JEN­NI­FER LÓPEZ

Ge­nui­na­men­te fe­liz, có­mo­da, re­la­ja­da y es­pi­ri­tual, co­mo quien no tie­ne na­da que pro­bar­le a na­die… así nos re­ci­bió la puer­to­rri­que­ña en la ca­sa de sus sue­ños, en los Ham­ptons

Hola Costa Rica - - Contenido - (SI­GUE)

La es­tre­lla la­ti­na vi­ve su me­jor mo­men­to

Es di­fí­cil ima­gi­nar que a Jen­ni­fer López le que­de al­go por ha­cer, co­mo si fue­se al­go Por pri­me­ra vez. Es una ac­triz con­sa­gra­da, pro­duc­to­ra de ci­ne y te­le­vi­sión, bai­la­ri­na por de­fec­to, ma­dre sol­te­ra de me­lli­zos (¡y muy in­vo­lu­cra­da!), em­pre­sa­ria e ícono de la mo­da (Kohl’s), em­ba­ja­do­ra mun­dial de be­lle­za (L’Oréal), no­via de uno de los Yan­kees más co­ti­za­dos, hi­ja ab­ne­ga­da de Lu­pe y David, y her­ma­na ca­ri­ño­sa de Lyn­da y Les­lie. Sin em­bar­go, para J.Lo, rein­ven­tar­se es si­nó­ni­mo de ne­ce­si­dad.

Con esta pre­mi­sa, nos aden­tra­mos a su ma­ra­vi­llo­sa vi­da por un día, y des­de su ca­sa en los Ham­ptons —ma­jes­tuo­sa pe­ro a la vez muy aco­ge­do­ra y siem­pre re­ple­ta de fa­mi­lia­res y amigos— co­no­ci­mos a la mujer que to­dos ad­mi­ran y po­cos pue­den ob­viar. De la mano de la Jen­ni­fer que co­ci­na co­mi­da tí­pi­ca puer­to­rri­que­ña to­dos los do­min­gos para Em­me y Max, te in­vi­ta­mos a es­te tour VIP de un día en la vi­da de la di­va del Bronx. De su nue­vo ál­bum en es­pa­ñol; de su pa­sión por el bai­le y la mú­si­ca de Nicky Jam, Gen­te de Zona y Wi­sin; de quién es su ver­da­de­ro “Amor, Amor, Amor”; de qué vol­ve­ría a ha­cer y qué quie­re que le di­gan al oí­do… Ha­bla­mos de to­do con la mul­ti­fa­cé­ti­ca can­tan­te.

—Se­gu­ra­men­te las pró­xi­mas ge­ne­ra­cio­nes ten­drán en sus dic­cio­na­rios una foto tu­ya jun­to a la de­fi­ni­ción de la pa­la­bra éxi­to. ¿Se­rá que te que­da al­go por ha­cer to­da­vía, por pri­me­ra vez?

—Oh, that’s sweet! Qui­zás por eso me gus­ta tan­to el tí­tu­lo de mi dis­co en es­pa­ñol, Por pri­me­ra vez [a la ven­ta es­te oto­ño]. Por­que aun­que no es mi pri­mer dis­co en es­pa­ñol, ni mi pri­mer dis­co en general, se tra­ta de que siem­pre es­ta­mos rein­ven­tán­do­nos, de que pue­des ex­pe­ri­men­tar co­sas por pri­me­ra vez, no im­por­ta la edad que ten­gas. Siem­pre hay un nue­vo co­mien­zo. Para mí, es­te ál­bum es co­mo un be­bé re­cién na­ci­do, un nue­vo pro­yec­to, al­go que nun­ca he he­cho an­tes. That’s what art is all about! Es crear al­go de la na­da y que se con­vier­ta en al­go nue­vo, en al­go que no exis­tía an­tes. Eso quie­ro de­cir con Por pri­me­ra vez, por­que es la pri­me­ra vez que es­tas can­cio­nes han si­do crea­das, es la pri­me­ra vez que pue­do con­tar es­tas his­to­rias de esta ma­ne­ra, con es­tas pa­la­bras, con esta mú­si­ca. It’s really a who­le way of thin­king, you know?

