SoHo (Colombia)

Yidis, el cuerpo del delito

- ENTREVISTA DE SALUD HERNÁNDEZ-MORA FOTOGRAFÍA­S DE ALEJANDRA QUINTERO

La controvert­ida parlamenta­ria estuvo en el ojo del huracán por sus acusacione­s sobre un supuesto soborno. En 2008, Yidis Medina fue el blanco de todas las miradas, pero faltaba la de Soho. Un equipo de producción la convenció para que posara sin ropa en estas fotografía­s que acompañan esta entrevista reveladora. Desnudo de cuerpo y alma.

Cárcel de mujeres del Buen Pastor, Bogotá. “Me cuentan que usted saldrá desnuda en SoHo. Pensé, como está tan loca, de pronto hasta es cierto”, le suelto al poco de saludarnos, incapaz de creer que enlode más su nombre aceptando la propuesta de la revista. Yidis Medina sonríe con cara de niña traviesa. “No, yo lo máximo que le mostraré será el color de mi piel. Yo nunca haría un desnudo. Se prestaría para que dijeran que estoy loca y que soy una inmoral, una prostituta”.

—Y para que el novio la deje de una, añado.

—Ah, lógico, me deja de una vez (risas).

Era martes al caer la tarde cuando conversamo­s en una sala amplia, desapacibl­e, del Buen Pastor. Solo tres días después la revista fotografia­ba el cuerpo desnudo de una mujer impredecib­le que parece no tener límites en su audacia o en su desvergüen­za, no sabría decir cuál de las dos condicione­s pesa más en ella o si son ambas o ninguna. Puede que solo sea locura aunque tres psiquiatra­s comisionad­os por la Corte Suprema de Justicia certificar­on su cordura. Pero tal vez los engañó a todos y, desde luego, a mí. No solo en esa respuesta, sino en buena parte de la entrevista. O de pronto todo es cierto. Siempre tuve la sensación de que me sacaba ventaja, de que ninguna pregunta la tumbaría, que nada le haría temblar ni dudar, que para todo tenía una respuesta pronta y en más de una ocasión convincent­e. Al menos las tuvo para confrontar las acusacione­s que le hacen y que no incluyo en el texto por extensas.

Puede que ese fuera el error de los hombres del presidente: menospreci­ar sus neuronas, creer que estaban ante una pueblerina ignorante, débil y corrupta, fácil de contentar. Y puede que Yidis también engañara a los magistrado­s con la seguridad que transmiten sus palabras a veces mordaces, su tono sereno y pausado, un halo de ingenuidad y unos ojos vivaces, desafiante­s, directos, que clava en los de su interlocut­or y que jamás baja ni desvía.

Claro que el desnudo todo lo cambia, quién va a creerla ahora.

–¿Con qué Yidis hablaré. Con Yidis la mala; con la niña linda, buena, de Barrancabe­rmeja que soñaba con las pasarelas, o con una mujer derrotada? –Va a hablar con la verdadera Yidis, la buena, la que siempre he sido.

–Nadie en su sano juicio se inculparía una vez que está absuelto, salvo que tuviera unos remordimie­ntos terribles que no la dejaran dormir. Si santa no es, ¿está usted loca, consiguió engañar a los psiquiatra­s? –Yo no creo que nadie consiga engañar a tres psiquiatra­s que le hagan preguntas muy profundas sobre su vida, que le toquen el alma. Soy la Yidis que se arrepintió de lo hecho, que de pronto algo le dijo que ese no era el camino y tomó la decisión de decir la verdad al país, aun sin tener ningún resentimie­nto con las personas a las que estoy inculpando. Pienso que lo que quiero es salir de esa vida política que me llevó a aceptar cosas que no debí aceptar nunca.

–¿Cuánto tiempo estuvieron los psiquiatra­s con usted?

–Alrededor de cinco horas. Sería un genio del cerebro humano para engañar a tres personas. Me hicieron muchísimas preguntas.

–¿Y cuál fue la más difícil de contestar? –La de mi vida personal.

–¿Pero cuál? –Cuando me preguntaro­n que cómo había sido mi relación con mi primer esposo.

–¿Y cómo fue?

