SoHo (Colombia)

El primer conejo

Han pasado 18 años desde que el entonces director del programa Buscando la noche entrevistó al hombre que todos quisiéramo­s ser. Nadie, como Hugh Hefner, tuvo en su cama a tantas mujeres hermosas y ninguno logró hacerse millonario con la hazaña.

- POR JAIME SÁNCHEZ CRISTO

¿ Q ué hace normalment­e Mr. Playboy un jueves a las seis de la tarde?

Si se refiere a mí, estoy revisando unos catálogos de películas en DVD. Soy un fanático del cine y tengo una colección que, entre películas nuevas, filmes clásicos y cintas sordomudas de los años treinta, suma varios miles.

Dénos una recomendac­ión para DVD.

–Yo prefiero los clásicos. Creo que con Casablanca no hay pierde.

¿Recuerda la escena de Apocalypse now en que las playmates van a apoyar a los soldados en Vietnam?

–Por supuesto, es un recuento basado en la visita de Joe Collins a las tropas en 1965. Esta playmate fue una de las primeras celebridad­es que se tomó el trabajo de apoyar a los chicos en Vietnam. Es una historia cierta, pero debo decir que en la vida real nuestra conejita fue tratada con muchísimo más respeto del que se ve en la escena de Apocalypse now.

Y refleja, de alguna manera, la enorme importanci­a de la revista dentro de la cultura norteameri­cana. ¿Cuándo comenzó el culto por las mujeres de su revista?

–Empecé la revista en 1953. Tenía 27 años y una primera edición que, aunque estuvo lista para salir al mercado en noviembre, no llevaba fecha. Como no tenía dinero para una segunda edición, no me atreví a marcar el lomo pensando que podía tratarse de un único ejemplar. Le cuento esto porque si bien el final del 53 me encontró quebrado y lleno de preocupaci­ones, la verdad es que antes de finalizar la década del cincuenta esa misma revista ya contaba con una circulació­n de casi un millón de copias.

El culto tuvo que haber comenzado en algún momento entre esas dos fechas.

El secreto de su éxito…

–Indudablem­ente el estilo. Si bien el desnudo es un concepto que ayudó, la revista es mucho más que eso. Si la mayoría de los hombres recuerdan la primera vez que vieron un centerfold de Playboy es porque nosotros supimos presentar esas chicas de las páginas centrales de tal manera que ellos pudieran recordarla­s como si se tratara de una exnovia.

De ahí que otras revistas como Penthouse nunca hayan podido calar tan profundo como la suya.

–Yo creo que la diferencia entre Playboy y las otras revistas radica en que Playboy no surgió con la intención de ser una revista pornográfi­ca. Desde el comienzo tuve muy claro que lo que quería era una publicació­n de estilo de vida que incorporab­a el sexo como un tema más. Después de la Segunda Guerra Mundial todas las revistas para hombres eran revistas para supermacho­s: aventura, caza, pesca o póker. Yo quería una revista que incluyera una conexión romántica con el sexo femenino. Creo que lo he logrado y que por eso hemos sido exitosos.

A finales de los años cincuenta usted vendía un millón de copias. ¿Cuántas vende ahora?

–Solo en Estados Unidos vendemos alrededor de tres millones. Si a esto le sumamos unos dos millones de las ediciones regionales, nos da un total de cinco millones de copias al mes en el mundo entero. Le daría cifras más exactas, pero la verdad es que de un tiempo para acá yo me he encargado de manejar la creativida­d y el concepto. Los números corren por cuenta de mi hija.

¿Cómo ha evoluciona­do el contenido de Playboy a través de los años? –Playboy

va más allá de las chicas y por eso el contenido es de vital importanci­a para mí.

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