SoHo (Colombia) : 2020-07-21

CRÓNICA : 34 : 34

CRÓNICA

CRÓNICA y dolores en la cadera. ¿A qué hora se ha puesto a investigar el sistema de financiami­ento de la educación? Pero hay algo que me impresiona más, no de él, sino de toda su generación: su capacidad para aferrarse a una verdad. García Márquez con el socialismo cubano, Julio Cortázar con el comunismo, Vargas Llosa con el liberalism­o, son capaces de encontrar certezas que sobreviven durante décadas. Se cae el Muro de Berlín y luego Wall Street. Europa se hace rica y luego pobre. Pero su visión del mundo resiste los embates de la historia como un rompeolas. Le comento que yo he tratado de creer en muchas cosas, pero en el mundo en que yo he crecido, todo se vuelve mentira en dos meses, cuando no en dos minutos. Responde: —La mayor parte de las verdades son relativas. Es la tesis de Popper: la verdad es verdad mientras no se la refuta. Al mismo tiempo, yo creo que es importante creer en algo. Si no crees en nada, el mundo entero se te deshace. Sin ciertas conviccion­es, no puedes escribir, ni funcionar. Sin verdades, tu vida se te escapa de las manos. Fujimori y Humala era como elegir entre el sida y el cáncer terminal. Y él me dijo: “Mire, yo no soy el cáncer, yo soy solo un resfrío”. Vargas Llosa está acostumbra­do a los ataques de la izquierda peruana. Pero su apoyo a Humala le valió reacciones furibundas de los sectores conservado­res y pudientes, sus aliados tradiciona­les. Y no se limitaron a odiarlo a él. A su hija, radicada en Lima, le dejaron de hablar viejas amigas. Algunas asistieron a una exposición de su trabajo solo para negarle el saludo ahí, a vista de todos. Ahora, le pregunto a Vargas Llosa si le dolió el abandono de sus antiguos defensores: —Esos nunca fueron mis defensores. No me defendían por adhesión al liberalism­o sino porque era una forma de defender sus intereses. Luego llegó Fujimori y apoyaron la dictadura. En las últimas elecciones tenían pánico de perder sus bancos y sus propiedade­s, lo cual revela su paranoia y su ignorancia. Ni siquiera seguían lo que se decía en la campaña. —En Perú siempre haces público tu voto. ¿Por quién votarás en España? CIUDADANO VARGAS LLOSA Incluso ahora, vestido con solo una camisa y un pantalón gris, Vargas Llosa es un hombre elegante. Y a sus 75 años, conserva mucho de su legendario atractivo juvenil. Su sonrisa sigue siendo amplia y luminosa. Su pelo blanco está milimétric­amente peinado. Y sus sanas costumbres, como correr todas las mañanas o reposar una semana al año en un balneario, le hacen ver menor de lo que es. Evidenteme­nte, no escapa a la fragilidad de la edad. Su caída de la silla de hace un año lo dejó bastante maltrecho. Y hoy lleva unas marcas extrañas en las manos, por las que prefiero no preguntar. Lo que sí tiene intacto es su capacidad de entrar a pelear en todos los frentes posibles, marca de la casa. Ni siquiera la agotadora agenda del Nobel lo ha distraído de sus trifulcas políticas, particular­mente en nuestro país de origen. Las últimas elecciones peruanas se decidieron entre dos candidatos: Keiko Fujimori, cuyo padre cumple condena por crímenes contra los derechos humanos, y Ollanta Humala, cuyo hermano cumple condena por homicidio y secuestro. La primera formó parte de un régimen que cercenó la libertad de expresión y cometió fraudes electorale­s. El segundo ha sido apoyado públicamen­te por Hugo Chávez. Vargas Llosa no rehuyó la opción: hizo público su apoyo a Humala. Comento: —A estas alturas, creo que votaré por el partido de Rosa Díez, al que he apoyado desde que se fundó. Mi esperanza es que caigan los socialista­s, que deben ser penalizado­s por el desastroso gobierno que han hecho, sobre todo en el campo económico. Y me gustaría que suba un PP que no dependa del voto de los nacionalis­tas para gobernar. Creo que eso ha sido un desastre para España. Por eso quiero que tenga una buena representa­ción el partido de Rosa Díez, que es lo más parecido a un partido liberal, y podría librar al PP de la carísima hipoteca nacionalis­ta. —¿Te gusta Rajoy? —Me parece que será mucho mejor presidente que candidato. Como candidato parece apático y poco carismátic­o, pero tiene una gran experienci­a de Estado. Ha pasado por los ministerio­s más difíciles y es un hombre muy preparado. Además, el PP tiene buenos equipos, gente experiment­ada. Desde el punto de vista económico, dejaron a España en un punto excelente que el PSOE ha dilapidado. Solo espero que no toquen las reformas sociales en el campo de la mujer y los gays. Ahí sí ha habido un progreso. —¿Y Rubalcaba? —Rubalcaba ha sido un factótum de este gobierno. Y como es una de las personas más inteligent­es del PSOE, es uno de los mayores responsabl­es de su desastrosa gestión. Es hora de dejar a este hombre en paz. Aunque “paz” no es precisamen­te lo que le dejamos. Mañana comienza una nueva serie de lanzamient­os internacio­nales de su última novela, y la marea de compromiso­s laborales no terminará ni siquiera con el anuncio del próximo Premio Nobel. En su agenda no hay páginas en blanco hasta diciembre. Mientras nos acompaña al ascensor, le pregunto qué piensa hacer cuando termine todo, cuando haya acabado de lanzar la novela y haya otro Nobel agobiado de invitacion­es y entrevista­s. A él se le iluminan los ojos y responde: —Será estupendo. Será fantástico. Podré trabajar. —En las anteriores elecciones votaste por el presidente que nacionaliz­ó la banca, y en estas, por el que ha liderado una asonada militar. Cualquiera diría que eres un comunista peligroso. —En literatura tenemos el gran privilegio de elegir lo mejor. Pero en política, eso no es posible. La mayor parte de las veces, elegimos lo menos malo. Hace cinco años, Humala era Chávez. Hoy ya ha quedado demostrado que no lo es. En cambio, los de Fujimori fueron ladrones y asesinos. Y eso también está demostrado en los tribunales. El sueño del celta, —¿Has hablado con Humala desde su victoria? —No. Solo hemos hablado una vez. Vino a verme a casa hace unos años. Fue divertido. Yo había dicho que elegir entre Keiko . 34