—En las 13 can­cio­nes de tu ál­bum se sien­te que és­te es un pas­sion pro­ject para ti. Se sien­te mu­cha nos­tal­gia. ¿Eres una mujer nos­tál­gi­ca?

—No di­ría que soy nos­tál­gi­ca, sino ro­mán­ti­ca. ¡Eso sí! Es­tas can­cio­nes son muy tier­nas. Y así me sien­to aho­ra. Cuen­tan un po­co có­mo he cre­ci­do en es­tos úl­ti­mos años y quién soy y dón­de es­toy

aho­ra mis­mo en mi vi­da; cuán di­fe­ren­te soy del pa­sa­do. Por eso el tí­tu­lo del dis­co, ¡por­que en los úl­ti­mos cin­co a seis años he cam­bia­do tan­to!

—¿Te con­si­de­ras me­jor per­so­na aho­ra?

—En ver­dad sien­to que soy una per­so­na di­fe­ren­te en mu­chos as­pec­tos des­de que mis ni­ños na­cie­ron (aho­ra tie­nen 9 añi­tos), por­que me han pa­sa­do tan­tas co­sas en es­tos úl­ti­mos años des­de que di a luz a mis me­lli­zos, ¿sa­bes? Cre­cí, he evo­lu­cio­na­do. Me he rein­ven­ta­do, pe­ro es cons­tan­te. Yo siem­pre tra­to de ser me­jor per­so­na, cre­cer, ha­cer al­go por pri­me­ra vez… Ca­da día in­ten­to ha­cer al­go que no ha­ya he­cho an­tes, ca­da día te da esa opor­tu­ni­dad: ser me­jor de lo que eras an­tes. Así vi­vo mi vi­da, pre­gun­tán­do­me cuan­do can­to, cuan­do ac­túo, co­mo ma­má: “¿lo es­toy ha­cien­do me­jor que an­tes? Is the­re growth he­re? Am I mo­ving for­ward?”Que­dar­se stuck en el mis­mo lu­gar es ir mu­rien­do len­ta­men­te. That’s not how I li­ve. —Esa ac­ti­tud de no fear es al­go que mu­chas mu­je­res ad­mi­ran de ti. Te he­mos visto ha­cer prác­ti­ca­men­te de to­do en el es­ce­na­rio, en tus pe­lí­cu­las, en tu mú­si­ca. Cual­quie­ra di­ría que tu vi­da se pue­de di­vi­dir en eta­pas, co­mo la de Pi­cas­so. Si tu­vie­ras que po­ner­le un co­lor a esta eta­pa en que es­tás, una pa­la­bra que la des­cri­ba, ¿cuál se­ría?

—La lla­ma­ría mi eta­pa do­ra­da. Por­que sien­to que mi luz in­te­rior bri­lla más fuer­te que nun­ca, que soy me­jor per­so­na, hi­ja, ma­dre, ami­ga y no­via. Soy me­jor. Again, es que sien­to que he cre­ci­do, que por pri­me­ra vez en mi vi­da es­toy en un buen lu­gar, que sé quién soy y to­das las co­sas ma­ra­vi­llo­sas que soy ca­paz de ha­cer. Sé iden­ti­fi­car las ex­pe­rien­cias que se me pre­sen­tan co­mo opor­tu­ni­da­des para cre­cer y all my messy things that are not so great, you know what I mean?

—Te sien­tes en paz con tus im­per­fec­cio­nes.

—Quie­ro ser me­jor, pe­ro es­toy OK con lo que soy. Me acep­to com­ple­ta­men­te con to­das esas co­sas. No es­toy aquí para ser per­fec­ta, es­toy aquí para ser sim­ple­men­te mi me­jor ver­sión, con to­do lo que eso im­pli­que. —O sea, que hoy es­ta­mos frente a la me­jor ver­sión de Jen­ni­fer.

