Fran­cis­co To­le­do: ‘El ar­tis­ta tie­ne que ser él mis­mo y no se­guir a un maes­tro’

La Nacion (Costa Rica) - Ancora - - Noticias - Do­riam Díaz [email protected]­cion.com

El ar­tis­ta me­xi­cano Fran­cis­co To­le­do no acom­pa­ñó su ex­po­si­ción a Cos­ta Ri­ca; sin em­bar­go, lo­gra­mos con­ver­sar, vía te­le­fó­ni­ca, con él que se en­cuen­tra en su ho­gar en Oa­xa­ca. De es­ta for­ma nos acer­car­nos bre­ve­men­te a su uni­ver­so, su for­ma de ver el arte a los 78 años y el tra­ba­jo que rea­li­za ac­tual­men­te.

–¿Por qué es­te in­te­rés por las fá­bu­las de Eso­po? ¿Qué apor­tan en es­te mo­men­to his­tó­ri­co?

–Han apor­ta­do a to­das las cul­tu­ras por­que han si­do tra­du­ci­das a to­das las len­guas. Es­tas fá­bu­las vie­nen de an­tes de Cris­to y han te­ni­do una gran in­fluen­cia en to­das las cul­tu­ras don­de se han tra­du­ci­do.

”Yo las leí por el amor a los ani­ma­les que ten­go, mu­chas ve­ces sin en­ten­der­las por com­ple­to en su mo­men­to. Por ejem­plo, hay una fá­bu­la de un león viejo, que los ani­ma­les mal­tra­tan, pues aho­ra que ya es­toy viejo, creo que soy co­mo ese león: los jó­ve­nes pin­to­res me mal­tra­tan (ríe)... –¿Su in­te­rés en es­tas fá­bu­las na­ce de la po­si­bi­li­dad de po­der tra­ba­jar con las imá­ge­nes de los ani­ma­les?

–Sí, sí, to­da mi obra es­tá mar­ca­da por ese in­te­rés ha­cia los ani­ma­les. De ni­ño, vi­vi­mos el cam­po. No­so­tros vi­vía­mos en­tre dos mun­dos: en el ist­mo de Tehuan­te­pec, del la­do del Pa­cí­fi­co me­xi­cano, ese la­do oa­xa­que­ño don­de ha­bía cam­pe­si­nos, pes­ca­do­res; era una vi­da di­fe­ren­te. Lue­go, mis pa­dres mi­gra­ron ha­cia el otro la­do del ist­mo, que es el gol­fo de Mé­xi­co, al es­ta­do de Veracruz; era un mun­do un po­co más mo­derno, di­ga­mos. Ha­bía avión y fe­rro­ca­rril pa­ra sa­lir de allí; en cam­bio, del la­do oa­xa­que­ño era más po­bre. Am­bos eran igual de in­tere­san­tes: el la­do más tra­di­cio­nal oa­xa­que­ño y, por el otro, el mo­derno de los po­zos pe­tro­le­ros, de los trans­por­tes, los li­bros y más in­for­ma­ción de lo que pa­sa­ba. –¿Los ani­ma­les se con­vier­ten en me­tá­fo­ra de la hu­ma­ni­dad?

–Pues sí, los hu­ma­ni­za­mos. Creo que a los ani­ma­les no les ha de gus­tar mu­cho por­que so­mos peor que lo que le atri­bui­mos a la hie­na o al león o al ja­guar; so­mos to­da­vía más de­pre­da­do­res. Los ani­ma­les co­men cuan­do tie­nen ham­bre, en cam­bio el hom­bre des­tru­ye to­do a su al­re­de­dor y ma­ta no so­lo pa­ra co­mer, sino a ve­ces por el pu­ro gus­to de ma­tar. – ¿En qué tra­ba­ja ac­tual­men­te? ¿Có­mo es se­guir tra­ba­jan­do des­pués de tan­to lo­gra­do, de tan­tos re­co­no­ci­mien­tos?

–Es­toy, co­mo di­cen, en las úl­ti­mas ya. Si­go tra­ba­jan­do pa­ra dis­traer­me, pa­ra pro­cla­mar la vi­da, pa­ra pagar los pro­yec­tos que te­ne­mos, co­mo la edi­to­rial que ha­ce li­bros, re­vis­tas y ma­te­rial di­dác­ti­co pa­ra las es­cue­las. No ven­de­mos mu­cho nues­tros li­bros, pe­ro hay que ha­cer­lo por­que es una apor­ta­ción. Hay que tra­ba­jar to­da­vía a pe­sar de la edad.

