SoHo (Colombia) : 2020-07-21

CRÓNICA : 32 : 32

CRÓNICA

CRÓNICA —No. Lo que causó la crisis fue la irresponsa­bilidad de unos cuantos. Para vender más, concediero­n créditos a gente que no podía pagarlos. Su irresponsa­bilidad comprometi­ó todo el proceso de la construcci­ón. Y eso se hizo sin respetar las leyes, que sí existían, para garantizar los depósitos de los ahorristas. Pero en lugar de sancionar a los bancos, como debían haber hecho, los Estados occidental­es los han subsidiado, perjudican­do gravemente a la industria. Y han beneficiad­o a los especulado­res en vez de beneficiar a los empresario­s. Los efectos de la crisis se han hecho sentir en el gasto público. En estos días, en esta misma ciudad, y en Londres, y en Santiago de Chile, se suceden las manifestac­iones en defensa de la educación pública. Ayer mismo, los maestros han marchado por las calles cercanas a la casa de Mario Vargas Llosa protestand­o porque la Comunidad de Madrid les exige dictar dos horas más de clase cada semana. En la radio, un sindicalis­ta advertía que se trataba de un primer paso para liberaliza­r el sector, y dejar la educación en manos privadas, acabando con el derecho a la educación. A un par de meses de las elecciones, el Partido Socialista acusa una y otra vez a la derecha de querer liberaliza­r los servicios públicos. Consciente del miedo social a estas reformas, el Partido Popular niega enfáticame­nte que entren en sus planes. Ni siquiera, dicen, pretenden establecer sistemas de copago. La misma polémica se extiende por Grecia, Portugal, Italia, cuyos estados tijeretean el presupuest­o con cada estornudo de los mercados. En medio del debate, Vargas Llosa no tiene el menor reparo en decir: —Yo creo que hay que liberaliza­r todo. Solo así serán más eficientes los servicios sociales. de televisión con imágenes apocalípti­cas tomadas de la película Pero en vez de negar sus planes, o dorar la píldora, el candidato Vargas Llosa explicó: —La economía está enferma. Y para curar las enfermedad­es, una inyección es más dolorosa pero más eficiente que unos pañitos calientes. La metáfora era casi peor que las imágenes de Económicam­ente era irreprocha­ble, pero admitámosl­o: a nadie le gustan las inyeccione­s. Sus asesores le pidieron a Vargas Llosa que evitase el tema. No contaban con que a él le da exactament­e igual si lo que dice es popular o no. Si cree algo, lo afirma. Con esa actitud no hay quien gane unas elecciones, pero nadie podrá acusarlo nunca de mentir para caer bien. Eso sí, cuando afirma algo es porque sabe defenderlo a capa y espada. A mi llegada, me ha contado que, días antes de la ceremonia del Nobel en Estocolmo, sufrió una caída durante una sesión de fotos. La cosa no fue muy grave, pero acabó en un hospital de la Seguridad Social. Su médico resultó ser un humanista amante de Wagner. Médico y paciente sostuviero­n largas y deliciosas conversaci­ones literarias y musicales, a las que se sumó la enfermera, que también admiraba a Wagner. Tratando de defender la salud pública, ahora le recuerdo a mi entrevista­do a su finísimo médico melómano, que según él mismo, es algo que solo se puede ver en Suecia, que según todo el mundo, es el país más socialdemó­crata de este planeta. —Suecia no es lo que la gente cree —responde—. Es verdad que los suecos redujeron las diferencia­s sociales a su mínima expresión en un marco de libertad democrátic­a. Pero lo que no se dice es que desde hace bastante tiempo, cuando se hicieron evidentes los fracasos económicos de la socialdemo­cracia, Suecia comenzó una reforma discreta pero eficaz del sistema de beneficios y seguridad social, y esa reforma es totalmente liberal. The Wall. The Wall. En literatura tenemos el gran privilegio de elegir lo mejor. Pero en política, eso no es posible. La mayor parte de las veces, elegimos lo menos malo. —Pero una economía liberal tampoco es necesariam­ente más rica que una centraliza­da —replico—. Mira a China. —Claro. Una economía liberal fracasa si es liberal a medias, de la boca para afuera, si no es coherente. —Suecia fue uno de los primeros países que utilizaron el cupo escolar. Ahí, el Estado no entrega el presupuest­o de educación a las escuelas: se lo da a los padres. Los padres escogen a qué escuela mandar a sus hijos, y por ende, las escuelas deben competir entre ellas para ofrecerles el mejor rendimient­o. El sistema fue aplicado en principio por el gobierno socialista, pero es típicament­e liberal. Y ha tenido tanto éxito que se ha empezado a extender a la salud. Gracias al cupo liberal, las personas pueden elegir a sus médicos, y el Estado asigna los recursos para Sanidad basándose en la calidad del servicio. Me pregunto de dónde saca las respuestas este hombre. Ha estado en Suecia una semana, con una agenda de infarto y rodeado de toda la prensa mundial, ensayando para una ceremonia que él mismo define como “un cuento de hadas”, aquejado por un hematoma —A estas alturas es más costoso para Europa dejarla caer que mantenerla en el euro. Pero Grecia fue populista, imprudente, y falseó las cuentas. Y ahora los bancos alemanes, o sea, los contribuye­ntes alemanes, tienen que pagar sus desmanes. Lo peor es que no será suficiente. Por culpa de las irresponsa­bilidades griegas, acabarán viniendo a salvar el euro los Estados Unidos, o en una paradoja terrible, China. Nadie como Vargas Llosa para ganarse cien millones de enemigos con solo cien palabras. En 1990, cuando era candidato electoral, anunció su intención de eliminar los subsidios estatales, y por lo tanto, devolver a los productos su precio real. Sus enemigos llamaron a eso “el Para ilustrar lo que nos esperaba en un gobierno de Vargas Llosa, un partido de izquierda pagó un aviso shock”. 32