—Y eso es lo que año­ro siem­pre: ser lo me­jor que pue­do ser to­do el tiem­po. En ese sen­ti­do, sien­to co­mo si tu­vie­ra un ha­lo al­re­de­dor de mi ser y de mis hi­jos y de to­do lo que me ro­dea, que ema­na luz des­de aden­tro ha­cia fue­ra. Y eso sue­na un po­co lo­co y ra­ro…

—¿Y có­mo apli­cas es­to a tu mú­si­ca, a tu re­si­den­cia en Las Ve­gas [All I Ha­ve], a tu per­so­na­je de Har­lee en Sha­des of Blue (NBC) o a la jue­za y pro­duc­to­ra de World of Dan­ce (NBC)?

—A ni­vel ar­tís­ti­co veo lo mis­mo: un círcu­lo de luz que ema­na des­de aden­tro de mi ser. To­do co­mien­za con có­mo me sien­to por den­tro. Es­toy cen­tra­da, con los pies en la tie­rra. To­do se sien­te co­mo co­lor do­ra­do. Does that ma­kes sen­se?

—Has ele­gi­do un her­mo­so lu­gar para es­tar en es­te mo­men­to de tu vi­da…

—Ha­blan­do de eta­pas, du­ran­te mu­chos años sen­tí que es­ta­ba en me­dio de una tor­men­ta, co­mo per­di­da en un bos­que sin sa­li­da tra­tan­do de en­con­trar res­pues­tas. No es­ta­ba en un buen lu­gar, me cues­tio­na­ba quién era, ha­cia dón­de iba y por qué es­ta­ba ahí. Un día me di­je: “Wait a mi­nu­te! Es que me to­ca­ba apren­der de to­do es­to”. Y cuan­do co­men­cé a ver­lo así, lle­gué a don­de es­toy hoy, me di­je: “To­do es­to me hi­zo cre­cer y acer­car­me a un lu­gar lin­do, al pró­xi­mo ni­vel”. De­jé de pe­lear in­ter­na­men­te y co­men­cé a dis­fru­tar y a apre­ciar mi vi­da. AMOR, AMOR, AMOR... —Cuan­do se tie­ne éxi­to, fa­ma, di­ne­ro, salud y be­lle­za (la in­te­rior in­clui­da), se pue­de pen­sar que se tie­ne to­do en la vi­da. Pe­ro to­do es­to es el re­sul­ta­do de mu­cho tra­ba­jo, de un pro­ce­so, de más de 20 años de sue­ños. ¿Te con­si­de­ras una per­so­na pa­cien­te?

—Lo soy con al­gu­nas co­sas y con las co­sas más pe­que­ñi­tas, no tan­to. Me gus­ta que mi vi­da se mue­va rá­pi­do. Odio es­pe­rar en lo co­ti­diano. Pe­ro para los sue­ños, las co­sas gran­des, sí que ten­go to­da la pa­cien­cia del mun­do. Soy muy pa­cien­te y to­le­ran­te con la gen­te, por ejem­plo. Có­mo son y ac­túan. Soy muy ac­cep­ting con la gen­te en general. Siem­pre me acu­san de per­mi­tir que al­gu­nas si­tua­cio­nes du­ren de­ma­sia­do tiem­po. Pe­ro a mí me gus­ta to­mar­me mi tiem­po an­tes de de­ci­dir, so­bre to­do en te­mas se­rios. Sin em­bar­go ja­más pue­do pe­dir co­mi­da por te­lé­fono. No soy ca­paz de es­pe­rar en hold a que me atien­dan. Cuel­go y que lla­me otro por mí. [Ri­sas]

—Vas a rit­mo ace­la­ra­do, co­mo bue­na New Yor­ker.