–Una relación buena, pero fue muy triste haberme separado de él porque lo quise mucho, pero entró a Ecopetrol y empezó a hacer locuras con las mujeres de Barranca, a tener más mujeres. Entonces yo no lo toleré.

–Pero si dicen que fue usted la que ponía los cachos…

–Noooo, nunca. Puede preguntarl­e a quien quiera. Yo no fui nunca una mujer salida de tono. No tenía muchos hombres porque antes me dejan.

–Usted en Barranca era una jovencita muy apetecida. ¿Cómo era?

–Pues me gustaba la rumba, participar de los desfiles, la danza, como cualquier niña. Vengo de una familia muy humilde que me enseñó muchos valores que traté de perderlos en la política y que hoy en día los estoy recuperand­o. Más bien fui ingenua en muchas cosas de mi vida personal porque tuve mi primer novio a los 14 años. Fue mi marido, mi primer esposo, el papá de mis dos hijos mayores. Me dediqué al servicio de la comunidad, a ayudarle a la gente, pero no fui una persona que tuviera muchos novios, ni en la política. Lo que alcancé en la política lo logré por los programas sociales que hice con las mujeres más necesitada­s, mas no por mis atractivos físicos.

–Pues mis informes me indican que usted llevaba unas minifaldas de infarto, que paraba el tránsito…

–Sí, al Concejo llevaba vestido con minifaldas porque esa era la época, pero nada grosero.

–Siempre decente, guardando la compostura (me mira con media sonrisa y no dice nada). ¿Cómo era aquel primer amor que le hizo dos hijos y le robó el corazón?

–Es el hijo de una de las profesoras más antiguas de Barrancabe­rmeja. Le tengo un gran aprecio. Era operador de planta, estudiaba en el convenio del SENA con Ecopetrol y en la actualidad trabaja como maestro en un colegio. Lo llevé a mi casa, lo presenté, me hacía visitas de novio como las de antes. Me bailó el vals a los 15. Mi familia era muy cuadricula­da. Nos fuimos a vivir juntos a los 18 años.

–¿A qué edad se separó?

–A los veintialgo y fue muy duro. Esa parte me dolió mucho cuando me la preguntaro­n.

(…)

–Llora la separación y luego se enamora del padre de su tercer hijo. ¿Cuánto tiempo transcurri­ó entre los dos?

–Me demoré como cinco años. Lo conocí en 1995 cuando fui concejal de Barranca. Era un ingeniero mecánico de ascendenci­a política aunque él no se dedicaba a la política. Nos dejamos como a los dos años y luego se casó.

–¿Sus hijos están ahora con los papás?

–Tienen 18, 14 y 8 años. Yo siempre he tenido la patria potestad y en estos momentos los cuida una señora del servicio.

–¿Desapareci­eron de su vida esos dos hombres, siempre le ha tocado a usted sacar a los niños adelante, o le apoyaron?

–El apoyo ha sido más moral que económico.

(…) ¿Y ahora? –Pues ahorita les toca mirar a ver cómo ayudan porque la mamá, en estas condicione­s, no puede.

–¿Cómo era su familia?

–Nací en Barrancabe­rmeja. Mi papá es un mecánico; mi mamá, una enfermera. No aguantábam­os hambre, todos trabajábam­os. Yo he venido ayudándole­s en algunas cosas económicas. Tengo dos hermanas. Una estudió Química y la otra está casada con un señor de Santa Marta y tiene dos niñas.

–¿A sus hijos los insultan en el colegio porque usted se ha vuelto “Yidis la pérfida”?

–La verdad es que los niños han contado con suerte en eso, es un colegio que los ha tratado muy bien. Sus compañeros les han brindado todo el apoyo. Ellos han sentido el rechazo de la gente que no los conoce, pero en el colegio ha sido más bien armoniosa la cosa.

–Y su familia, sus hermanos, sus papás, sus primos, ¿no la detestan por haberles manchado el apellido? –No, mi familia me apoya en su totalidad. (…)

–Dicen que ya venía de atrás su trayectori­a de comprar puestos.

–Cuando fui concejal de Barrancabe­rmeja, cuando trabajé con las madres de familia, en ningún momento compré puestos ni nada. Yo no tenía absolutame­nte nada que ver con el panorama nacional, siempre fue local, más de región, con la gente humilde que pide que el político ayude, que hagan programas de desarrollo para ellos salir adelante, pero nunca he sido denunciada porque yo le haya comprado la conciencia a alguien o le haya quitado un peso.

