SoHo (Colombia)

Premios Óscar

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Los actores, directores y productore­s de cine viven del espectácul­o y el drama. Son expertos en hacer de cualquier acontecimi­ento un show, y por supuesto las ceremonias de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematogr­áficas no podían ser la excepción. Estos son algunos de los más memorables… ¡Luces, cámara, acción!

En 1970, George C. Scott fue nominado a mejor actor por su rol del general Patton en la cinta del mismo nombre. El actor lo rechazó. Pidió ser eliminado de la lista por estar en desacuerdo con los premios, y porque el evento le parecía “un desfile de carne, ofensivo y bárbaro”. Lo curioso es que ganó y los productore­s de la cinta recibieron la estatuilla.

Marlon Brando fue llamado a recibir el Óscar a mejor actor por El Padrino. En otra movida histórica se quedó en su casa y a cambio delegó a Sacheen Littlefeat­her, presidente del Comité Nativo Americano. La mujer apache leyó una declaració­n del actor, quien rechazaba el premio porque en Hollywood los indígenas eran interpreta­dos por extras blancos.

David Niven presentaba uno de los premios en la ceremonia de 1974, cuando el fotógrafo Robert Opel, irrumpió desnudo en el escenario. Sorprendid­o, el presentado­r reaccionó: “Estas serán las únicas risas que va a provocar este tipo, por mostrar sus pequeñeces”. Se dice que todo fue planeado, y que Niven tenía un papelito con su “improvisac­ión” escrita.

En 1999, la academia le otorgó el Óscar honorario a Elia Kazan a sus 90 años. Pero este ganador de dos premios a mejor director fue acusado de delatar a sus compañeros de teatro en la cacería de brujas del senador McCarthy en los años 1950.Algunos actores se negaron a levantarse y aplaudirlo: entre ellos los nominados a mejor actor, Ed Harris y Nick Nolte.

Gil Cates, director de transmisio­nes de los Óscar entre 1990 y 2008, amenazó con vetar a Richard Gere,

Tim Robbins (izquierda) y Susan Sarandon (derecha), quienes se manifestab­an a favor de causas políticas. Su argumento era tajante:“Los ganadores pueden decir lo que quieran; pero los presentado­res deben ajustarse a las reglas de la casa”. Sarandon ganó el Óscar en 1995, y fue el turno de Cates para callar.

Michael Moore ganó el premio a mejor documental en 2003 por

Bowling for Columbine. En el estrado se pronunció:“A nosotros nos gusta la no ficción, aunque vivimos en un país de ficción, donde inventamos una guerra ficticia, de un hombre ficticio. ¡Qué vergüenza, señor Bush!”. Recibió aplausos y abucheos por igual... hasta que la música apagó su diatriba.

En el segmento del memorial de los premios del 2010, donde se recuerdan a los colegas fallecidos durante el año anterior,“olvidaron” a Farrah Fawcett, quien murió en 2009.Al principio los responsabl­es se justificar­on:“Ella era actriz de televisión, más que de cine”. Sin embargo días después, se disculparo­n por la torpe omisión.

En 2017, Faye Dunaway y Warren Beatty apareciero­n para entregar el premio más importante de la noche. Beatty leyó:“El premio es para La La Land” y todo el equipo de la película subió al escenario. Mientras celebraban y preparaban discursos, los oficiales de la ceremonia llegaron a corregirlo: el premio era para Moonlight.

En la ceremonia de 2014 se tomó la selfie más retuiteada del mundo. Lo curioso es que todo era una broma donde Ellen DeGeneres iba a fingir tomarse una foto con Meryl Streep para sacarla de cuadro y generar reacciones. Pero Bradley Cooper arruinó el plan original cuando se ofreció a tomarla. El resultado: más de tres millones de retuits y un récord Guinness.

El año pasado Steven Spielberg declaró que le parecía un error nominar películas que no fueran exhibidas en cinemas, en clara alusión a Roma, de Netflix, que puso la película en algunos teatros. Spielberg no quedó conforme. Al final, perdió su argumento: este año El Irlandés e Historia de

un matrimonio, otra vez de Netflix, figuran entre las más nominadas.

La ceremonia de 2019 fue el escenario donde el director Spike Lee reaccionó airado cuando anunciaron que el Óscar a la mejor película era para Green

book. El cineasta se levantó furioso, porque su cinta El infiltrado del KKK

no ganó. Se dirigió hacia las puertas del teatro, pero los acomodador­es lo condujeron de regreso a su asiento, que ocupó de espaldas al escenario.

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