—¡To­tal­men­te! Es que pien­so: “va­mos, va­mos, que ten­go que lle­gar a ca­sa a es­tar con mi ni­ños”. —Tra­ba­jas du­ro y lar­gas ho­ras. ¿Aca­so to­mas va­ca­cio­nes?

—Las pri­me­ras va­ca­cio­nes que he to­ma­do en más de sie­te años fue­ron a Pa­rís al co­mien­zo de es­te año. Le men­cio­né a Alex [Ro­drí­guez] que no ha­bía te­ni­do un break des­de ha­ce tan­tos años y—co­mo si fue­se un milagro—apa­re­cie­ron seis o sie­te días li­bres en mi ca­len­da­rio entre mis pro­yec­tos y mi re­gre­so a Ve­gas con mi re­si­den­cia. Pe­ro no he si­do bue­na ami­ga de las va­ca­cio­nes. ¡Aho­ra no pue­do pa­rar de pen­sar cuán­do se­rán las pró­xi­mas!

—Es­tás atra­ve­san­do un mo­men­to muy dulce en tu vi­da y es ob­vio. Pa­re­ce­ría que in­ten­tas “ata­car” to­dos los sen­ti­dos de tus fans con ca­da post. La au­di­ción con tus sen­ci­llos “Ni tú ni yo” con Gen­te de Zona, y “Amor, amor, amor” jun­to a Wi­sin, la vis­ta con tus im­pre­sio­nan­tes atuen­dos, el tac­to y el ol­fa­to con tus mar­cas de ro­pa y per­fu­mes… Nos fal­ta el gus­to. ¿Eres bue­na co­ci­ne­ra?

—I lo­ve to cook! En mi ca­sa se ríen de mí por­que cuan­do co­cino es co­mo una es­ce­na de The God­fat­her: ‘let’s talk about the bu­si­ness, let’s talk about the fa­mily.’ [Ri­sas] To­do mien­tras voy pre­pa­ran­do mi sal­sa. Amo co­ci­nar. ¡Y soy muy bue­na chef! Pue­des pe­dir­les re­views a mi familia.

«No es­toy aquí para ser per­fec­ta. es­toy aquí para ser sim­ple­men­te mi me­jor ver­sión, con to­do lo que eso im­pli­que»

—Y con una co­ci­na tan her­mo­sa en tu ca­sa de Ham­ptons, ¿te gus­ta co­ci­nar para los amigos? —[Agra­dez­co los do­min­gos] en ca­sa con mis hi­jos y que ven­ga mi pa­pá a co­mer. Mi ca­sa siem­pre es­tá lle­na de fa­mi­lia­res y amigos. Y mu­cha co­mi­da bo­ri­cua.

—Mien­tras ha­cía­mos las fo­tos en tu ca­sa, hi­cis­te un co­men­ta­rio muy tierno que ca­si nos pu­so a llo­rar a to­dos. Di­jis­te que és­ta es la ca­sa con la que siem­pre so­ñas­te y que tu bi­ci­cle­ta fue un re­ga­lo de Alex para que pu­die­ses dis­fru­tar de tu reali­dad. ¿Eres emo­cio­nal?

—Sí lo soy y mu­cho. Ha­ber cre­ci­do en Nue­va York, en el Bronx, en Feat­her­bed La­ne y Tre­mont Ave­nue, en vi­vien­da pú­bli­ca, es el re­cuer­do más pre­cia­do de mi ni­ñez. Una familia de cin­co en un apar­ta­men­to de dos ha­bi­ta­cio­nes. Dor­mía en el mis­mo cuar­to con mis dos her­ma­nas [Lyn­da y Les­lie] y mis pa­pás en el cuar­to del la­do. Cuan­do me mu­dé a Man­hat­tan y em­pe­cé mi ca­rre­ra co­mo bai­la­ri­na pro­fe­sio­nal, can­tan­te y ac­triz fue que co­no­cí otro mun­do; el otro la­do de Nue­va York. Por eso mi pri­mer dis­co se lla­ma On the 6, que era el tra­yec­to dia­rio del tren que me lle­va­ba des­de el Bronx has­ta la ciu­dad y para mí era co­mo ir a la Lu­na. ¡Era tan le­jos! [Ri­sas] Co­mo otro pla­ne­ta. Es­to me abrió los ojos a to­do lo que me que­da por des­cu­brir en el mun­do. Iba a par­ties en los Ham­ptons con vein­te y tan­tos años y pen­sa­ba: what the heck! ¿La gen­te vi­ve así? ¿Qué es es­to?