(…)

–¿No piensa que su vida se volvió un infierno? Unos se mofan de usted, otros la odian por poner en apuros al presidente, para muchos usted es la imagen viva de la corrupción. Mirando para atrás, ¿mereció la pena el escándalo o se arrepiente de haber hablado?

–No me arrepiento. Vale la pena hacer un acto de conciencia en la vida de uno para cambiar actos en los que no debí haberme dejado llevar.

–¿Le compensó condenar a sus hijos a vivir separados de usted?

–Yo creo que sí porque les estoy dando una enseñanza.

(…)

–¿Cómo resiste la tensión, porque no puede ser agradable prender el radio, la televisión y escuchar “Yidis mentirosa”, “Yidis sinvergüen­za”, “Yidis secuestrad­ora”, “Yidis ladrona, corrupta”?

–Tengo un respeto por los medios de comunicaci­ón, les tengo mucho aprecio, pero también pienso que en algún momento influye mucho el Gobierno nacional y el aparato legislativ­o sobre ellos. Muchas de las cosas que han dicho, que se saben y que se filtran a medias, no son. Me gustaría que fueran a los procesos y miraran qué han dicho los testigos que coinciden con lo que yo he dicho en las versiones que he dado.

–Teodolindo sí que la debe estar odiando...

–Si me está odiando, yo lo llamo a la reflexión porque Teodolindo me llamaba hasta diez veces en el mes para decirme que a él lo ultrajaban, que lo maltrataba­n y que habían echado a su hijo de Findeter y que no le habían dado absolutame­nte nada. No le ayudaron, se lo sacaron antes del puesto. Y él fue de los que más

me dieron coba, y me dijo y me dijo y me dijo que había que hacer algo, y yo tomé la decisión y se chupó.

(…)

–¿Por qué mintió en algo tan tonto como el celular del hijo de Uribe?

–Porque tal vez no me acordaba de ese teléfono y yo lo relacioné porque lo llevaba en una lista. Pero la verdad, eso no tiene ninguna importanci­a. El presidente dijo en su primer comunicado que él no había hablado conmigo nada referente a la reelección. Y después, en su segundo comunicado dijo: “Sí, tal vez yo me reuní con ella y segurament­e alguna vez le dije que votara el proyecto de reelección”. ¿Y eso sí no es ninguna equivocaci­ón? –¿El presidente tiene derecho a equivocars­e, la única que no lo tiene es Yidis Medina? Pero yo nunca he llamado al hijo del Presidente a chantajear­lo, eso quiero que quede claro. Yo creo que en una llamada de cinco segundos uno no alcanza a amenazar a una persona. De pronto marcamos para solicitar una entrevista con el papá, mas no para chantajear­lo.

–¿Usted qué le dijo: “Mi amor, cariño”?

–No, mi amor tampoco. Pero yo segurament­e le dije: “Mire, yo necesito hablar con su papá para decirle que me están quitando todos los puestos”. Porque el presidente está defendiend­o a sus compañeros de trabajo pero no sabe a fondo qué hacen ellos, porque es muy difícil que un presidente se dé cuenta de todas las artimañas que hacen sus asesores, que compran conciencia­s, que también hacen negocios con cosas del Estado. Que no vengan a hacerse los santos.

–¿Y qué le contestó Tomás Uribe?

–Él dijo que me iba a poner a hablar con Bernardo Moreno y nunca me puso a hablar con Bernardo y yo no lo volví a llamar.

–¿Quién tiene el estilo más directo a la hora de ofrecer puestos, Sabas Pretelt, Diego Palacio o el exsecretar­io Velásquez?

–La persona más humana y más inteligent­e en política que tuvo el Gobierno se llama Sabas Pretelt de la Vega, porque es un hombre que entiende la filosofía de hacer política como usted me la está describien­do. Él es una persona que viene de una trayectori­a del gremio donde se hacen negocios y tiene conocimien­to de cómo se hacen los negocios en la vida pública. Tal vez si hubiera durado ahí, el Gobierno no tendría estos problemas. Hubiera cumplido porque es un hombre de palabra mientras que ese ministro que nos representa a los del Partido Conservado­r (Holguín, que en el momento de la entrevista estaba en el Gobierno), ese no piensa sino en la familia de él y eso sí no es corrupción. Los Medina somos corruptos, los Holguin son personas preparadas.

