SoHo (Colombia) : 2020-07-21

CRÓNICA : 14 : 14

CRÓNICA

CRÓNICA libre, por la relajación de las costumbres y el abandono de los valores familiares que tanto preocupaba­n a los papas de Roma y a los presidente­s de Estados Unidos, sino que además no era peligroso. Los antibiótic­os habían convertido la antes temible sífilis en un juego de niños, y aún no existía el sida. Todo eso duró poco, y se acabó cuando papas y presidente­s consiguier­on por fin inventar y propagar el sida para meter en cintura la corrupción moral de la juventud de Occidente. Luego vendría, también de la mano de esos sombríos personajes, la “guerra frontal contra las drogas”: el cierre definitivo de las puertas abiertas. Pero había más. Yo, por ejemplo, consumí buena parte de esos años de traba jugando al ajedrez. Bajo los efectos de la marihuana, una partida podía durar días enteros, como las de Spasski y Fisher. Tal vez no salía tan buena como esas —pues para jugar al ajedrez no basta con drogarse: es necesario además saber jugar al ajedrez—. Pero lo parecía. El ajedrez no es como el billar, digamos: en el billar, cuando uno juega trabado, puede imaginar deslumbran­tes carambolas a tres bandas que desafían las leyes de la geometría: pero las intenta, y no salen. En cambio en el ajedrez se demora uno horas, o días, o incluso meses, en darse cuenta de que eso que parecía una defensa siciliana no era una defensa siciliana. Pero, insisto, lo parecía. La hierba crea ilusiones: puertas que tal vez no lo sean en realidad, pero que lo parecen. Visto desde la sobriedad, un enmarihuan­ado puede parecer un perfecto imbécil, riéndose dulce y locamente de cosas que no existen. Pero, ¿qué importa que no existan, si se ríe? Vuelvo a Henri Michaux:, que en sus años tardíos abandonó la experiment­ación con mezcalina como inspiració­n de cuadros y poemas, y calificó los efectos alucinator­ios de la droga de “miserable miracle”. Miserable, tal vez; pero también milagro. Un milagro en el filo de la muerte. De nuevo hablo de ilusión: de una muerte ilusoria, pues la marihuana es completame­nte inofensiva (a diferencia de, pongamos por caso, la aspirina: en Estados Unidos mueren más de 500 personas al año por hemorragia­s inducidas por un excesivo consumo de aspirina). La muerte ilusoria de la llamada “pálida”. La primera vez que a mí me dio la pálida creí que me estaba muriendo, o que quizás ya estaba muerto. No podía mover ni un párpado. Me sorprendía ver que los que estaban conmigo en ese trance no me prestaban la menor atención: seguían riéndose de sus cosas de idiotas. Pero en mi sorpresa no había ni rencor ni reproche: que se rían de sus 14