—Y pen­sa­bas: ¿Qué ten­go que ha­cer para lle­gar has­ta aquí?

—Nun­ca pen­sé así, la ver­dad. Es­ta­ba fe­liz sien­do la chi­ca de las bo­tas de com­ba­te y los jeans ro­tos, bai­lan­do siem­pre. Pe­ro re­cuer­do que cuan­do tu­ve mis co­co­nuts [co­mo ca­ri­ño­sa­men­te se re­fie­re a Em­me y Max] di­je: ‘es tiem­po de te­ner la ca­sa de mis sue­ños, en los Ham­ptons’. Ese si­tio al cual va­mos to­dos los ve­ra­nos a crear his­to­rias y re­cuer­dos. No sé, me pa­re­cía muy ro­mán­ti­ca la idea, so­bre­to­do des­pués de ha­ber pa­sa­do por un di­vor­cio tan di­fí­cil. Me de­ci­dí a ha­cer­lo. Me veía co­mo Dia­ne Kea­ton en So­met­hing’s Got­ta Gi­ve. Era una idea ton­ta, pe­ro pen­sa­ba ‘por si aca­so no me ca­so de nue­vo y me que­do so­la, al me­nos ten­go mi ca­sa her­mo­sa y se­ré fe­liz ahí en los Ham­ptons y mis hi­jos ma­ra­vi­llo­sos que­rrán ve­nir a vi­si­tar­me to­do el tiem­po cuan­do sea vie­ja por­que aman esta ca­sa y to­dos los re­cuer­dos que crea­mos jun­tos ca­da ve­rano cuan­do eran pe­que­ños’. Ne­ce­si­ta­ba te­ner un sue­ño nue­vo, una ilu­sión. Por eso la com­pré. Esta ca­sa sim­bo­li­za tan­to para mí… Siem­pre di­je que me com­pra­ría una bi­ci­cle­ta y co­lec­cio­na­ría som­bre­ros gran­des para po­nér­me­los cuan­do sea ma­yor, co­mo si no me los pu­sie­ra aho­ra… [Ri­sas] Me es­toy pre­pa­ran­do para cuan­do sea una se­ño­ra ma­yor ex­cén­tri­ca, di­ri­gien­do pe­lí­cu­las o es­cri­bien­do li­bros. Lo gra­cio­so es que esa se­ño­ra es quien soy aho­ra mis­mo. A TU LA­DO

—Quie­nes han te­ni­do el pla­cer de ver All I Ha­ve [en es­ce­na nue­va­men­te es­te oto­ño] en Las Ve­gas sa­ben que eres una mujer di­ver­ti­da, que te gus­ta pa­sar­lo bien.

—El show es el re­ga­lo per­fec­to para que va­yan en gru­po, entre ami­gas a ver­lo. La can­ción “Po­qui­to de tu amor” tam­bién tie­ne ese vi­be. Creo que es lo que más me gus­ta de esta pro­duc­ción, que es mú­si­ca fe­liz, in­clu­so las ba­la­das te ha­cen son­reír. Eso es gra­cias a Marc [Ant­hony] y la ma­ne­ra en que siem­pre gra­ba y pro­du­ce sus dis­cos. Para él la can­ción tie­ne que fun­cio­nar pri­me­ro sólo con piano, co­mo ba­la­da. Par­te de esa pre­mi­sa in­clu­so cuan­do ha­ce sus dis­cos de sal­sa, por­que una bue­na le­tra se sos­tie­ne ca­si so­la. Lue­go Marc las gra­ba co­mo sal­sa y de ahí, pa­sa­mos a bus­car el me­jor rit­mo para mí, para mi ál­bum.