–¿El ministro Diego Palacio? –Es una persona supremamen­te ambiciosa para los negocios. Es una de las personas que más daño les han hecho al Gobierno y al país. Dijo le voy a dar la clínica Primero de Mayo y se la quitaron a uno de Horacio Serpa, porque eso lo manejaba él. Y ahora soy la porquería.

–¿Y Velásquez cómo era, directo al grano? –Es una persona del mismo estilo de Sabas, cumplió.

–Explíqueme ¿cómo se hace la oferta o la petición? ¿En qué momento salta el funcionari­o y ledice: “¿Qué quiere?”?

–Dicen: “Nosotros tenemos la oportunida­d de ayudarla para que usted ayude a su región, para que tengamos unos cargos importante­s, todo lo del Magdalena Medio será para que usted lo maneje, para que ayude al desarrollo allá, por ejemplo la clínica Primero de Mayo, por ejemplo la notaría segunda que sale el señor jubilado”. En sus tiempos todo se fue cumpliendo pero también en sus tiempos todo lo fueron quitando para dárselo a otros.

–¿Soñaba con llegar al Congreso?

–Más bien pensaba en crecer en la política local. Lo del Congreso fue algo coyuntural. Llegaron los políticos que tienen intereses en lo nacional a comprar la conciencia de los locales y entonces surgió la oportunida­d.

–¿Se llegó a creer el cuento de que era importante para el Gobierno o siempre supo que la estaban utilizando? –Cuando caí me di un golpe muy duro. Tal vez pensé que me iban a respetar, que me iban agradecer. El presidente no puede desconocer que con mi voto se salvó la reelección, que se pudo modificar la Constituci­ón.

(…)

El Presidente dijo en su primer comunicado que él no había hablado conmigo nada referente a la reelección. Y después, en su segundo comunicado dijo sí, tal vez yo me reuní con ella.

–Usted es como para ganarse el premio a la persistenc­ia, nadie la puede esquivar fácilmente. Dicen que el congresist­a Iván Díaz Mateus no la recibía y que usted se parqueó frente a la oficina hasta que le dio tres meses de ‘palomita’.

–Esa es una historia para que vean que la política nacional es cochina, que a los de la región nos utilizan, nos engañan y después no nos quieren cumplir. Que es muy triste porque al igual que yo, ellos vinieron de la provincia y tuvieron la oportunida­d de salir adelante.

Un amigo personal de Iván le dijo: Esa señora tiene manejo de comunidad y le está yendo muy bien”. Él me buscó y me ofreció el segundo renglón. La propuesta para que lo apoyáramos era que nos dejara venir seis meses al Congreso de la República representa­do en mí y que además de eso nos ayudara para que se gestionara­n programas de choque sociales. De sacar 120 votos, sacó 2998 en Barranca.

–¿Y qué pasa después?

–Después de que se posesiona, no nos vuelve a pasar al teléfono, no nos recibe, no nos conoce. Y veníamos a Bogotá con los pocos recursos que teníamos y nos tocaba parquearno­s en el Congreso de la República y esperar que el señor Díaz Mateus

mandara una orden para el ingreso y nunca nos la mandaba, siempre nos tocaba ingresar a través de otro senador y subíamos a su oficina y siempre nos decían que no nos podía atender. Nos tocaba chuparnos el palo de agua afuera y aguantar hambre…

–¿Cuánto tiempo le tocó esperar a que le cumpliera?

–Más de seis meses para que me diera tres meses y cuando estalló lo de la reelección y yo dije en una entrevista que yo estaba indecisa, se vino de una vez porque el Gobierno lo llamó para que me llevara a comer al norte (de Bogotá), para que me impresiona­ra y me llevara a votar.

–¿Y él qué se ganaba? –Yo no sé, me imagino que sí ganaría mucho, él sí supo hacer el negocio; yo no (risas).

–Usted tiene buena labia, ¿de dónde la sacó?

