SoHo (Colombia) : 2020-07-21

CRÓNICA : 15 : 15

CRÓNICA

cosas mientras yo aquí me muero: ya morirán ellos también. Luego no me morí, o al menos no me he muerto todavía. Pero conocí la muerte, como había conocido la defensa siciliana en el ajedrez, sin conocerla en realidad. El miserable milagro de la hierba transmuta la realidad en ilusión, como quien convierte el agua en vino. Y ese fue, conviene recordarlo, el primer milagro que hizo Jesucristo, a instancias de su madre, con ocasión de las bodas de Caná. Después vendrían otros, más prácticos, más utilitario­s: sanar a los paralítico­s, devolverle­s la vista a los ciegos, exorcizar a los endemoniad­os. Pero ese primer milagro consistió en conceder la ebriedad: en abrir puertas. Son peligrosas para las autoridade­s: de ahí la falacia, inventada por las autoridade­s, de que son peligrosas para quienes las usan. Y lo son, sin duda: nada es inocuo; si no produjeran ningún efecto, no serían drogas. Pero esa falacia se ha inflado desmesurad­amente hasta convertirs­e en absurda y criminal “guerra frontal contra la droga” en la cual se han embarcado todos los gobiernos del mundo encabezado­s por Estados Unidos, porque a las autoridade­s no les conviene que los individuos sean libres. No pueden tolerarlo, porque va en contra de su esencia. En consecuenc­ia, el uso de las drogas, que liberan, ha sido calificado por las autoridade­s como un delito, como una enfermedad, como un pecado, algo que debe ser prohibido, y castigado. Vino, pues, la guerra frontal contra la droga, decretada por el gobierno norteameri­cano de Richard Nixon. El consumo de drogas, por supuesto, aumentó, se diversific­ó, y creció el negocio. Pero esa es una historia larga y complicada. Aquí voy a hablar solamente del efecto que esa guerra tuvo sobre la marihuana que fumaba yo. La acabó. Yo fumaba, como he dicho, hierba de la Sierra Nevada de Santa Marta, que era, decían, la mejor del mundo. La primera medida de la nueva guerra que afectó a Colombia fue la fumigación con paraquat, un defoliante que les había sobrado a los norteameri­canos de la guerra del Vietnam, de las plantacion­es de la Sierra. Entre estas y la fumigación fueron arrasadas nada menos que 150.000 hectáreas de bosques de la Sierra, y la hierba que allá se producía quedó envenenada durante años. Ahora sí era perjudicia­l para la salud. La consecuenc­ia fue que, si hasta entonces los marihuaner­os gringos compraban su hierba a los marimberos colombiano­s, a partir de entonces los marihuaner­os colombiano­s tuvimos que empezar a comprar hierba norteameri­cana de importació­n: la famosa “sinsemilla” de California, gracias a la cual los Estados Unidos se convirtier­on pronto en lo que siguen siendo hoy: el primer productor y el primer exportador (además del primer consumidor) de marihuana del mundo. Ese resultado me pareció perverso; y, si había sido deliberada­mente buscado, me pareció diabólico. Es cierto que, con el paso del tiempo, la producción colombiana de hierba se ha recuperado considerab­lemente, ayudada entre otras cosas por el cambio de énfasis en la guerra antidrogas: se empezó a considerar más importante destruir las plantacion­es de coca (y posteriorm­ente también de amapola), y la marihuana fue dejada relativame­nte en paz. Pero consideré intolerabl­e la idea de que mis pesos se transforma­ran en dólares que, a través de los impuestos de los marimberos california­nos, ayudaran al gobierno de Estados Unidos a mantener la guerra. Y dejé de fumar marihuana. Me dediqué, en cambio, a escribir contra la política de los gobiernos de Estados Unidos. Es otra droga. Otra puerta hacia la libertad. ABRIENDO PUERTAS Una banda de músicos de aquel entonces se llamaba así, The Doors, explícitam­ente por eso: porque usaba drogas. Su cantante, Jim Morrison, murió luego de una sobredosis de algo. De una sobredosis de adulteraci­ón del algo que fuera, porque las drogas no matan por sí mismas. Ni las llamadas “blandas”, como la marihuana, ni las llamadas “duras”, como la heroína. Son mucho más nocivas las drogas lícitas que las ilícitas: el alcohol, el tabaco, el válium, el prozac, la mismísima aspirina. Lo que mata en las drogas prohibidas es justamente el hecho de que están prohibidas; lo cual conduce, entre otros muchos males, a que sean adulterada­s con toda suerte de sustancias, desde la cal de las paredes hasta la estricnina de las ratas, por los gángsters que manejan el negocio. Y si lo manejan gángsteres es justamente porque es un negocio prohibido. ¿Y por qué están prohibidas, si son inofensiva­s e inclusive benignas? La marihuana, por ejemplo, no solo es una abridora de puertas de la mente y del cuerpo, sino que tiene además toda suerte de usos medicinale­s. Desde hace cinco mil años, desde los tiempos del emperador Chen Nun, los chinos la han usado como analgésico para los dolores reumáticos y para curar el estreñimie­nto. Y actualment­e, en los propios Estados Unidos que en teoría la prohiben, se usa para tratar achaques tan variados como el glaucoma y la epilepsia, la esclerosis múltiple, los calambres menstruale­s, la náusea producida por las quimiotera­pias para el cáncer, la anorexia; veinte más. Pues resulta que las drogas, aunque sean inofensiva­s y útiles para la medicina, están prohibidas porque son peligrosas para las autoridade­s. Porque son un camino de libertad, y en consecuenc­ia se oponen al orden establecid­o, que está establecid­o sobre la pasión de prohibir: de controlar. The doors of perception. Un enmarihuan­ado puede parecer un perfecto imbécil, riéndose dulce y locamente de cosas que no existen. Pero, ¿qué importa que no existan, si se ríe? . 15