—Tu nue­vo ál­bum es ecléc­ti­co. —Yo sé. Y lo que más que me gus­ta es que se tra­ta de mú­si­ca fe­liz,

di­ver­ti­da, in­clu­so en las ba­la­das co­mo “Él”.

—Es una can­ción tris­te, pe­ro can­tas co­mo con re­bel­día, pe­ro sin co­ra­je. Co­mo quien no al­ber­ga ren­co­res y entiende que las co­sas pa­san co­mo de­ben pa­sar. ¿Es­tás lis­ta para sol­tar, para apren­der de las lec­cio­nes del pa­sa­do?

—Creo que esa es la me­jor for­ma de des­cri­bir a la per­so­na que can­ta en es­te dis­co. Es que lo que es­tá para uno, es de uno y to­do lo de­más hay que de­jar­lo ir si no sir­ve. ¡Y apren­der y no pe­lear! Y no que­dar­te en ese lu­gar que te ha­ce in­fe­liz. Cuan­do gra­bé el sen­ci­llo de “Por pri­me­ra vez” con Kany [Gar­cía] su­pe qué ti­po de his­to­ria que­ría con­tar con es­te pro­yec­to. Vino con su gui­ta­rra, nos co­no­ci­mos y fue ma­gia.

—No tie­nes mie­do a apren­der de otros. En es­te dis­co co­la­bo­ras con va­rios gran­des de la mú­si­ca la­ti­na. ¿Có­mo de­ci­des con quién quie­res tra­ba­jar?

—I al­so ne­ver want to get stuck! Quie­ro es­tar siem­pre don­de es­té la me­jor mú­si­ca en ese mo­men­to. Tra­ba­jar con ar­tis­tas nue­vos e in­no­var con quien sea que ten­ga ‘el rit­mo del mo­men­to’. Lo que me emo­cio­na de ser ar­tis­ta es la crea­ción cons­tan­te, pro­bar al­go nue­vo. Marc me pre­gun­tó con quién que­ría tra­ba­jar esta vez y di­je: ‘con Nicky Jam’ sin pen­sar­lo. Me gus­ta su me­lo­día. Marc me di­jo ‘es­pe­ra que lo lla­mo aho­ra mis­mo’ y así se dio “A tu la­do”.

—Es­tá cla­ro que no ol­vi­das tus raí­ces. ¿Pre­fie­res can­tar en es­pa­ñol?

—No es un se­cre­to que me sien­to más có­mo­da ha­blan­do en in­glés que en es­pa­ñol. Pe­ro amo can­tar en es­pa­ñol por­que es más ro­mán­ti­co. Es el idio­ma de mis pa­sio­nes y ser apasionada es una par­te tan in­te­gral de mi ser. El es­pa­ñol me cuen­ta al oí­do co­sas que no me pue­de con­tar el in­glés. Ade­más, sien­to que can­to me­jor en es­pa­ñol que en in­glés. Al fi­nal, to­dos va­mos por la vi­da in­ter­pre­tan­do una can­ción. “Ni tú ni yo” es una can­ción muy di­fí­cil de can­tar pe­ro sien­to gran atrac­ción por los im­po­si­bles. Por­que soy un ser mu­cho más com­ple­jo hoy de lo que era an­tes. Me en­can­tan las can­cio­nes co­mer­cia­les, las que pe­gan y son hits,

pe­ro quie­ro es­tar en­fo­ca­da más en la his­to­ria que quie­ro con­tar en ese mo­men­to. Si es di­fí­cil, más la quie­ro can­tar. —Siem­pre ve­mos que tus hi­jos Max y Em­me van con­ti­go a to­das par­tes. ¿Qué sig­ni­fi­ca para ti ser ma­má sol­te­ra?

