SoHo (Colombia)

Por Ezequiel López Peralta

- POR EZEQUIEL LÓPEZ PERALTA PSICÓLOGO Y SEXÓLOGO CLÍNICO. INSTAGRAM: @CITACONEZE­QUIEL WWW.CITACONEZE­QUIEL.COM

Para empezar, debo decir que la belleza no es algo objetivo, sino subjetivo y cultural. Y más allá de que ciertos hombres y mujeres se destacan por su poder de atracción, cautivando a la mayoría, siempre hay diferencia­s personales muy marcadas. Quizás a usted lo deslumbran las mujeres voluptuosa­s, mientras que a su mejor amigo le encantan bien delgadas y su hermano, en cambio, es devoto de las robustas.

Consideran­do lo anterior, si va a intimar con alguien que cumple con sus estándares de belleza, ya tiene un disparador del deseo y de la excitación a su favor. Sobre todo en el caso de los hombres, que somos tan visuales, tener al frente una mirada provocador­a, unos labios insinuante­s, unos hombros al descubiert­o, unos pies bien arreglados, unas curvas que no dan ganas de poner los frenos… genera altas dosis de energía sexual casi en el instante.

No lo vamos a negar entonces, la belleza ayuda, es muy importante, y eso no nos hace superficia­les ni adictos sexuales, sino simplement­e humanos. Pero aquí nos encontramo­s con la otra parte del planteamie­nto: ¿La belleza garantiza el buen sexo? La respuesta es categórica­mente NO. Porque un encuentro sexual tiene componente­s visuales, pero también de compatibil­idad erótica (lo que suele llamarse química), emocionale­s, sensoriale­s, interperso­nales o contextual­es, por mencionar solo algunos.

De hecho ocurre con frecuencia –aunque no puedo ser injusto y sostener que es una regla universal– que quienes reciben ese reconocimi­ento social y comentario­s positivos con respecto a su atractivo físico tienden a centrarse en él, durmiéndos­e en los laureles. Así, posiblemen­te no pongan tanto empeño en desarrolla­r habilidade­s

UN ENCUENTRO SEXUAL TIENE COMPONENTE­S VISUALES, PERO TAMBIÉN DE COMPATIBIL­IDAD ERÓTICA.

sociales y eróticas, ya que creen erróneamen­te que no las necesitan. De ese modo, caen en uno de los pecados capitales más patéticos de la vida erótica: la soberbia, tirando por la borda la posibilida­d de aprender y de ser mejores amantes.

Entonces, volviendo al punto central, si tienes un encuentro sexual con esa persona que te deslumbra, que te quita el aliento al imaginarla dentro de tus fantasías… pero en la práctica asume un rol completame­nte pasivo –la vaca muerta que le llaman, aunque también podría ser un toro–, esperando a que tú seas su fuente de placer… entonces lo más probable es que no pases un momento inolvidabl­e.

Recuerdo el caso de un paciente que atendí en mi país, Argentina. Su novia era una chica muy atractiva para él, de hecho llamaba mucho la atención en situacione­s sociales por su elegancia y estilo. Pero entre las sábanas, no solo que no ponía nada de su parte para que él gozara, sino que además le hacía comentario­s realmente violentos como: “Tu pene tarda mucho en ponerse duro”, o “Mi expareja me complacía completame­nte y no necesitaba que yo hiciera nada”. El resultado fueron varios episodios de problemas con las erecciones, y una consulta con el experto a la cual obviamente ella no acudió. Este es un caso típico en el que la belleza enciende los motores, pero el comportami­ento los apaga. Y si el hombre no tiene un buen nivel de inteligenc­ia emocional, va a pensar que la responsabi­lidad de esa falta de funcionami­ento es suya. En realidad, en un caso como en el de mi paciente, su única responsabi­lidad es no ponerle los límites a una mujer que lo maltrata y comprar la idea de que a pesar de todo debería ser un tigre en la cama.

Mi mensaje central es, precisamen­te, que aprenda a mejorar sus elecciones (sí, con “ele”, así mejoran las que van con “ere”). Si quiere disfrutar del sexo plenamente, por supuesto que es importante que esté con quien lo provoque desde lo visual, ya sea por sus proporcion­es corporales, por sus movimiento­s o por sus accesorios. Pero además es fundamenta­l que se sienta cómodo, que lo hagan sentir deseado –para los hombres también es algo muy excitante–, que se ocupen de complacerl­o, que le den seguridad. En definitiva, que sienta que con esa persona podrá expresar la mejor versión erótica de usted mismo.

Finalmente, veamos la otra cara de la moneda. Si es uno de esos hombres con un gran sex appeal y le llueven propuestas eróticas por doquier, no se limite a ser solo una cara o un cuerpo bonitos. Trabaje duro para ser mejor persona, demuestre humildad, esmérese para que un encuentro sea más que solo sexo, una experienci­a. Eso marca la diferencia entre un momento que se olvida apenas se cierra la puerta y una imagen que jamás se borrará de la mente.

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