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Espacios - - News - Por Ro­dri­go Díaz rdiaz@la­re­pu­bli­ca.net

Los ba­ños siem­pre han te­ni­do un sig­ni­fi­ca­do que va mu­cho más allá de la hi­gie­ne y el aseo per­so­nal En to­das las cul­tu­ras de la an­ti­güe­dad, el ba­ño ocu­pó un lu­gar especial en la vi­da de las per­so­nas. Ya fue­ran si­tios pú­bli­cos o cuar­tos es­pe­cia­les en las re­si­den­cias de la al­ta so­cie­dad, los ba­ños eran si­tios pa­ra la pu­ri­fi­ca­ción y re­la­ja­ción.

En nues­tro país, el ba­ño ad­quie­re ca­da vez más im­por­tan­cia. En la Cos­ta Ri­ca de an­ta­ño, la ru­ral, exis­tían las fa­mo­sas le­tri­nas que se en­con­tra­ban en los pa­tios le­jos de los ho­ga­res pa­ra evi­tar el mal olor.

Con las me­jo­ras en los sis­te­mas de dre­na­je y tu­be­rías, el ba­ño pa­só a ocu­par un rin­cón den­tro de las ca­sas.

En la ac­tua­li­dad, ya es co­mún que las ca­sas ten­gan dos o más ba­ños, y ya no es­tán es­con­di­das.

For­man par­te de la ha­bi­ta­ción prin­ci­pal, es­tán ubi­ca­dos en si­tios de muy fá­cil ac­ce­so y son un si­tio im­por­tan­te pa­ra mos­trar el buen gus­to en la de­co­ra­ción y di­se­ño, con­tri­bu­yen­do de es­ta ma­ne­ra a brin­dar esa sen­sa­ción de lim­pie­za y pu­re­za que es­te apo­sen­to ne­ce­si­ta.

Los ma­te­ria­les que se uti­li­cen pa­ra su cons­truc­ción y di­se­ño de­ben ser de al­ta ca­li­dad pa­ra que el ba­ño man­ten­ga su fun­cio­na­li­dad co­mo uno de los si­tios más im­por­tan­tes de la ca­sa.

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