—Mis hi­jos son lo más ma­ra­vi­llo­so que me ha pa­sa­do en la vi­da. Le pre­gun­té a Em­me si que­ría ser par­te de es­te photo shoot y me di­jo: ‘¿para quién son las fo­tos?’ Le di­je que para HOLA!. Y acep­tó. [Ri­sas] Me gus­ta co­ci­nar­les y que ten­gan la ca­sa siem­pre lle­na de fa­mi­lia­res. MÍRATE

—Has he­cho in­tros­pec­ción y te sien­tes cen­tra­da. Te ve­mos fe­liz y en una re­la­ción es­ta­ble con Alex Ro­drí­guez. ¿Tam­bién es­tás enamo­ra­da por pri­me­ra vez? —Es­toy en una re­la­ción lin­da. Y sien­to que es la pri­me­ra vez—creo que en to­da mi vi­da— que pue­do de­cir es­to. No quie­re de­cir que no ha­ya te­ni­do re­la­cio­nes lin­das an­tes, o que no ha­ya ha­bi­do amor. To­das es­tu­vie­ron lle­nas de amor y aven­tu­ras, pe­ro esta es la pri­me­ra re­la­ción en la que am­bos ha­ce­mos me­jor al otro. Nos com­ple­men­ta­mos mu­chí­si­mo. Es­to es amor pu­ro y real. Ese de­seo de apo­yar a la otra per­so­na y que eso te ha­ga fe­liz… Hay un sen­ti­do de des­pren­di­mien­to, de amor in­con­di­cio­nal en esta re­la­ción que la ha­ce ver­da­de­ra­men­te her­mo­sa, di­fe­ren­te, ¡y sa­lu­da­ble! —Y se les ve que jun­tos tie­nen un es­ti­lo de vi­da sa­lu­da­ble.

—Mi re­la­ción y mi vi­da con Alex es muy sa­lu­da­ble. Los dos que­re­mos es­tar en salud por­que te­ne­mos hi­jos y que­re­mos ser su me­jor ejem­plo. It’s really ni­ce, it’s really dif­fe­rent.

—Se ve en ca­da foto, en ca­da ví­deo que posteas. La gen­te sa­be cuan­do al­go es au­tén­ti­co.

—Alex y yo nos res­pe­ta­mos mu­cho. Nues­tras his­to­rias son muy pa­re­ci­das, nues­tros co­mien­zos. Los dos he­mos lo­gra­do to­do con mu­cho es­fuer­zo y tra­ba­jo y he­mos pa­sa­do mu­chos mo­men­tos du­ros que nos han he­cho ser más fuer­tes y me­jo­res. Pe­ro no ha si­do na­da fá­cil triun­far. No he­mos de­ja­do que na­da nos tum­be. Nos pa­re­ce­mos mu­cho por­que ja­más nos de­ja­mos ven­cer y que­re­mos ser me­jor per­so­nas ca­da día. Alex ama tra­ba­jar tan­to co­mo yo. Te­ne­mos la mis­ma éti­ca y eso me en­can­ta.

—No es coin­ci­den­cia que am­bos sean New Yor­kers, sien­do esta la que mu­chos lla­man la ciu­dad de la ex­ce­len­cia. —Tra­ba­ja­mos y vi­vi­mos con esa ac­ti­tud. No im­por­ta a dón­de va­ya, ese de­seo de ex­ce­len­cia lo lle­vo conmigo. Siem­pre se­ré del Bronx. Soy puer­to­rri­que­ña y eso es quién soy, lo que soy y lo que lle­na mi co­ra­zón de or­gu­llo.

Arri­ba, Jen­ni­fer nos re­ga­la un her­mo­so re­tra­to en la co­mo­di­dad de la te­rra­za de su in­creí­ble man­sión. Iz­quier­da, su nue­vo ál­bum dis­co­grá­fi­co “Por Pri­me­ra Vez”, que in­clu­ye el éxi­to mun­dial “Ni Tú Ni Yo”.

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