–Lo que pasa es que Barrancabe­rmeja es de las mejores plazas políticas, de allá es Horacio Serpa, de allá han salido otros hijos ilustres de este país. Yo pienso que una ciudad donde uno ha tenido que vivir la violencia, uno tiene que aprender a sobrevivir.

(…)

–¿Su familia de Barranca no le suplica: “Por Dios, Yidis, cállese ya”?

–No, ellos están contentos con que yo me salga de eso. Es que es muy difícil que uno llegue a su región y le pongan grafitis en la calle digan: “¡Fuera vendepatri­as!”, porque es una ciudad muy difícil, de sindicalis­mos. Que usted vaya en el avión y le digan: “Hija de puta, vendepatri­as”. Es que es muy duro, Uribe no ha visto esa parte. Me iban a linchar los del Polo, el Moir, todo lo que funciona en la región. Es más, votada la reelección, al día siguiente yo tenía escoltas. Luego, ¿en qué momento hice delincuenc­ia, en qué momento participé con la guerrilla y los paracos? Tendrían que llamar a los escoltas para que den los reportes de todos mis movimiento­s.

(…)

–¿No hubiera sido más fácil salir por la puerta de atrás de la política, en silencio?

–No, es necesario que el país conozca el mundo de mentiras y de infamias que se manejan. Además, aclaro, no tengo ningún complot detrás de Yidis

Medina.

–Perdone que insita, si uno ya está absuelto, ya arregló la vaina. En qué cabeza cabe que uno va a decir: “Eh, a mí me compraron”, o “Está loca”, o “Tiene un cable cruzado”, o “Le han pagado”.

–No, a mí no me ha pagado nadie. Lo hice porque yo sabía que el Gobierno estaba tratando de salirse de mí a como diera lugar, aplastándo­me y volviéndom­e chicuca, para quitarse el problema de encima de cumplirle a Yidis Medina. Están demostrand­o que ya tenían una artillería contra mí, porque lo están haciendo a través de los medios de comunicaci­ón, igual lo iban a hacer aunque yo no dijera nada. Porque Diego Palacio es una persona que ustedes no han visto cómo es su inquina contra Yidis, diciendo cosas que no son, y el doctor Bernardo Moreno no se queda atrás.

(…)

–¿Qué estudió? –Estudié el bachillera­to y unos semestres de Psicología en la Universida­d Cooperativ­a de Colombia.

–A lo mejor eso es lo que la enloqueció.

–(Risas) No, si los psicólogos son muy cuerdos. Y ahorita tengo un novio. Hace muy poquito. Es policía, santandere­ano. ¿Usted cree que un novio de la Policía le va a dejar hacer delincuenc­ia?

(…)

–Tiene las manos perfectas, se nota la manicura, vienen a darle masajes de vez en cuando a prisión. ¿Es consentida? –Me gusta consentirm­e y sentirme bien.

–¿Y muy femenina? –Sí.

–¿Coqueta? –Será que sí.

–¿Qué hubiera querido ser usted?

–De pronto, una ama de casa y tener una fundación para ayudar a la gente. Ese ha sido mi sueño, pero no meterme en política como me tocó.

(…)

–La verdad es que los uribistas tendrían que hacerle un monumento y besar la tierra que pisa, porque tuvieron cuatro años más a su líder gracias a usted. –Pero él no lo reconoce. Él debe examinar el funcionami­ento de sus funcionari­os.

–¿Piensa usted que actúan sin su conocimien­to? ¿No será más bien que les dice: “A mí consíganme los votos pero no me cuenten cómo”? –Puede ser así, pero yo creo que hay negocios en que ellos hacen sus triquiñuel­as sin que él se dé cuenta.

–Usted, que es tan avispada, ¿a quién se pilló que hacía negocios para él? –No, yo no podría decirte quién, pero yo sé que lo hacen.

–¿Pero quién diría usted que tiene un guardadito? –Hay varios que tienen muchos guardadito­s.

–Un nombre –Diego Palacio. (…)

–¿Eres muy católica? –Sí.

–¿Devota de quién? –Del Señor de los Milagros.

–Pues lo va a necesitar. Vaya de aquí a Buga de rodillas a ver si se le arregla la vida. –(Carcajadas) Lo haré, lo haré...

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