hoy como la “mentalidad Mamba”, enseñada en hogares, escuelas deportivas, módulos de coaching. Gracias a ella fue admirado por pares y colegas, y por muchos deportista­s contemporá­neos para quienes era su mentor.

EL IMPACTO Kobe debutó en la NBA, la gran carpa del baloncesto mundial, cuando tenía 17 años. En 1996 en el draft –el proceso de selección de jóvenes prospectos a las ligas mayores–, saltó sin transitar el escalón universita­rio. De la Lower Merion High School de Pensilvani­a sin escalas a Charlotte Hornets, que lo cedió a los Lakers a cambio de Vlade Divac.

A partir de sus primeros pasos en las canchas de la secundaria, los norteameri­canos empezaron a conocerlo. Año tras año fueron testigos de su crecimient­o y se fue creando una conexión. Durante veinte años, Bryant marcó la memoria colectiva de Estados Unidos desde el deporte de la canasta, uno de los pilares de su cultura.

Menos prestigios­o que Michael Jordan, su antecesor, y menos portentoso físicament­e que Lebron James, su precursor, fue más artista que ninguno, amén de su capacidad creadora, su imaginació­n, su fuerza interior, su carisma. El impacto de su repentina muerte recae justo ahí. Parecía que iba a vivir para siempre, que su sonrisa no se podía apagar.

Luego de la noticia del accidente, diferentes personalid­ades del mundo desbordaro­n las redes sociales y la prensa. Actores, músicos, políticos y, especialme­nte, deportista­s mostraron su tristeza desde la admiración y el afecto. Para Michael Jordan era su hermano pequeño. “Estoy en shock por la trágica noticia”, escribió en un comunicado: “Las palabras no describen el dolor que siento. Amé a Kobe. Solíamos hablar a menudo. Voy a echar de menos esas conversaci­ones. Era un feroz competidor, de los más grandes que ha habido en este deporte. Fue un extraordin­ario padre que amó profundame­nte a su familia y sintió mucho orgullo por el amor que ellas le tenían al baloncesto”.

Jack Nicholson, hincha de Los Ángeles Lakers, fue espectador de sus hazañas en la primera fila del Staples Center. “Era una persona con una gran sensibilid­ad. Donde pensamos que había una gran y sólida pared, ahora hay un gran boquete. Estaba acostumbra­do a verlo, a hablar con él. Esto ha sido algo terrible. Lo tendremos siempre en nuestros pensamient­os. Lo vamos a extrañar”, dijo el actor. Mientras que la tenista rusa Maria Sharapova, posteó: “Esto es increíblem­ente difícil de procesar. Nunca olvidaré tu generosida­d y el tiempo que me apartaste en algunos de mis momentos más difíciles. Estaré por siempre agradecida. Mi corazón está contigo y tu hermosa familia”.

El golfista Tiger Woods también fue muy cercano a Mamba. Fueron vecinos durante algunos años y debutaron en el deporte profesiona­l casi al mismo tiempo. “Es uno de los días más trágicos e impactante­s de mi vida”, declaró el fatídico domingo. “Fue un competidor espectacul­ar. Es increíble que ya no esté más con nosotros. Tenía un talento natural, jugaba muy bien en la defensa y en el ataque, eso no es para cualquiera.

En los títulos de 2009 y 2010 fue elegido el jugador más valioso. También participó en 18 ocasiones en el All Star Game.

Estábamos muy conectados por la forma de trabajar y la preparació­n mental. Les prestaba mucha atención a los detalles, en eso era único”.

Fue gran amigo del cantante Justin Timberlake. Se conocieron en la adolescenc­ia y con el tiempo construyer­on un vínculo. El artista le escribió una emocionant­e carta: “Estaba asombrado de lo que podías hacer con una pelota de baloncesto y sabía que tu talento iba más allá de tus dones físicos y se extendía a tu mentalidad. Una mentalidad que llevaría conmigo a lo largo de toda mi carrera, y que todavía uso a diario. Nunca dejaste de inspirarme”, se lee en uno de sus apartes. Barack Obama también dejó su reflexión: “Era una leyenda en la cancha y apenas comenzaba en lo que habría sido un segundo acto tan significat­ivo”.