”Aho­ra, ten­go una ex­po­si­ción de au­to­rre­tra­tos en Mé­xi­co. Yo me fo­to­gra­fío así viejo y los ha­go a par­tir de es­to: con mis bar­bas ya ca­no­sas, mis arru­gas y to­da la trans­for­ma­ción que he te­ni­do”. –¿Qué po­si­bi­li­da­des le han da­do es­tos au­to­rre­tra­tos re­cien­tes?

–Bueno, lo he he­cho en va­rias épo­cas de mi vi­da, así que es co­mo se­guir el de­te­rio­ro, los cam­bios que hay con las eda­des, con la vi­da que uno ha lle­va­do: las arru­gas, las ca­nas y de­más. Es un te­ma más. Con es­tos au­to­rre­tra­tos que hi­ce, ya ter­mi­né ese in­te­rés por mí mis­mo, por mis arru­gas, por mis ca­nas; ese in­te­rés lo bo­rro y voy a otra co­sa. –¿Qué otros te­mas es­tá tra­ba­jan­do? Sé que us­ted no pa­ra...

–Tra­ba­jo muy rá­pi­do, en­ton­ces pa­re­ce que tra­ba­jo mu­cho, pe­ro no es tan­to. Es­toy pre­pa­ran­do una ex­po­si­ción aquí en Oa­xa­ca. Tra­ba­jo mu­chas co­sas y no las ter­mino; en­ton­ces, me sa­le una ex­po­si­ción y me apre­su­ro a con­cluir­las. Es­toy ter­mi­nan­do al­gu­nas co­sas pen­dien­te y que pen­sa­ba que iban a dar­me mu­chas po­si­bi­li­da­des de ha­cer al­go nue­vo. Por ejem­plo, aho­ri­ta es­toy ha­cien­do obras que tie­nen que ver con pei­nes y pe­los. Es­to na­ce por­que es­te ar­tis­ta ale­mán que me gus­ta mu­cho, Al­ber­to Du­re­ro, de­jó un po­co de pe­lo a su alumno fa­vo­ri­to; ese ca­be­llo se con­ser­va. Él se re­tra­tó con mu­chos ca­be­llos. Aque­llo fue co­mo pa­sar­le la es­ta­fe­ta pa­ra que si­guie­ra el ca­mino. Yo em­pe­cé a ha­cer eso pen­san­do en Du­re­ro y en su alumno; com­pré pei­nes, los pe­gué en un car­tón, usé pe­los de pe­lu­cas, hi­ce di­bu­jos de pe­los… –¿A quién le va a dar us­ted la es­ta­fe­ta: uno de sus me­cho­nes?

–( Ríe) Un me­chón de pe­lo. Nah, ya no ten­go pe­lo. Creo que son tan po­cos que ya no le van a tocar a na­die (ríe). No quie­ro te­ner alum­nos o una es­cue­la. El ar­tis­ta tie­ne que ser él mis­mo y no se­guir a un maes­tro: “hay que ma­tar a los maes­tros” (sim­bó­li­ca­men­te). Así que no hay es­ta­fe­ta. –¿Qué cer­te­zas le que­dan lue­go de es­ta vi­da de­di­ca­da a di­fe­ren­tes ex­pre­sio­nes del arte? ¿Qué le ha de­ja­do?

–Me ha per­mi­ti­do vi­vir de mi tra­ba­jo; ha­cer pro­yec­tos so­cia­les, co­mo bi­blio­te­cas, ca­sas de cul­tu­ra y edi­cio­nes de li­bro… Sí me ha ser­vi­do ha­ber ga­na­do al­go de di­ne­ro. En lo po­lí­ti­co, he­mos tra­ta­do ha­cer de Mé­xi­co y de nues­tro Es­ta­do al­go más de­mo­crá­ti­co, pe­ro es­to no cam­bia tan­to co­mo uno qui­sie­ra. Aho­ra que ya vie­nen otras ge­ne­ra­cio­nes, ojalá lo ha­gan me­jor que lo que no­so­tros lo in­ten­ta­mos ha­cer. An­do pesimista acer­ca de lo que he­mos lo­gra­do po­lí­ti­ca­men­te. Soy, so­bre to­do, un ar­tis­ta, un pin­tor.

Tra­ba­jar y tra­ba­jar. “Si­go tra­ba­jan­do pa­ra dis­traer­me, pa­ra pro­cla­mar la vi­da, pa­ra pagar los pro­yec­tos que te­ne­mos, co­mo la edi­to­rial que ha­ce li­bros, re­vis­tas y ma­te­rial di­dác­ti­co pa­ra las es­cue­las”.

RA­FAEL PACHECO.

El maes­tro hi­zo un vi­deo pa­ra ex­pli­car el gra­ba­do, sus téc­ni­cas y he­rra­mien­tas.

RA­FAEL PACHECO.

Los cua­tro bue­yes (2013): agua­fuer­te, agua­tin­ta al azú­car.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Costa Rica

© PressReader. All rights reserved.