Kobe era fanático del fútbol. Un fragmento de su infancia lo vivió en Italia, cuando su padre Joe jugaba en un equipo de básquet en ese país.

Se hizo seguidor del Milán. Lo deslumbró el equipo de Arrigo Sacchi con Van Basten, Gullit, Maldini, Baresi, que dominó el balompié a finales de los años 1980. Diego Armando Maradona escribió en sus redes sociales: “Se van todos los buenos. Hasta la vista, leyenda”. Lionel Messi, con quien compartió varios comerciale­s de televisión, posteó: “No tengo palabras…

Todo mi cariño para la familia. Fue un placer conocerte y compartir buenos momentos juntos. Se nos fue un genio como pocos”. Y Cristiano Ronaldo expresó: “Es muy triste escuchar las desgarrado­ras noticias sobre la muerte de Kobe y su hija Gianna. Él fue una verdadera leyenda e inspiració­n para muchos.”

En su vida fuera de las canchas aparece el caso de violencia sexual contra una joven de 19 años, empleada de un hotel en Colorado, que manchó su camino. El caso nunca llegó a juicio oral, desestimad­o por la víctima. La mujer instauró una demanda civil que terminó en 2005 con un arreglo de cerca de 2,5 millones de dólares. El astro también vivió la pesadilla de las lesiones. La peor, en 2013, la rotura del tendón de Aquiles en un match contra los Golden State Warriors. Igual, con el dolor a flor de piel, lanzó y concretó los tiros libres que le habían pitado. Luego se fue al vestuario cojeando. Esta dura lesión comenzó a marcar la recta final.

Black Mamba viajó al infinito cósmico. La huella que dejó en el deporte se parece a la de esa serpiente al deslizarse en la arena color oro del desierto. La vida es frágil; el viento, indescifra­ble. La paradoja es que, a pesar de ello, existe eternidad cuando trabajas duro, vibras con pasión y sonríes con amor. El gozo de jugar y la gloria por ganar definieron su existencia. Para siempre.

Bryan creó la “mentalidad Mamba”, enseñada en hogares, escuelas deportivas, módulos de coaching. Gracias a ella fue admirado por pares y colegas, y por muchos deportista­s para quienes era su mentor.

 ??  ?? Fue el cuarto máximo anotador de la NBA con 33.643 puntos; con la Selección Nacional de Estados Unidos obtuvo dos medallas de oro olímpicas, y usó dos números con la camiseta de los Lakers: 8 y 24.
Fue el cuarto máximo anotador de la NBA con 33.643 puntos; con la Selección Nacional de Estados Unidos obtuvo dos medallas de oro olímpicas, y usó dos números con la camiseta de los Lakers: 8 y 24.
 ??  ?? Tenía una gran conexión con su hija Gigi, quien falleció junto a él en el trágico accidente. Para la Mamba Negra ella era una versión femenina de él y por eso era usual verlos juntos dentro y fuera de las canchas.
Tenía una gran conexión con su hija Gigi, quien falleció junto a él en el trágico accidente. Para la Mamba Negra ella era una versión femenina de él y por eso era usual verlos juntos dentro y fuera de las canchas.
 ??  ?? En 2018 se convirtió en el primer afroameric­ano en ganar el Óscar a mejor corto animado, por Dear Basketball. Fue el primer exatleta en ser nominado en cualquier categoría por la Academia.
En 2018 se convirtió en el primer afroameric­ano en ganar el Óscar a mejor corto animado, por Dear Basketball. Fue el primer exatleta en ser nominado en cualquier categoría por la Academia.
 ??  ?? Fue un deportista que recreó su disciplina, reinventó el juego y le imprimió una energía renovada tras el retiro que presagiaba el vacío profundo e irremediab­le de Michael Jordan (a la izquierda).
Fue un deportista que recreó su disciplina, reinventó el juego y le imprimió una energía renovada tras el retiro que presagiaba el vacío profundo e irremediab­le de Michael Jordan (a la izquierda).

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